..............................................................................................................................................................................................................
|
PORDIOSEROS
DE ANTAÑO
¿Quién no recuerda a
la Pancha Loca, a la simpar María sin Tripas,
a Juanita Canuto, al Chileno, a Jesús y la
Virgen María, al peligroso Hay Botellas. En
fin, a todos aquellos pordioseros medio cuerdos y
medio orates que caminaban sin cesar por el Guayaquil
de los años 40 al 50, que comenzando en el
cerro terminaba en el barrio del Centenario y del
otro lado sólo iba de la ría al Salado.
Entonces éramos una ciudad pequeña,
hermosa y aristocrática por sus casitas de
madera, iguales, nuevas y acogedoras, que brindaban
amplios espacios a las hamacas, sus tragaluces al
sol y las chazas de las ventanas al fresco de la tarde.
Todos sus pordioseros era conocidos, algunos temidos,
otros burlados y la mayor parte chanceados. Recordaremos
unos cuantos solamente.
MARIA SIN TRIPAS.- Era una flaca
pero como estaba permanentemente embarazada parecía
rechonchona. Había sido bautizada con apodo
que se hizo muy popular y que ella aceptaba sin gustarle,
con serena dignidad. Su especialidad era tocar la
marimba esmeraldeña, pero no era de raza negra
sino mestiza. Donde María sin Tripas se sentaba
a tocar, había fiesta, se arremolinaban los
transeúntes y el jolgorio se prolongaba hasta
media hora.
LA PANCHA LOCA.— Gorda, fea,
mongólica y mugrienta, caminaba sin zapatos
por esas calles de Dios riendo a carcajadas. Los muchachos
le pedían que bese, cosa que mucho le agradaba
y no se la hacía repetir y cualquier serio
caballero recibía el beso y un abrazo de yapa.
Muchos protestaban y hasta algunos se horrorizaban
con estas demostraciones de cariño desdentado
pero ¿qué hacerle a tan horripilante
gorda, toda sonrisa y música?. En otros momentos
podía cantar y lo hacía con la más
destemplada voz del mundo, pero ella no lo consideraba
así y como era bien mandada entraba a las tiendas
y almacenes a dedicar serenatas y recibía dos
reales para que se vaya a cantar a otra parte.
JUANITA CANUTO.— Negra esmeraldeña,
fea aunque no sucia. Su especialidad consistía
en morir de risa, con carcajadas que a veces la hacían
llorar. Decían que se quedó así,
loquita perdida, a la muerte de su hijito, ocurrida
durante una de las últimas epidemias de bubónica
que azotaba la ciudad. Otros aseguraban que aparte
de la muerte del hijito había sufrido el abandono
de su marido, el negro Canuto, de los conchistas de
la revolución, que se metió con una
serrana placera y no se supo más de él.
Lo cierto es que esta Juanita a veces daba piedras
y entonces todos corrían y la dejaban sola
con su risa-llanto, con su llanto-risa, trágicamente
sola, como quedó cuando el negro Canuto se
fue.
EL CHILENO.— Era un grandulón,
colorado y hasta buen mozo cuando había sido
de joven. Un día se quedó en Guayaquil
sin pasaporte porque su barco zarpó. Parece
que estuvo más tiempo del debido en un cabaret
del puerto y se enredó con alguna mujerzuela.
Lo cierto es que el Chileno andaba sin zapatos, mendigaba,
comía cuando podía, cargaba muebles,
limpiaba patios y nunca hablaba. Era silencioso como
él solo. Dormía por allí, en
cualquier escalera, donde lo tumbaba la juma y hasta
se hacía sus necesidades detrás de las
puertas como era costumbre antaño. Felizmente
esta costumbre se ha perdido con el tiempo. ¿Qué
se hizo el chileno? Parece que un buen día
le dio un infarto y se quedó muerto-dormido
en el mismo banco de cemento donde pasaba la mayor
parte de su tiempo, ubicado en la esquina de Nueve
de Octubre y Boyacá, frente al salón
el Roxi, donde el gringo Mayer a veces lo ocupaba
en algo, más para ayudarlo que por otra cosa.
JESÚS Y LA VIRGEN MARÍA.-
A este par no llegué a conocer ni tratar, pero
me contaban que era una Madre y su hijo medio loco,
que andaban juntos por las calles, tomados del hombro,
silenciosos, vestidos a la antigua, ella con manta
y él con un terno muy usado. Que se acercaban
y pedían caridad con los ojos y las manos,
sin proferir palabras. Eran de las buenas familias
y hasta habían sido ricos en otros tiempos
pero el gobierno de Caamaño les había
confiscado una goleta que temían en la ría,
por retaliaciones políticas contra un hermano
de "La Virgen" que dizque era guerrillero
chapulo. Murieron por los años 30, ella muy
anciana y el hijo encorvado por el peso de su desgracia
mental. Dicen que cuando ella murió, él
se encerró y también murió de
inanición. Todos les tenían pena.
¿HAY BOTELLAS? Este loquito
era flaco y no muy viejo pero bastante sucio. Su gracia
consistía en acercarse a los grupos y personas,
saludar y preguntar siempre lo mismo ¿Hay Botellas?
Muchos le daban botellas vacías y él
las tomaba con educación, poniéndolas
en el saquillo que siempre cargaba a las espaldas;
en otras ocasiones le decían que no habían
y él se alejaba. Las botellas las vendía
a cuatro reales y se bebía la plata en la primera
cantina que encontraba abierta. Por eso, algunos que
lo conocían, no le querían regalar botellas,
era hacerle un mal. ¿Hay Botellas? era muy
tranquilo y educado, pero cuando se ajumaba era de
oírlo, era de verlo y sobre todo, era de sentirlo,
porque lanzaba trompadas sin aviso y sin motivo y
a muchos ñoqueó, tirándolos al
suelo de un soberano sopapo. Por eso mejor era no
acercársele sin tomar las debidas precauciones.
|
| |
|