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REVOLUCION
QUE HICE MIA
En 1961 estalló el famoso escándalo
de "La Chatarra", armamento adquirido con
sobreprecio y que llegó inutilizado al país.
De todo esto se armó un gran alboroto nacional
y no podía ser para menos, éramos paupérrimos,
carecíamos de petróleo y a duras penas
se vivía del rubro de las exportaciones de
banano. Se había derrochado millones y jugado
con la dignidad nacional. La prensa denunció
ampliamente el negociado, el descontento popular se
agudizó y la ciudadanía clamó
por sanción mas, el presidente Velasco Ibarra
no tomaba medidas y hasta se habló de revolución,
pero como el principal implicado era el Crnel. Rafael
Terán Varea, Ministro de Defensa, el Ejército
se coloco en la más incómoda de las
posiciones y sólo el Dr. Carlos Julio Arosemena
Monroy, Vicepresidente de la República, se
alzó como adalid de la protesta.
Para entonces ya era público que sostenía
una moderada oposición al Gabinete y que estaba
alejado del favor del Presidente, pero recién
fue con La Chatarra cuando se enfrentó abiertamente
al régimen y Velasco cometió la imprudencia
de ordenar la disolución del Congreso, cuando
faltaban pocos días para la terminación
de sus sesiones.
La aviación tomó partido por la revolución
pero el Congreso fue sitiado por fuerzas leales que
llegaron amenazar la vida de los diputados y senadores.
La opinión y el pueblo se fueron con la parte
débil y vivaban al Vicepresidente de quien
se decía que era valientísimo, guapo,
varonil, honesto y no sé cuántos adjetivos
más; posiblemente fue el momento de mayor popularidad
en toda su vida cívica.
Una camarilla de políticos y militares sorprendió
al Presidente de la Corte Suprema de Justicia, un
honorable señor de trayectoria pública
poco conocida, que tuvo la debilidad de prestarse
al juego y lo encargaron de la presidencia al filo
de una madrugada, pero el saínete no prosperó.
Así las cosas, el pueblo llenó las calles,
en Guayaquil una bala traidora salida de los bajos
de la Zona Militar mató a Eduardo Flores Torres,
dirigente y profesor fiscal, que cayó en su
ley y aún se le recuerda.
Velasco, víctima inocente del negociado de
La Chatarra, salió del país y después
escribió: "El Vicepresidente, que fue
a visitar Rusia de la manera más impolítica
y sólo con fines tendenciosos, se convirtió
a su regreso en caudillo de tumultos demagógicos
y comunistoides. Obtuvo su fin —la presidencia
de la República— auxiliado directamente
por las fuerzas militares y por la cáfila de
políticos envidiosos y vulgares dé izquierda
y derecha a quienes el mérito auténtico
produce odio. Su éxito miserable mediante el
trastorno de las instituciones, fue saludado por eclesiásticos,
por católicos y por liberales...."
La tarde en que cayó el régimen presencié
una enorme manifestación emoción indescriptible.
Vivía yo en 9 de Octubre y Boyacá y
recuerdo que bajé de mi casa y en la esquina
de Escobedo encontré a Rosendo Arosemena Elizalde,
él tampoco era político y sin embargo
estaba emocionado. No se nos ocurrió después
mandar telegramas o hacernos presentes ante el triunfador,
simplemente estábamos satisfechos como ecuatorianos,
nada más. Yo tenía 21 años, edad
florida en que somos cándidos y creemos todo.
Y transcurrieron los días y volvieron las aguas
a sus niveles anteriores. El régimen se afianzó,
nunca se castigó a nadie por el asunto de La
Chatarra, que hasta fue olvidado como todas las cosas
de este mundo. La Alcaldía de Guayaquil pasó
de Pedro Menéndez Gilbert al Dr. Otto Quintero
Rumbea, que había sido mi profesor universitario
y me designó su Asistente. Entonces la situación
era crítica, una intensa penuria agobiaba a
la Municipalidad, no había dinero para pagar
sueldos y salarios, que se adeudaban por meses. A
esto se sumó la creciente intranquilidad nacional
motivada por el "Macartismo" de ciertos
grupos que querían la ruptura de relaciones
del Ecuador con la Cuba de Fidel Castro. No había
día sin manifestación. La CIA estaba
detrás de todo esto!.
En otras ocasiones acontecían sucesos raros.
A José María Roura le quitaron algunos
miles de dólares que traía de Cuba dizque
para gastarlos en política e ignoro si se los
habrán devuelvo. Un universitario fue apresado
en el aeropuerto de Guayaquil, a su regreso de La
Habana, a donde había viajado con gastos pagados
por el comunismo ecuatoriano o por quién sabe
quién.
El Dr. Carlos Feraud Blum tomó a su cargo esta
defensa y presentó recurso de hábeas
corpus. La prensa colmó la alcaldía
y en medio de una baraúnda atroz el Alcalde
Dr. Quintero preguntó al asustado reo, muchacho
de no más de 20 anos. /"¿Por qué
ha sido Ud. detenido? / Porque viajé a La Habana.
Pues bien, la próxima vez que le pregunten
por qué viajó a La Habana, conteste,
porque me dio la gana" / y terminó el
recurso, con un sorpresivo manotazo sobre el timbre
del despacho, declarando libre a tan "peligroso
delincuente", que no sabía si reír
o llorar, con salida tan chusca, en verso de pie quebrado,
de quien pensaba que lo iba a ajusticiar. ¡Tal
era el terror que se vivía en nuestra Patria!.
Así pues, entre sorpresas y zozobras, el régimen
terminó por debilitarse debido a los "vicios
masculinos" y rompió con Cuba. Al poco
tiempo el Presidente fue depuesto por una Junta Militar
de Gobierno presidida por un Comandante que nos gobernó
tres años y también fue depuesto y después
no se le ha vuelto a ver ni a oír; folclórico
personaje que por falta de adornos o por temor a las
pifias prefiere vivir en el anonimato.
Cuando sucedió esta segunda revolución
hacía algunas semanas que me encontraba en
el exterior, trabajando y estudiando bajo el firme
propósito de jamás volver a creer en
la política, promesa que sólo una vez
he incumplido a Dios gracias.
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