TOMO IV
 
 
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TOMO II
TOMO III
     


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Y DALE CON EL FIN DEL MUNDO
Una notable matrona de esta ciudad me ha llamado por teléfono para decirme que ella no cree en lo absoluto en el fin del mundo, pero sí en el mensaje de Lucia, la famosa monja de Fátima que dizque le mandó una carta supersecreta al finado Juan XXIII conteniendo el mensaje de la Virgen. Dicen que al abrir la carta, muy en privado y con la curiosidad y el temor que son de esperarse en esta clase de acontecimientos, al Papa se le nubló el rostro de un halo de misterio por la impresión recibida comenzó a rezar que parecía una ametralladora y no era para menos. ¿Qué podía contener tan importante mensaje?. Alguna noticia catastrófica, la suprema, la mayor, el fin del mundo. Pero todo esto es simple conjetura porque el pontífice jamás comunicó lo leído y no hay razón para asustarse.

Mi amigo Jacoibo Cohén, judío á carta cabal y gran conocedor de los misterios de la Cábala me ha asegurado que el mundo se acabará en el año 2897. ¡Ah, menos mal, aún falta mucho! pero no es así, porque los judíos andan por el año dos mil y pico y quedaría muy poco. Para el asunto no es tan fácil, porque la Cábala al hablar del fin del mundo no se refiere al final del planeta o de la vida humana, sino al de una era, que dará inicio a otra mejor más justa y en consecuencia más humana que la actual. Al respecto la Cábala concuerda con la Teoría Zodiacal que ha calculado que la actual era terminará el año 2036, dando lugar a otra donde los hombres serán libres y justos.

San Malaquías, en cambio, como buen monje irlandés del medioevo, fue más misterioso y s01o se atrevió a dar un listado de lemas, uno para cada Papa, hasta el último de todos que será Pedro II el Romano. Esta lista está por terminarse y muchos han creído por ello que se acabará el mundo, cuando en realidad de verdad eso no lo dijo el santo. Parece que con Pedro II se iniciará el ecumenismo de las religiones en el mundo o se terminará el siglo XX.

Esto del fin del mundo tiene piola para rato porque no hay tema que sea más apasionante para las mentes calenturientas e imaginativas, numerosísimas por cierto. También es verdad que en ciertos estados de conciencia o a través de diversas enfermedades del sistema nervioso, algunos cristianos han creído poder conectarse con seres raros venidos de otros planetas, "Extraterrestres" les llaman, que lanzan mensajes telepáticos con noticias del futuro, como que ellos están en otras dimensiones y todo lo ven y conocen. Diariamente periódicos y revistas del mundo avisan sobre estos mensajes. Unos son conducidos fuera de la Tierra a otras latitudes, como lo que le sucedió al que se fue a una de las lunas de Júpiter, la sin igual Ganímedes. Otros perdieron la conciencia y se encontraron de golpe y porrazo dentro de un platillo volador. Tampoco han faltado los que se metieron en una cueva y hallaron misteriosas civilizaciones nunca antes conocidas. Para estos amigos un consejo, escriban sus experiencias y logren fama literaria, que en esto del boom literario el tema de los extraterrestres es muy manoseado. Aquí en el Ecuador ya tenemos varias novelas del género, algunas de primera clase.

Las novelas de viajes a mundos y tierras raras no son nuevas. Marco Polo comenzó la serie cuando visitó las tierras del Gran Khan y regresó con vida para referir sus peripecias, iniciando una etapa de penetración al oriente profundo: Persia, India, Catay y Sipango y fue imitado por los portugueses, establecidos en Goa y Macao y por los jesuitas que con San Francisco Javier entraron al Japón. En otras direcciones también se movieron los aventureros. Numerosos evangelizadores polacos y lituanos viajaron a Moscovia y al Mar Negro, otros llegaron por el Norte a la península escandinava, entonces poco conocida. Mientras tanto la gente culta de Europa seguía creyendo que los hombres y mujeres de esas apartadas regiones del globo eran diferentes y tenían deformaciones muy raras.

Cuando Magallanes dio la vuelta al mundo, que fue concluida por Elcano, se probó que la Tierra era redonda y no existían seres raros. Sin embargo, aún mucho después se seguía hablando de ellos y cuando un viajero se topó en el Sur de América con varios indios muy altos y con pies grandes, los Patones, se inició la leyenda de los gigantes.

Así pues, con algo de imaginación y mucho de credulidad, se puede afirmar la mayor fantasía como si fuere cosa cierta y probada. No es por tanto difícil que hayan gentes que crean en el cercano fin del mundo o en entrevista con gente de otras galaxias, como si fuere asunto rápido el viajar varios años luz por el éter sin detenerse, para llegar a otras estrellas que se suponen habitadas.

Sin embargo una lectora amiga me ha hecho ver que nuestra civilización puede terminarse con una guerra nuclear y en esto está en lo cierto. Al perecer la gente, a causa de la radiación quedaría reducida a unos cuantos sobrevivientes, pero en condiciones tan precarias que tendrían una larga noche medieval, como ocurrió cuando los bárbaros entraron por los Alpes y el Danubio y asolaron las ricas comarcas del Sur. Eso fue el fin del Imperio Romano y el fin de toda una era, pero el mundo renació de entre las cenizas y aunque le tomó muchos siglos avanzar hacia nuevos focos de luz, lo hizo tan bien, que ahora podemos mirar a los antiguos romanos en forma por demás optimista, porque hemos logrado superarlos en casi todos los ramos de las ciencias y las artes.

El fin de una civilización no es nada nuevo, cada civilización nace, crece y muere y la nuestra —occidental y cristiana— tuvo su lejanísimo comienzo en Alejandría, la ciudad helénica del mediterráneo oriental, según afirma Oswaid Spengler. ¿Qué nos deparará el futuro? Sin lugar a dudas muy serios problemas, de todo orden y naturaleza, pero si el hombre ha surgido de la nada, de la caverna, donde se guarecía en sus comienzos, nada le detendrá ahora que tiene en sus manos enormes poderes, y tan grandes que hasta cambia a los elementos de la naturaleza. Seamos optimistas, pensemos y actuemos sin coacción ni temor.

Abajo los sabidos que quieren asustarnos con el fin del mundo.