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TOMO III
     


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POETA MARIHUANO
¿Quien fue realmente este hombre extraño que se hizo llamar por tantos nombres; que escribió con tan inmensa desesperación y que ahora es considerado por algunos como el más grande lírico de la lengua española?. Y no se piense que es exageración pues de su estro, va un ejemplo: "Balada de la loca alegría"// Mi vaso lleno el vino de Anáhuac— / mi esfuerzo vano —estéril mi pasión- / soy un perdido —soy un mahihuano—/ a beber —a danzar al son de mi canción—. . .// Ciñe el tirso oloroso, tañe el alegre címbalo,/ Una bacante loca y un sátiro afrentoso/ conjunten en tu sangre su frenesí amoroso/ Atenas brilla, piensa y esculpe Praxiteles,/ y la gracia encadena con rosas la pasión,/ ¡Ah de la vida parva, que no nos da sus mieles/ sino con cierto ritmo y en cierta proporción!// ¡Reid, danzad al viento de Dionisos que embriaga el corazón!// La muerte viene —todo será polvo/ bajo su imperio —polvo de Pericles,/ Polvo de Codro, polvo de Cimón . . .// soy un perdido —soy un marihuano—/ a beber -a danzar al son de mi canción. . . // De Hispania fructuosa, de Galia deleitable,/ de Numidia ardorosa, y de toda la rosa/ de los vientos que beben las águilas romanas,/ surgid doncellas puras, ávidas cortesanas./ Danzad en voluptuosos, lúbricos episodios,/ con esclavos rubios con los libertos rodios.// Flaminio, de cabellos de amaranto,/ busca para Heliogábalo en las termas/ varones de placer . . . Alzad el canto,/ danzad, reíd en báquica alegría/ y haced brotar la sangre que embriaga el corazón./ La muerte viene —todo será polvo/ bajo su imperio -polvo de Lucrecio,/ polvo de Augusto, polvo de Nerón.// Mi vaso lleno, --el vino de Anáhuac— mi esfuerzo vano —estéril mi pasión—/ soy un perdido —soy un marihuano—/a beber —a danzar al son de mi pasión . . . // Montañesas de Antioquía con olor de azucenas;/ aldeanas del Cauca, con dulzor de colmena;/ infanzonas de Lima, unciosas y augurales,/ y princesas de México, que es como la alacena/ familiar, do guardamos los más ricos panales ... /y mozuelos de Cuba, lánguidos sensuales,/ infructuosos, sombríos, / cual fantasmas que cruzan por unos sueños míos . . ./ Mozuelos de la grata Cuscatlán - ¡Oh ambrosía! -/ y mozuelos de Honduras,/ donde hay alondras ciegas por las selvas oscuras . .. / Entrad en la fiesta, en el feliz torbellino; reíd, danzad al son de la canción; la piña y la guanábana aroman el camino/ y un vino de palmeras aduerme el corazón . . ./ la muerte viene, todo será polvo: polvo de Hidalgo, polvo de Bolívar,/ polvo de la urna y, rota ya la urna,/ polvo en la ceguedad del Aquilón . . . // Mi vaso lleno —el vino de Anáhuac—/ mi esfuerzo vano -estéril mi pasión—/ soy un perdido —soy un marihuano— a beber, a danzar al son de mi canción . . // La noche es clara y da embriaguez de mieles,/ la tierra es bella en su cendal de brumas;/ vivir es dulce, con dulzor de trinos;/ canta el amor, espigan los donceles,/ se puebla el mundo, se urden los destinos . . ./ ¡Que el vino del Anáhuac me alivie el corazón!/ ¡A danzar! ¡A girar en raudos torbellinos!,/ vano el esfuerzo, estéril la pasión.

El misterio existencial de este poeta irrefrenable comenzó con su nacimiento en 1883 en Santa Rosa de Oso, población de aldeanos y agricultores honrados de la selva profunda de Antioquía en Colombia. Su padre lo abandonó como a su madre, que tuvo que ganarse el sustento de profesora de escuela y de guitarra, pero el niño Miguel Ángel Osorio Benítez no sufrió de abandono porque le criaron su buena abuela y varias tías maternas solteras, prodigándole todas las ternuras. De ellas se acordaría ya mayor durante sus continuos viajes y ostracismos.

Niñez de costumbres puras y juventud donde conoció el amor de mujer, del que jamas renunció Después de una breve campaña militar en la guerra civil y empezar a ganarse la vida como profesor rural con insaciables afanes de lectura. Mas, una tarde, sus alumnos le vieron partir y nunca regresó.

Y se fue por el Magdalena a Barranquilla, donde compuso un canto a esa ciudad, vivió varios meses en casa del poeta Lino Torregrosa y asistió a las tertulias literarias de Leopoldo de la Rosa a quien dedicó la "Balada de la loca alegría"; para entonces se había hecho famoso por su aberrante bohemia diaria que lo trastornaba haciéndole fumar marihuana, trasegar' malos licores y perseguir efebos, sobre todo esto último hizo que a la postre viajara a Costa Rica, huyendo de la opinión que lo señaló con insistencia.

En Centro América escribió su “Parábola del retorno” y ya famoso viajó a La Habana pasándose por “Ricardo Arenas”; más sus inclinaciones sexuales pronto le abrieron brechas y como queriendo cerrarlas, un día cambió de nombre y empezó a firmar “Porfirio Barba Jacob”.

Nuevamente estuvo en Méjico, fundó la “Revista Contemporánea” y reunió a lo más granado del pensamiento y la literatura de ese país. Después dirigió el periódico “El Imparcial” y tuvo lances de aventurero y poeta. Desilusionado del extranjero regresó a Colombia, se estableció en Bogotá y al poco tiempo salió de allí “porque no podía pecar libremente”.

En Medellín trabajó en la redacción de “El Heraldo de Antioquía”, escribió mucho y dio recitales demostrándose orgullosamente cínico en sus reclamos pasionales y hablando de ellos en público y con desparpajo, por eso fue nuevamente a México cargado de bituperios y enfermo de tuberculosis, murió el 14 de enero de 1942 en un hospital. Tenía 59 años pero parecía un anciano. Tanto había vivido!

Su poesía más conocida es “La canción de la vida profunda”, un fragmento dice así: //Hay días en que somos tan móviles, tan móviles/como las leves briznas al viento y al azar,/Tal vez bajo otro cielo la dicha nos sonría ...//La vida es clara, undívaga y abierta como el mar. //Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,/ como en abril el campo que tiembla de pasión:/bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,/el alma está brotando florestas de ilusión.//! hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,/como las entrañas obscuras de obscuro pedernal:/la noche nos sorprende con sus profusas lámparas, /en rútilas monedas tasando el Bien y el Mal. //Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos,/niñez en el crepúsculo, laguna de zafiro/que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza, /y hasta las propias penas nos hacen sonreír...//