..............................................................................................................................................................................................................
|
POETISA
DEL AMOR TRANQUILO
María Piedad Castillo de Leví
no fue modernista ni cosa por el estilo, saltó
gustos y corrientes y su caudal lírico voló
por entre el de los poetas enervantes y malditos de
la década de los años 20, sin que sus
leves y femeniles alas se vieran comprometidas o manchadas
de aquellas sutilezas y evasiones; "tenía
demasiada salud mental y cultura clásica y
era fuerte su cordura burguesa para encerrarse en
torres de marfil" al decir de Rodrigo Pesantez
Rodas y sin embargo fue poeta y pulsó la lira
por casi medio siglo, de 1907 hasta poco antes de
su muerte.
Había nacido en el Guayaquil de 1888 y al comprar
su padre el diario El Telégrafo a su fundador
Juan Murillo, dióle la oportunidad de crecer
cercana a los talleres y junto a periodistas de la
talla de Manuel J. Calle, que pudo formar su gusto
poético recomendándole libros y lecturas,
porque ella escribía gacetillas, sueltos y
planas y más tarde fue redactora de planta,
con horario de entrada y de salida y todo lo demás,
frecuentando diariamente el periódico.
Para 1910 compitió con éxito en un Concurso
Internacional celebrado con motivo del Centenario
de la Independencia de Colombia y poco después
publicaba sus poemas románticos "A Colombia",
"El Abanderado" y "Las Campanas de
la Catedral".
Un viaje a Francia y el descubrimiento del mundo europeo
la devolvieron modernista y fue de las primeras en
usar el verso aneasílabo// Oh mi dulcísima
mousmé/ de rostro frágil y sutil/ y
ojos de ensueño que se fue/ cual un recuerdo
juvenil/ en su soneto "Japonesa" y octosílabos
en rima ternaria en Otoñal",/ Caen lentas,
mustias, rojas/ de los árboles las hojas/ mientras;
rimo mis congojas;/ pero esta etapa fue corta.
Su matrimonio con el químico alemán
Dr. Roberto Leví Hoffman la llevó a
otros planos, encerrándose en un ambiente de
hogar junto a sus hijos y esposo "en una gallarda
y deliciosa quinta —que aún subsiste
sin ser ni la sombra de lo que fue entonces—
(1) cuando estaba poblada de árboles frondosos,
esmaltada de flores acariciadoras del olfato y el
suelo era tapizado de suave, diminuta hierva, entre
la fresca y primaveral verdura. Adentro campeaban
en ricos salones cuadros de pinturas, estatuas y abundantes
libros y en un acogedor ambiente de cultura, elegancia
y espiritualidad, subyugaba la poesía. Era
un paraíso convertido en cielo por las virtudes
de la Musa".
Ya no sentía el "spleen" de los años
12 cuando en New York, escribiera/ Tarde de lluvia
y de neblina/ se arremolina/ sobre las casas blanco
tul/ siento el deseo obsesionante/ de en este instante/
ver un girón de cielo azul// Semeja el lívido
empedrado/ un deslustrado/ inmenso espejo de cristal/
reina un silencio de ultratumba/ mi voz retumba/ en
este ambiente sepulcral.
Ahora escribía a sus hijos poemas de sin igual
ternura como "La Linda" y a su esposo le
dijo: //Brillan como luceros sus azules pupilas/ sus
cabellos son finos, revueltos y castaños/ su
voz tiene inflexiones pausadas y tranquilas/ y bajo
su amplia frente, no hay dobleces ni engaños.//
//A la luz de la lámpara, en el salón
inmenso/ trazamos de la vida el vasto panorama/ me
dice de su amor, arrobador, intenso/ y yo le cuento
cómo mi corazón lo ama// aislados de
la gente en comarca de ensueño,/ en donde solo
estamos los dos y el porvenir...
Pero un día el arcano le tejió una tela
de araña y le arrebató un hijo, fue
tan intenso el dolor que solo pudo decir; Yo tenía/
y en el tiempo feliz de mi reír sonoro/ un
niño, que en mis brazos sonreía/ de
fina tez y de cabellos de oro ... y nuevos dolores,
propios de toda vida, le trajeron padecimientos domésticos
y tornaron su lira de sonrisas y campanas en lira
de añoranzas y lejanías y así
cantó las bodas de oro de sus padres, a los
(1) Se derrumbó durante una fuerte lluvia en
el invierno del año 2.001.
lejanos abuelos, los setenta años del Telégrafo
y entonces dijo: "Los dos estamos viejos"
y vinieron nuevas lejanías y viajó incansablemente
a países extraños y sus pasos se hicieron
más graves, huraños, hasta que murió
en 1962, pero el amor filial había recogido
meses antes y en hermosa edición, su antología
poética, bajo el título de "Poemas
de Ayer y de Hoy", que ha llegado hasta nosotros
con la reminicencia propia de un libro del ayer tan
guayaquileño de nuestros años mozos,
cuando solíamos pasar diariamente por la quinta
Piedad, regla en mano y libros en maletas, con pasos
presurosos, al vecino colegio "San José",
María Piedad fue guayaquileña como su
quinta soleada, tan dulce como sus carmenes floridos
y tan hogareña que se daba a los demás/.
Así fue la poetisa del amor tranquilo y sin
embargo luchó por los derechos femeninos y
reclamó mayor poder político para las
mujeres, representando al Ecuador en numerosas Conferencias
Internacionales donde lució su noble empeño
por obtener la igualdad de oportunidades para los
sexos, sin trepidar jamás. Porque ella había
escrito// quisiera que mi vida fuese una blanca rosa/
nacida en una vieja floresta misteriosa/ y deshojada
un día, por rápido huracán...
//
|
| |
|