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UNA
NUEVA SOR MERCEDES
Acaba el Padre Hugo Vásquez
y Almazán de publicar la biografía de
Sor Mercedes de Jesús Molina, algunos de cuyos
capítulos ya conocíamos por haberlos
leído en diferentes periódicos del país.
Este libro constituye el más valioso trabajo
histórico del padre Hugo y un intento de biografía
muy completo y actualizado con numerosos datos que
él ha podido obtener de recuerdos familiares
y documentos de archivos, a pesar de los años
que le separan de la época de Sor Mercedes,
tan distinta a la nuestra y sin embargo tan llena
de semejanzas.
En esta ocasión Sor Mercedes aparece un poco
más nítida que en la biografía
de Villafuerte, libro donde no existe la cabal comprensión
del pensamiento y la religiosidad de tan hermosa alma
que el padre Vásquez ha estudiado y sin embargo,
algo más hay en el libro del padre Hugo y voy
a intentar explicarlo.
Los hermanos Molina y Ayala, de tres de los cuales
se tienen noticias concretas, fueron personas especiales.
Miguel se dedicó a la agricultura y fue Sindico
de la Iglesia de Yaguachi, muriendo sin dejar descendencia.
Se le recuerda por su carácter caballeroso
y nada más. De Mercedes ya existen tres biografías
muy completas, por algo será ¿y de María
qué?. Esta María Molina y Ayala tan
batalladora, tan caza maridos, que cuando se le moría
uno encontraba otro enseguida, tan moderna en su forma
de ser y tan femenina en eso de amar siempre y de
criar hijos virtuosos y al mismo tiempo tan independientes,
amiga de dar fiestas, gustosa de vivir con cierto
boato y tan tajante en sus relaciones con Mercedes.
Pues ha de saberse que María era mujer de una
sola pieza, que amaba mucho a Mercedes pero que no
le perdonó en años el haberla dejado
para trabajar en un Orfelinato y viajar al oriente
a evangelizar a los jíbaros de Gualaquiza.
Esta María es el prototipo de la mujer guayaquileña
de todos tiempos, lástima que aún no
se haya encontrado su fotografía que debe ser
los interesantísima, mostrando a toda una real
hembra en el mejor sentido de la palabra. Femenina
y altiva, digna y sensual, inteligente, muy inteligente,
cariñosa muy cariñosa. Así debió
ser María Molina que hoy aparece nuevamente
en la historia chica de nuestra urbe, por hermana
de Sor Mercedes, Virgen del Rosal místico del
Guayas.
Que en una generación salgan dos voluntades
tan firmes como las de Mercedes y María es
cosa sumamente rara. ¿Qué sobrecarga
genética de inexplicable mecanismo permitió
este hecho, no originado es una simple coincidencia
sino en las leyes de la herencia que aún nos
son enteramente desconocidas?. Y si examinamos los
cuatro primeros apellidos de ellas, veremos que los
Molina nunca han mantenido rasgos peculiares o característicos
entre sus miembros, más bien son de distintos
temperamentos, de preferencia muy educados, gentiles
y poco excitables. Los Ayala en cambio han tenido
varias generaciones de intelectuales en la rama familiar
de Arcadio Ayala Campuzano, el feliz inventor de la
"Ayalina" y del "Listerol de Ayala"
así como técnico en la reforestación
de nuestras antiguas huertas de cacao. Escritores
y profesionales también ilustran esa familia,
siendo las más importantes de todas Aurora
Estrada y Ayala de Ramírez Pérez considerada
no sin razón como la voz más alta de
la poesía femenina ecuatoriana.
Los otros dos apellidos de las hermanas Molina y Ayala
son Arbeláez y Aguilar. Los Arbeláez
son de carácter fuerte y exaltado, rumbosos
y al mismo tiempo místicos, conflictivos y
de armas tomar. Los Aguilar no se quedan atrás,
en Cuenca han producido talentosos literatos y poetas
y gente de iglesia y es de notar que la familia del
Arzobispo Ordóñez Lazo por varonía
es Aguilar y que las damas de Baba y Cuenca tienen
por tronco común al Alférez Juan de
Aguilar, que casó con una Sánchez Morillo,
descendiente de conquistadores, así pues, la
carga genética de los Molina y Ayala es riquísima
por estos últimos apellidos Arbeláez
y Aguilar de donde necesariamente debió venirles
a Mercedes y a María sus características
psicológicas, llenas de matices, sin opacidades
ni subterfugios.
Otro asunto interesantísimo en la vida de Sor
Mercedes es su actuación al frente del Convento
y Casa Matriz de las Marianitas en Riobamba y cómo
ella, siendo la fundadora, aceptó la voluntad
del superior y delegó todas su funciones en
esa jovencita bella y genial que fue María
Estatira Uquillas, de tanto carácter y visión
comercial, tan férrea en sus determinaciones
como respetuosa de su querida Madre superiora. ¡Qué
feliz coincidencia que se hayan encontrado en el camino
de la vida dos personalidades tan diferentes y por
ende tan complementarias! de no haber ocurrido ello,
quizá las Madres Marianitas no hubieran podido
divisar la alborada de nuestro siglo, ni progresar
como lo han hecho hasta la presente fecha.
Sobre los carismas, facultades parasicológicas
y milagros de Sor Mercedes por ser tan conocidos no
cabría que emita opiniones o conceptos. Sin
embargo es muy loable que el Padre Hugo también
haya profundizado en el estudio de las causas físicas,
que no divinas, de tantos hechos raros y peregrinos
de esta Beata, para permitir a los neófitos
un mayor acercamiento a vida tan plagada de hechos
sobrenaturales y asombra que una mujer relativamente
frágil como Sor Mercedes haya soportado por
tantos años un régimen de ayunos y mortificaciones
que en poco tiempo liquidaría al más
fuerte hombronazo de esta época y a ella en
cambio, jamás perjudicó en lo más
mínimo. ¿Misterio de los santos?.
Vayan pues, al querido escritor y amigo, la felicitación
más sincera por su excelente obra y que nuevos
libros maticen su camino de triunfos para le mente
y el espíritu.
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