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SOBRINA
LEJANA DE BOLIVAR
En la calle Chimborazo No. 1918 vive
en la actualidad la señorita Carmen Ponte Gómez,
(1) viejecita de 98 años de edad, simpática,
risueña, de mucho porte y conversación,
que ha tenido la amabilidad de recibir y darme dos
horas de charla sobre el Guayaquil antiguo. Gracias
a ella me he enterado de muchas costumbres del pasado
que vale recordar.
LA BUENA MESA ANTAÑONA
Un menú corriente en cualquier
casa acomodada de principio de siglo se componía
de los siguientes platos. Almuerzo: sancocho; entrada
de ensalada de verduras y legumbres o pescado frito;
arroz con arverjitas, un huevo frito encima con un
pedazo de carne asada y maduro hornado y un vaso de
chicha de mote, arroz o avena con jugo de limón.
Cena: sopa de fideo, arroz, arverja o trigo; arroz
con menestra de frijoles rojos colados (si eran enteros,
se llamaba "revuelto") carne asada con muchines
al horno y miel de raspadura. Para terminar, una tacita
de chocolate o café ¿Rico, no?.
En los cumpleaños la anfitriona recibía
con champaña si era acomodada o chicha de arroz
si no; helado hecho a máquina con hielo y jugo
de frutas, dulces secos y quesos de leche, coco, naranjilla
o piña. Era costumbre que una doméstica
cuidara la mesa para evitar el saqueo de los niños
invitados; y como casi siempre se bailaba, las parejas
desfilaban del brazo para servirse algo mientras seguía
la música en la sala.
(1) Falleció al poco tiempo de escrito este
artículo.
BAILE Y MUSICA AL GRANEL
A las fiestas concurren las damas
elegantemente ataviadas con camisola de punto transparente
y amplio escote, talle ajustado y largo traje, zapatos
del mismo color del vestido y forrados de tela, con
una perla al centro y en la cabeza una fina peineta
de carey o una flor o una diadema bordada.
Se baila mucho y bien en el Club de la Unión.
A la entrada obsequian a las damitas con un cuaderno
llamado "carnet" donde anotarán los
nombres de las parejas que reservan turno. Hay "avivatos"
que se robaban el carnet y lo llenan de principio
a fin con su nombre. Felices ellos porque aseguran
la noche con la pareja elegida.
Entre los más agitados bailes de antaño
están las cuadrillas francesas y de lanceros,
pero hay otra llamada de "Serrucho" donde
todos bailan de esquina a esquina hasta quedar revueltos
en el centro y allí venía el "serrucho"
contrario, para volver a la esquina acompasando los
movimientos.
PAJAROS, FLORES Y BORDADOS
Las mujeres solían ocupar su tiempo
en el cuidado de pajarillos que mantenían enjaulados
en los amplios jardines y corredores interiores de
las casas. Largas horas pasan tejiendo finos encajes
y bordando iniciales en pañuelos, vestidos
y otras prendas. Doña Carmen es una experta
artista de la aguja, pero siempre lo ha hecho por
placer, nunca por negocio.
Los domingos la gente joven paseaba en carros urbanos
hasta el hipódromo municipal donde vendían
empanadas, colas, cerveza, pescado frito, pastelillos
y otras delicias para pasar el rato. Cada familia
toma una mesa y luego a comer se a dicho; regresando
a las doce o una de la tarde, después del almuerzo
que era a las once.
Hay varios tipos de vehículos: las góndolas
descubiertas y cruzadas de bancas eran tiradas por
dos mulas. Los imperiales de dos pisos, en el de abajo
hay bancas sin respaldo y en el superior finos asientos
de cuero donde según se decía: "el
ser hermoso se recostaba con solamente pagar un real...
DOMINGOS EN FAMILIA
DONDE LA ABUELA
Doña Carmen recuerda emocionada
que de niña, las tardes de los sábados
era llevada junto con sus hermanitos a la casa de
la abuela paterna Josefa Ferruzola Paredes viuda de
Ponte, que vivía en una antigua casa de madera
de un piso, al lado de la Iglesia de La Merced, llamada
"La Casa de la virgen" porque había
sido donada en testamento por un piadoso caballero
de la Virgen de La Merced y era administrada en su
nombre por los sacerdotes del convento.
Allí cenaban y al día siguiente muy
a las ocho iban a misa con la abuelita, mujer hermosa,
alta, educada y de gran prestancia y distinción.
Después regresaban para el café con
dulces, especialmente preparados por ella para sus
numerosos nietos y luego a las 4 de la tarde, volvían
al hogar paterno situado en el callejón de
"Los Ríos" al salir a la Planchada,
al lado de la antigua aduana.
EL INCENDIO GRANDE
FUE HORRIBLE
De esta época quedan buenos
recuerdos en la memoria de mi anfitriona, no así
de lo que ocurrió después, porque en
1896 fallece Antonio Pío de Ponte y Ferruzola,
dejándola huérfana con 9 hermanos.
El mayor se hace cargo de la situación y a
todos ayuda. La viuda Carmen Gómez Domínguez
de Ponte queda muy apenada y a los pocos meses sufre
la desgracia de perderlo todo en el Incendio Grande.
Ese día su hija Mercedes venía de Catarama
junto con su esposo Ramón Campelo Cordero,
natural de Colombia, para dar a luz al primer bebé,
cuando a la altura de Puna ven un resplandor rojizo
en el negro azabache de la noche.
¡Se incendia Guayaquil! ¡Guayaquil está
ardiendo! Gritan por igual. doña Mercedes que
está embarazada de 8 meses dice: "Voy
a desmayarme" pero, felizmente se contiene y
logra arribar al puerto cuando las llamas velozmente
se aproximaban a Las Peñas donde vivían
sus hermanos los Ponte Gómez. Ya por esa hora
se ha quemado la casa propia de los Campelo, situada
en la esquina de Rocafuerte y Padre Aguirre con el
mobiliario y el ajuar de los recién casados.
La Iglesia más fina, elegante y tradicional
del puerto: La Concepción, tocaba a arrebato.
Todos ven prenderse sus columnas centenarias en densas
llamaradas que pronto la consumen.
Doña Mercedes y su marido logran llegar a Las
Peñas y encuentran a su madre en un mar de
lágrimas. Grita e implora al cielo diciendo:
"Virgen de las Mercedes, dame fuerzas para resistir
este gran dolor. Mi casa es lo único que me
queda, ya no tengo esposo, ya no tengo nada".
Para hacer mas patética la escena ha sacado
un gran óleo de la Virgen al corredor y se
abraza de él. Nadie puede convencerla del inminente
peligro que corre porque el incendio está subiendo
por la Planchada y amenaza llegar en cualquier momento;
pero, ella quiere morir con sus bienes y en eso su
compadre Manuel José Baquerizo Vera, marido
de Enriqueta Ferruzola Coello le grita:
"Carmencita, si no sales te cargo y te saco.
..
Ya las llamas están devorando la casa vecina,
el calor es insoportable y doña Carmen pierde
los sentidos, oportunidad que aprovechan sus hijos
y don Manuel José para retirarla con cuadro
y todo. Así se quemó la casa solariega
de los Ponte en Guayaquil, año 1896, tenía
60 años justos de construida porque se fabricó
en 1836 para el matrimonio del Coronel Antonio Pío
Ponte y Ascanio, natural de Venezuela, del ejército
del Libertador Bolívar, con quien había
llegado al puerto en 1822.
Y para completar la tragedia en la sabana se pierde
un bulto de joyas que logran sacar de la casa debido
a que el fuego avanza por Las Peñas y toma
el depósito de leña de la cervecería
al otro lado del cerro, ocasionando el pánico
de los espectadores que corren en confusión.
Después de esto los Ponte Gómez viven
varios meses en una choza de cholos sabaneros, tapándose
con lona traída de Catarama. Allí nace
la primogénita Campelo Ponte y por esos días
la Municipalidad adquiere el solar quemado de la familia
para agrandar el callejón de "Los Ríos"
en lo que hoy es, una calle moderna, amplia, sin reminiscencias.
RECUERDOS DE FAMILIA
El Coronel Antonio Pío Ponte
y Ascanio, abuelo de mi anfitriona y fundador de su
apellido en el puerto, según tradición
familiar, se enamora y contrae matrimonio con Josefa
Ferruzola Paredes, su vecina, ya que la casa de los
Ferrozola linda con la pensión para extranjeros
que hay en el Malecón, a la altura de la actual
calle Sucre, donde él se hospedaba y claro,
como dice el poema: "De tanto verse, terminan
por quererse".
Fueron muy felices pero el prematuro fallecimiento
del Coronel a consecuencia de una tuberculosis avanzada,
hace que su viuda contraiga segundas nupcias con el
General Francisco Boloña y Roca, personaje
importante que llegó a la Gobernación
del Guayas años después y de quien también
hay descendencia.
El Coronel Ponte es deudo lejano de Bolívar
por aquello que el Libertador descendía dos
veces del fundador del linaje de Ponte en Venezuela.
El matrimonio Ponte Ferruzola procrea a Eduardo y
Juan José, jóvenes que tuvieron malas
muertes porque el primero fallece a consecuencia de
ingerir un vaso de jugo helado después de bailar
en el Club de La Unión y sudado como estaba
se va a su casa donde se baña ya tarde en la
noche.
Al día siguiente amanece con una punzada y
pulmonía doble; el segundo contrae reumatismo
en la Hacienda "La Beata" de propiedad de
los hermanos Puga Bustamante en San Juan de Puebloviejo,
donde trabaja, y ve el sepulcro de solo 36 años.
Mercedes casó con Marcos Avellán y Oramas
y tiene numerosa familia Antonio Pío pone sus
ojos en una bella damita cuencana llamada Carmen Gómez
y Domínguez, de paso por Guayaquil con su madre
Dolores Domínguez, dama española que
recién acababa de enviudar del doctor Nicolás
Gómez Tamariz en esa ciudad.
La viuda tiene pensado regresar a su tierra y por
esa razón hace el viaje al puerto para tomar
un buque con destino a la madre patria y he aquí
que el señor Ponte cambia los planes y se casa
con la bella Carmencita, porque su prima Eloisa Ferruzola
le avisa a tiempo del viaje.
LOS PONTE GOMEZ
Recién casados los esposos
viajan a Daule donde Antonio Pío desempeñaba
el cargo de Colector de Sales, era de estatura mediana
y buena presencia y dedicaba su vida a la agricultura
hasta que murió a los 55 años en 1896,
a consecuencia de un segundo derrame cerebral. De
esta enfermedad se cuenta que es el primer paciente
guayaquileño en adiestrarse físicamente
hasta su total recuperación con unos tubos
metálicos de ejercicios recién llegados
de Londres, que constituían por aquellos lejanos
tiempos la última palabra en terapia de rehabilitación.
Los Ponte Gómez hermanos de doña Carmencita
fueron nueve: 1) Antonio Pío murió mordido
de culebra, 2) Juan Eduardo casó con Josefina
Aguirre Suárez con sucesión en la familia
Ponte Aguirre, 3) Francisco Xavier f.s. 4) Carlos
Luis muerto de pulmonía, 5) Juan José
Capitán de Milicias en Catarama, casado con
Rita Barreyro, con sucesión extinta, 6) Mercedes
Rafaela casada con Ramón Campelo Cordero, con
hijos, 7) Lucía Dolores muerta de once años,
8) Ana Rosa fallecida del corazón y 9) Josefina
muerta de 9 años de viruela.
IGLESIA Y PARROQUIA
Cuando doña Carmen mira hacia el pasado
tiembla de emoción al recordar a la más
esbelta y guayaquileña de todas las Iglesias
del puerto, la antigua parroquia de La Concepción,
vecina al barrio donde pasaron los años de
su infancia y juventud.
Quemada en 1896 la Concepción no a vuelto a
ser reedificada en su primitivo solar, con ella desaparecieron
valiosos cuadros coloniales de la escuela guayaquileña.
Habían muchos, buenos y grandes, en hermosos
marcos dorados. El de San José, en la entrada
a mano derecha. Frente a él, uno de San Francisco.
Al fondo el de La Concepción y a sus lados,
la del Carmen y La Merced. La entrada era de piedra
y el piso interior de madera.
Las señoras concurrían de manto negro
y largo, las señoritas de mantilla bordada
y con flecos y las niñas colegialas de sombrero.
La misa solemne se da a las 8 a.m. y comienza con
el rezo de un Padrenuestro coreado por la concurrencia,
siempre hay un orador y descuella entre todos el Párroco
doctor Calderón, famoso por su buen porte y
magnífica presencia. Después del incendio
grande solo queda una capilla llamada de San Vicente,
cerca de los aljibes del cerro, donde se dice misa
por muchos meses hasta que Miguel S. Seminario completa
la obra de reedificación de San Francisco en
Ciudad Nueva; siendo la primera Iglesia que se levanta
en el puerto, en este siglo, inaugurándose
en 1902.
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