TOMO IV
 
 
 TOMO I
TOMO II
TOMO III
     


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MIS ILUSTRES COLEGAS
JUECES Y ABOGADOS
Ahora que dicen que hay dos Cortes, ambas Supremas, recuerdo mis épocas de estudiante universitario cuando iba a los juzgados y tribunales a copiar sentencias a manos para practicar y aprender. Entonces había un Ministro Juez muy antiguo al que por decoro correspondía ocupar la presidencia de la Corte Superior, pero sus malvados colegas año a año le cerraban el paso con diversas disculpas y el pobre a duras penas obtenía dos o tres votos cuando más. Y el asunto iba para la quinta ocasión cuando decidió no volver a insistir, porque su candidatura ya estaba manida.

Esa tarde de la elección un pasante de la secretaría fue falsamente informado que el Doctor de nuestro cuento por fin había triunfado y por unanimidad de votos, en la sesión de las dos y que para celebrar la victoria había invitado a los demás ministros a servirse un cebiche en el Yatch. Mi amigo se creyó el cuento, que todo -era mentira, y muy feliz contento y a eso de las tres, cuando llegó el Doctor ... se le abalanzó eufórico al grito de ¡Felicitaciones, al fin dejaron de verle la cara de C. confianza extrema que solo era explicable por el tremendo impacto emocional que significaba ver a su jefe enaltecido y honrado con la presidencia del más alto organismo judicial del Guayas, ¿Y qué creen Uds. que pasó?

El aludido, extrañado por el improntus, preguntó: ¿Por qué jovencito?. Porque lo eligieron, fue la respuesta.

Y el Ministro, viendo que era el blanco de las miradas burlescas de los demás empleados de la Corte, porque el asunto fue en público, se empezó a poner colorado y gritó a todo pulmón ¡carajo! metiéndose rápidamente en su oficina, no sin escuchar una carcajada general que debió haberle dolido en el alma. Desde entonces el buen Juez pasó a ser conocido en los corrillos judiciales con el apodo de "Cara de Carajo" porque ya no le podían ver la otra, la de C.

Un tremendo Juez bajaba las escaleras del Palacio y oyó que a sus espaldas alguien le chifleaba "cueco" y como esto era un agravio, dada la majestad de sus funciones, que no podía tolerar, se volteó tímidamente para observar quien era el atrevido. Así las cosas, se encontró frente a un sobrino con quien venía manteniendo ciertas diferencias económicas motivadas por unas cuentas de herencia. ¿Qué hacer? se preguntó el viejo, seguir bajando como si nada o regresarme a reclamar. Mejor bajo las escaleras y reclamo en la puerta y siguió bajando, pero entonces oyó y sintió que algo espeso le había caído en la parte posterior del elegante saco de casimir que vestía y hasta le pareció que le chorreaba lentamente. ¿Será un escupitajo? ¿Qué hacer? Mejor sigo bajando y ahora más rápidamente. Ya iba por el primer piso y entonces comprendió que había caído en una celada, pues en el descanso de la escalera lo estaba esperando el resto de su sobrinada, cada uno con una cara más dura que el otro y hasta parecían dispuestos a todo, pero como "el hijo del hombre nunca muere boca abajo", según decir de la filosofía populachera de nuestro agro, el ilustre abogado exclamó ¿Pago o pego? y los sobrinos quedaron mudos de sorpresa, entonces aprovechó la indecisión de ellos y él mismo se respondió ¡Mejor pago! —¿Cuánto es muchachos queridos?— y les giró un cheque, que la cosa no era para tanto y hasta tenía fondos. Esta anécdota revela que es de inteligente aceptar las realidades y que no siempre se gana en la vida.

Había fallecido un ilustre jurista y fui a su entierro, numerosos amigos y compañeros estaban presentes y como era la costumbre, hice cola para ver al muerto, poner cara de tristeza y dar el pésame a los hijos, dos de los cuales eran abogados. En esas me encontraba cuando un distinguido abogado se me acercó misteriosamente y me dijo ¡Cámbiate de bolsillo la billetera, que si no, te la manotea el muerto, con un movimiento reflejo de los que aún le han de quedar! luego se acercó a otro colega y tiene que haberle dicho lo mismo porque éste soltó una risita que se oyó hasta en las primeras filas. ¿Así eran los entierros!.

Hacia 1961 había un Ministro-Juez que era muy bajito y ocurrió un conato popular para reclamar a la Corte no sé qué enjuiciamiento, así fue como una mañana varias docenas de universitarios subieron corriendo las escaleras de la Corte al grito de "Muera el Ministro ..." y se le metieron al despacho con gestos amenazantes. El viejo nunca había aparentado machismo, pero ese día estaba en su día y se levantó violentamente del sillón, colocado detrás del escritorio ¡Silencio, mangajos, que están delante de la Ley! y todos callaron, pero uno de los de atrás, haciéndose el gracioso contestó ¡Qué se pare, que se pare la Ley! aludiendo a su pequeña estatura. Entonces todo fue risas y chácharas pero el viejo no se acoquinó y gritó ¡La Ley está bien parada! metió la mano en el cajón y sacó un revólver. Uno de los que estaban presentes gritó ¡Corramos que el viejo nos va a matar! y todo fue un desbandarse de gente que daba gusto, porque él, inteligentemente y para aumentar la presión, disparó dos tiros al aire. Desde entonces le pusieron el sobrenombre de "Culebrita" porque decían que son las más venenosas.

Por 1959 hubo un conflicto colectivo en el dispensario del Seguro de la Calle Chile y Colombia. Los internos declararon la huelga y se tomaron el edificio, cerrando sus puertas. Las autoridades provinciales amenazaron con el desalojo y el abogado de los trabajadores Dr. Carlos Feraud Blum decidió acompañar a sus clientes en la actitud de hecho. Entonces Eduardo Carmigniani dirigió el desalojo y ocurrió un enfrentamiento que fue muy publicitado por los diarios. A consecuencia de esta acción se reunieron varios profesores en el estudio del Dr. Jorge Zavala Baquerizo y reestructuraron el antiguo Colegio de Abogados que había permanecido inoperante por muchos años.