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TOMO III
     


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VERSITOS, LUJURIA Y ARROZ CON CHANCHO
Un vejete amigo mío me ha contado lo siguiente de sus tiempos de vicentino, allá por los años 20. Entonces el colegio funcionaba en lo que hoy es el correo y el alumnado era mixto. Los profesores muy "fregados" y el que no sabía se quedaba de año. Entre los más molestosos se encontraban don Jorge Wagner Gilbert de Matemáticas; don Pepe Freile Larrea de Física, y don Melquíades Morales de Geometría y era de ver cómo dejaban de año. Así pues, la muchachada decidió desquitarse, con los siguientes versitos:

El de Wagner y Freile.- Cuentan de Wagner que un día / tan pobre y molesto estaba / y en los lamentos que daba / se puso a pensar un rato / ¿Habrá otro, para sí, decía / Tan fregado como yo? / Y cuando su faz volvió / halló la respuesta viendo / que Freile iba suspendiendo / los pocos que él aprobó . . . /.

El de Morales era tonto e injusto.- En la parroquia del Morro / para mal de nuestros males / nació Melquíades Morales / como la fuente de un chorro . . . / como de la vaca el ternero, / como de perra el cachorro.

Después de las clases vespertinas los alumnos se desparramaban en distintas direcciones. Algunos se iban a Chanduy y Aguirre donde funcionaba en una carpa esquinera un teatro popular de Guillermo Cabezas Pérez (a) William Head, que estrenó la obra de 10 cuadros vivos tituladas "Lujuria". La entrada costaba un sucre y dentro de la carpa había un tosco escenario con numerosas sillas de tijera. La obra era simple, cada cuadro tenía su moraleja y constaba de figuras inmóviles, que cobraban vida al abrirse el telón, los diálogos eran medio picantes y las escenas moralistas. Este primitivo teatro tenía mucho de guiñol. En una de esas escenas aparecía una mujer desnuda, puesta de lado e inmóvil y dos viejos conversaban diciendo: "No asistas con damas a la representación de "Lujuria" porque se agota tu decrépita humanidad". Esto ocurría en los años 25 al 30 y "Lujuria" solo pudo presentarse una semana, porque fue clausurado el teatro por el Intendente Geo Chambers Vivero que no soportó tamaño escándalo. Un verdadero desacato para la sociedad de entonces.

Para la época de exámenes los muchachos del Vicente se reunían en determinadas casas a estudiar. Como las veladas se prolongaban hasta altas horas de la madrugada, las madres de familia brindaban café con roscas o chocolate con biscochuelo, según las posibilidades. De las tinajas curadas con cascaras de maduro asadas y después vueltas a meter al homo, para darles mayor brillo y porosidad, sacaban agua limpísima que mejoraban con gotas de limón. Esta bebida era muy refrescante y no había nada más porque las colas eran difíciles de conseguir y no se acostumbraba beberías. A eso de las nueve de la noche un bolón de verde y quizá un pedazo de carne asada completaban el brindis estudiantil. La cuajada y el maduro podían también servirse. Eran tiempos de comida criolla, no como ahora que todo es diferente.

Entonces se acostumbraba servir "arroz con chancho", es decir, arroz amarillo por el achiote, arvejas y trocitos de carne de chancho que le daba una melosidad especial. Tan popular comida guayaquileña cobró mala fama y ahora hasta se presta a burlas. ¿Te gusta el arroz con chancho? por lo siguiente: Había en Guayaquil un serrano llamado Gualberto que puso una fonda en Ballen y Pedro Moncayo, en los extramuros de entonces, pero la fonda se acreditó enseguida por el arroz con chancho que allí se preparaba, tan sabroso y aseado, que hasta lo mandaban a comprar desde el centro, en cómodas portaviandas.

Un día hubo un crimen en la fonda y salió a la luz pública que Gualberto era del otro equipo y que sus amigos que lo visitaban recibían de premio, ¿Qué creen ustedes . . . ? pues nada menos que un plato de arroz con chancho, de donde le quedó la triste fama a tan apetitoso potaje criollo, que ahora ya ni se conoce. .

De esa época vicentina recuérdase cuándo Demetrio Aguilera Malta, entonces muchachito de no más de 16 años, fue pillado en los corredores altos del edificio dándole un cándido beso en la mejilla a una de sus compañeras. ¡Gravísimo escándalo! Bochorno mortal para el colegio y sus alumnos, tronaron los inspectores o bedeles, entre los que figuraba el sordo Blas Toribio Torres, a .quien yo conocí en 1952, ya viejecito, achacosísimo y más sordo que nunca.

El "culpable" fue conducido al rectorado donde recibió una expulsión de 7 días y regresó con su representante y la estudiante, una reprimienda de padre y señor nuestro y la condición de que no volviera a repetir el beso, por lo menos, en el interior del plantel.

También recordaba mi vejete amigo cuando se iban con dirección al mercado sur y entre varios compañeros hacían vaca de a medio, para reunir un sucre, precio de un saquillo de mangos de chupar recién llegados de Daule. El saquillo a de haber contenido siquiera unos 200 mangos, amarillos y dulcísimos, que los vicentinos despachaban cómodamente sentados en el malecón y frente a la ría, en alegre jolgorio. A esta operación gastronómica se la denominaba "Ir a cascarear al río" porque las cascaras se arrojaban al agua.

Otros mas avispados iban al cerro del Carmen donde las ciruelas eran gratuitas y buenos atracones que se pegaban. Yo alcancé algo de esos tiempos. En 1949 me hice la pava con algunos compañeros del Colegio Internacional del señor Joaquín Litz y nos largamos al Santa Ana, de allí pasamos al otro cerro, que siempre tuvo mejores y más abundantes "obos" y poco faltó para que nos diera un empacho. Lamentablemente al regresar a casa cada expedicionario se encontró con su papá que habían sido avisados del Colegio y gran tunda. Esa "pava" trajo cola porque se necesitó rogar mucho para que nos vuelvan a aceptar en el plantel. El regreso fue de héroes, todos nos preguntaban los detalles de la huida y nosotros los agrandamos tanto que a poco se popularizaron las pavas por grupitos de 4 ó 5 para que el siempre celoso Sr. Litz no lo notara.