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ROMANCES DE ESMERALDA GONZALEZ
El otro día vino, estuvo y se fue mi amiga Esmeralda González Castro hija del gran poeta guayaquileño Nicolás Augusto González Tola fallecido en Buenos Aires en 1917 y de Delia Castro Márquez, limeña de familia de poetas y literatos ilustres.

Esmeralda es poetisa de las buenas y también madre del gran actor Raúl Varela González que tanto ha animado al teatro en Guayaquil con sus jocosas comedias y con obras como "Aquellos Tiempos" que estrenara hace dos años con llenos completos y que ha vuelto a poner en las tablas del "Humoresque".

A estas alturas algunos de mis lectores preguntarán ¿Quién es Esmeralda y cuál su obra? porque como somos islas culturales en América, lo que ocurre en el mundo intelectual del Perú es totalmente ignorado en el Ecuador y viceversa y creo que serán poquísimos los guayaquileños que hayan leído sus libros. Pues bien, Esmeralda es una de las más espontáneas liras populares en Lima al punto que ni ella sabe cuándo comenzó a hacer versos, si pareciera que los hizo desde la misma infancia; además, nunca los ha firmado pues desde cuando se presentó a una de las estaciones de radio de la capital peruana con su hermana, ambas adoptaron el seudónimo de "Las hermanas Quinteras", siendo Esmeralda llamada "Serafina Quinteras" y así ha sido siempre, desde entonces.

Por los años 40 publicó su poemario "Así hablaba Zarapastro" que ha visto varias ediciones en Lima y Buenos Aires, en él se reveló poetisa satírica y melancólica que sabía decir las cosas más amargas con un dejo de humor que las dulcificaba, las humanizaba, las hacía pasables. Cualidad tan importante en una mujer, que podría tomarse como un complemento de su femineidad. Posteriormente Esmeralda publicó un grueso libro de "Crónicas", muy a lo Ricardo Palma, que denominó "De la misma laya", con historias de la Lima colonial y republicana del siglo XIX, de aquellas que se le quedaron en el tintero al genial Cronista de quien decían sus enemigos de entonces que mentía por cada pelo del bigote, lo cual no es ninguna novedad pues no han faltado los estultos, incluso en nuestra Patria, que creyéndose historiadores serios han menospreciado a los Cronistas, por sentirlos de menos.

De mi amiga Esmeralda, para Uds. va una muestra de su estro, titulado "Romance de Cartón" y dice así: "Me llamo Grimaldina Roncesvalles Ipince, / habito una vivienda que está ubicada en Lince, / dulce barrio dormido, saturado de mar, / donde mi fantasía crea sueños dorados / y construye románticos castillos encantados, / autosugestionándose para poder soñar. //Yo quisiera vestirme a la moda de Francia, / destacar por las calles mi suprema elegancia / exhibiendo "toi-le-tes" de cloqué y de satén; / colocar en mis hombros aquel zorro plateado / que contemplara absorto mi espíritu extasiado, / expuesto en la vidriera de un lujoso almacén. //Correr vertiginosa por cualquier avenida / en un regio automóvil de marca conocida, / manejando un volante con suma habilidad; / mirarme choferesa, sentirme deportista, / arrollar cuanto obstáculo se me ponga en la pista, / para sentir el vértigo de la velocidad. //Entregarle a un experto mi lacia cabellera / para que, en obra y gracia del peine y la tijera, / la trueque en espirales formando caracol, / y que con hábil mano me haga la permanente, / cuyas ondulaciones, al exornar mi frente, / demuestren el estilo que da la croquiñol. //Yo anhelo convertirme en una gran artista; /colocarme tan alto que me pierda de vista, / y brillar como nadie en el ecrán brilló; / opacar a la Greta, eclipsar a Marlene; / superarlas a todas, porque ninguna tiene / las fotogeneidades de que dispongo yo. //Y así, fantasmagórica, visionfria y exótica, / morando en un palacio de arquitectura gótica, / vendrán a mí un banquero, un poeta, un marqués, / a ofrecerme abolengo, millones, poesía, / en una complicada cubista tricornia / que apasionadamente se desdoble a mis pies— //Pero soy Grimaldina Roncesvalles Ipince; / habito una vivienda que está ubicada en Lince; / trabajo en una fábrica de cajas de cartón; / no manejo otra cosa que papeles pintados / y así soy la hilandera de los sueños dorados / que desliza su vida tejiendo una ilusión ,..

Esmeralda o Serafina, que lo mismo da, tiene ahora más de ochenta años pero como buena limeña representa menos y conversa tan bien, que cualquier jovencito rocanrolero o morocho caballero, se siente a gusto con su conversación. Además tiene ese algo tan noble y cortesano, de las damas limeñas de antaño, que Chabuca Granda cantó en su canción y no es española ni indiana, ni en sus venas corre sangre gitana, ni es manola de alto tacón; simplemente es buena, sencilla y galana, ha sufrido mucho y ha aprendido más, por eso comprende la debilidad humana, perdona y entiende a sus semejantes y de su ilustre padre heredó la tristeza más no la amargura, que todo es en ella mesura y amable emoción.

Y se fue Esmeralda de nuestra ciudad visitando museos y bibliotecas, consultando libros, concurriendo a teatros y en todas partes dejó su trato tan llano, a la par de hermoso, sencillo y ameno, como solo ella lo sabe brindar.

Y se fue a reiniciar sus trabajos de manos que describió en "Aquelarre sintético" de la siguiente magistral manera: Crisantemos enanos; / caracoles repletos de murmullos lejanos; / sal, pimienta, vinagre, chicha morada y miel; / tres velas encendidas; / dos gatos silenciosos con sus catorce vidas / y un batallón diabólico de gallos de papel . . . Tales las herramientas / de mi laboratorio.

Y ahora estará en Lima con sus hijas y nietos, esperando regresar nuevamente a Guayaquil donde tiene la mitad de su corazón, a su hijo Raúl, el bienamado, el querido artista del teatro, que mucho extraña, como me lo confesó en un momento de suprema debilidad porque como ya lo dije, ella heredó de su ilustre padre la tristeza más no la amargura.