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TOMO III
     


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UN VERGONZOSO SAINETE ECONOMICO
Uno de los más absurdos y vergonzosos episodios de la historia nacional es el que voy a referir a mis lectores, no porque el Ecuador carezca de derecho a declarar la guerra al país que le venga en gana, sino por la forma como se nos obligó a hacerlo y las injusticias que se cometieron al amparo de dicha declaración.

Resulta que Alemania estaba en guerra con el mundo. Sus soldados combatían en el frente oriental ruso, habían conquistado Noruega, los Balkanes, los Países Bajos, gran parte de Francia y tenían en jaque a Inglaterra. El Mar Mediterráneo podía ser, considerado alemán, porque conjuntamente con Italia, su incondicional aliado, dominaba Libia y sus costas.

En el otro costado del mundo Japón mantenía su ejército imperial en China y había comenzado sus conquistas en Indochina y Malasia; Manchuria era suya desde 1937. En eso ocurrió el sorpresivo ataque contra la base naval de Pearl Harbor y los Estados Unidos entraron en la guerra, nivelándose la balanza mundial que hasta ese momento había sido favorable a las potencias del eje. Junto a los Estados Unidos, nuestros países hispanoamericanos entraron forzados a una conflagración que no era nuestra ni tenía por que serlo. Únicamente Argentina declaró la neutralidad.

Al día siguiente de Pearl Harbor Estados Unidos ocupó militarmente las Islas de Galápagos y Salinas y presentó al Presidente Arroyo del Río una formal solicitud para hacerlo. Fue, pues una invasión y una flagrante violación de nuestra soberanía.

Arroyo del Río era Fascista pero frente al conflicto y al abuso aunque algo amoscado, no tuvo más que entregar a los Estados Unidos, las Galápagos y Salinas sin siquiera chistar.

Así pues, el Ecuador desafió al poderío alemán y desde sus altas mesetas comenzaron a oírse enardecidos discursos y nada más. Era todo lo que podíamos hacer. Mientras tanto las autoridades norteamericanas dispusieron el cese de nuestras exportaciones a Europa y - aquí el truquito- nos fijaron precios topes para las materias primas, con el cuento de que este sacrificio era "nuestra cuota de guerra" para obtener la victoria. Los precios de estos productos se estancaron cuando justamente debían subir y la pobreza hincó aún más sus garras en el estómago de los ecuatorianos.

Pero allí no paró todo lo malo. La Cancillería quiteña se dedicó a conceder pasaportes y visas ecuatorianas a una gran cantidad de judíos que había logrado salir a tiempo de Alemania y no tenían donde estar; pero otros vivarachos traficantes internacionales que nada tenían que ver con la persecución nazi, obtuvieron el goce de una segunda nacionalidad, la ecuatoriana, que les permitió ampliar las redes de sus negocios sucios.

Por esos días a unos cuantos japoneses inofensivos los metieron presos y los mandaron a congelar a Riobamba, donde los pobres pidieron que los devuelvan a su “tiela”, lo que no sucedió.

En Cuenca, el régimen del Dr. Arroyo del Río permitió la creación de un campo de concentración para ciudadanos alemanes e italianos, que fueron internados "provisionalmente" detrás de las alambradas de púas que para el efecto se levantaron. ¡Y después dicen los judíos que ellos fueron los únicos que sufrieron tal martirio!. Junto a los alemanes e italianos soportaron la prisión sus esposas ecuatorianas y sus hijos casi todos nacidos en territorio nacional. Esta atroz y denigrante situación, contraria a todo principio legal y constitucional, se prolongó desde 1942 hasta 1944, año en que la mayor parte de estos compatriotas fueron llevados a vivir al desierto de Arizona, en campos de concentración especialmente preparados para ellos, donde sin embargo, justo es admitirlo, fueron tratados mejor y con mayores consideraciones que en su propia tierra el Ecuador.

Y como en toda situación no faltan los vivales, a alguien del gobierno se le ocurrió formar una llamada "Lista Negra" con ecuatorianos afectos a Alemania e Italia, con la cual jorobaron por espacio de más de tres años impidiéndoles trabajar y producir, condenándoles a vivir de la caridad del prójimo como parias, como leprosos, porque las gentes ni se les acercaban por miedo a los espías pagados por el consulado norteamericano, que delataban diariamente a los que conversaban o se saludaban con los de la "Lista Negra".

El régimen aprovechó la ocasión y metió en la "Lista Negra” a sus enemigos políticos, a los parientes y a los opositores que les caían antipáticos. Entraron pues, Sansón y los que no son, prestándose la afamada Lista a todo tipo de retaliaciones personales.

Los enlistados negros eran obligados periódicamente a concurrir a la sede del consulado norteamericano, ubicado en Malecón y 9 de Octubre, para rendir declaraciones juramentadas ante los señores cónsules, sobre cualquier asunto, por muy íntimo que fuere. ¡Cómo se habrán reído los gringos de nosotros!.

Para colmo se crearon las llamadas "cuentas congeladas" y fue su administrador — según recuerdo- el señor Alfonso Tous Enireb. Los dueños de esas cuentas bancarias no podían utilizar sus fondos, aunque corrieran peligro de morir por inanición o enfermedad. Sólo podían hacerlo con expresa autorización en cada caso. ¿Cuánto costaba obtener tales autorizaciones?.

S/. ... S/. ... S/. .... S/. .... ¡Cuántas fortunitas y fortunótas se hicieron a base de estas autorizaciones! Igualmente se comisaron casas, terrenos, fábricas y haciendas sin ninguna explicación. ¡Estábamos en guerra!.

Después de 1945 cuando la guerra había terminado, cesaron estas medidas. Entonces ya no nos gobernaba el Dr. Arroyo del Río y el Congreso Nacional comenzó a devolver las propiedades que habían sido comisadas; sinembargo, Otto Schwart recién recuperó una casa en 1970 que la había ocupado el Seguro Social Ecuatoriano desde 1943 sin pagar arriendo. Otros tuvieron menos suerte. Los accionistas del Banco Italiano perdieron su capital y el Banco cambió de dueños, los italianos de la Compañía de Seguros Sudamérica dieron paso a nuevos accionistas brasileros. Los señores Forest La Rose Yoder y compañía - todos norteamericanos con excepción del abogado que era nacional - devolvieron las fábricas de comestibles "La Universal" y "La Roma" a sus legítimos propietarios los Segale, Norero y Vallazza; ignoro por qué motivos habían logrado apropiarse de ellas desde 1943 hasta 1947. Igualmente ignoro si por concepto de dicha apropiación o administración forzada rindieron cuentas a sus dueños y les reintegraron las ilícitas ganancias que habían obtenido en esos cuatro años! Creo que nunca devolvieron nada, fueron los únicos triunfadores de una guerra que ingenuamente y en mal momento, declaramos a Alemania.