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RAUL
ANDRADE Y SUS EXPERIENCIAS DESENCANTADAS
Quize escribir sobre él apenas
supe de su muerte pero las urgencias cotidianas me
lo impidieron. ¡Qué pena! Asistir con
tanto atraso al funeral de un amigo tan querido, a
quien sin embargo ni traté ni conocí.
Lástima que mi amistad con él solo fuera
literaria, algo así como un seguimiento de
su alta ruta espiritual y estética. Hubiera
sido tan hermoso oír su "gustoso estilo,
diáfanas metáforas y sutiles expresiones
de croniqueur de agudo talento, de fino conversador,
que sabía relatar situaciones en elegante forma
de denuncia y de protesta". Ahora solo nos quedan
sus libros y el impoluto ejemplo de su vida ejemplar.
Nació en Quito, "ciudad de panorama sin
panoramas", el 4 de Octubre de 1905. Fueron sus
padres el coronel Carlos Andrade Rodríguez
y María Moscoso González; recibió
las primeras letras en la escuela de San Luis Gonzaga
y en la Municipal Espejo donde obtuvo excelentes calificaciones.
Enseguida se matriculó en el Mejía,
"pero reveses económicos familiares, emanados
de persecuciones políticas, le obligaron a
trabajar en el comercio".
En 1922 viajó a Guayaquil, algo así
como escapado de su casa y fue testigo de la matanza
del 15 de noviembre. En 1923 ingresó a la redacción
de "El Telégrafo", Escribió
bajo el seudónimo de "Carlos Riga"
y se dedicó a la fina bohemia literaria. En
1927 regresó a la capital y fundó con
el pintor Camilo Egas la revista "Hélice".
Entonces hizo algo de teatro y el 4 de Abril de 1931,
la compañía nacional de Marco Barahona
estrenó en el teatro Sucre su comedia en dos
actos "Suburbio", cuyo libreto se publicó
después en la revista universitaria "Rieles".
En 1933 fundó el diario liberal "La Mañana"
donde inició la columna "Cocktails"
bajo el seudónimo de "Frank Barman"
y al liquidarse el diario por culpa de la violencia
del primer velasquismo, inició la revista satírica
"Zumbambico", que dirigió hasta la
caída de Velasco Ibarra. En 1937 recopiló
esta producción en un tomo y escribió
su ensayo lírico crítico "Retablo
de una generación decapitada" que lo hizo
famoso.
Posteriormente creó una trilogía de
ensayos literarios que unió en "Gobelinos
de Niebla" y dictó un ciclo de conferencias
que no le reportó ningún beneficio económico.
En 1940 escribió en “El Día”
de Quito.
En 1944 fue designado Cónsul del Ecuador en
Seattle, pero a los pocos días se excusó
al conocer el regreso de Velasco Ibarra. En 1945 viajó
a Cuba y Centroamérica y se quedó trabajando
en el "El Tiempo" en Bogotá, donde
permaneció hasta 1948. Al año siguiente
fue designado Adjunto Cultural del Ecuador en Madrid
y a poco de llegado "fue invitado a desdecirse
de varias opiniones vertidas en su artículo
García Lorca, alegoría de España
yacente o a salir del territorio". Optó
por lo segundo y se fue a pasear al Norte del África,
después pasó a Francia, como Adjunto
Cultural del Ecuador y allí estuvo hasta 1951,
en que volvió a Quito a trabajar en "El
Comercio".
Ese año contrajo matrimonio y viajó
a Chile en luna de miel, publicó "El perfil
de la Quimera" con siete ensayos literarios e
ingresó a "American Litery Agency",
que distribuyó sus crónicas y ensayos
por España y América.
Durante el tercer velasquismo fue alabado por el Presidente
que quizo atraérselo. En 1954 editó
"La Internacional Negra en Colombia y otros Ensayos".
Entre 1954 y 57 fue redactor político de "El
Telégrafo" en Quito y en 1956 se opuso
al binomio Huerta-Plaza desde su columna "Escaparate".
En 1958 fue designado Cónsul en Burdeos, de
allí fue a Trieste con igual carácter
y escribió la vida de su tío que editó
en 1962 con el título de "Julio Andrade,
crónica de una vida heroica" en 78 págs.
Después estuvo de Cónsul en Genova.
En 1964 fue ascendido a Encargado de Negocios en Bruselas
permaneciendo hasta 1967, que pasó a Lisboa,
donde "cesó en funciones por límite
de edad". Entonces ingresó al cuerpo de
redactores de Ala en New York y se trasladó
a Quito.
En 1983 enfermó de cáncer y obtuvo el
Premio Nacional "Eugenio Espejo" que no
pudo recibir en persona, falleciendo dos días
después. Fue un gran estilista del idioma,
lástima que le tocó vivir entre el Velasquismo
romántico, exaltado y antiliberal y el placismo
gris, pragmático y decadente; así pues,
no tuvo opciones para su turbulenta inteligencia.
La vida le decapitó también, aunque
poquito a poco, en cámara lenta; por eso no
escapó al sino trágico de su generación.
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