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MIS
ILUSTRES COLEGAS
JUECES Y ABOGADOS
Ahora que dicen que hay dos Cortes,
ambas Supremas, recuerdo mis épocas de estudiante
universitario cuando iba a los juzgados y tribunales
a copiar sentencias a manos para practicar y aprender.
Entonces había un Ministro Juez muy antiguo
al que por decoro correspondía ocupar la presidencia
de la Corte Superior, pero sus malvados colegas año
a año le cerraban el paso con diversas disculpas
y el pobre a duras penas obtenía dos o tres
votos cuando más. Y el asunto iba para la quinta
ocasión cuando decidió no volver a insistir,
porque su candidatura ya estaba manida.
Esa tarde de la elección un pasante de la secretaría
fue falsamente informado que el Doctor de nuestro
cuento por fin había triunfado y por unanimidad
de votos, en la sesión de las dos y que para
celebrar la victoria había invitado a los demás
ministros a servirse un cebiche en el Yatch. Mi amigo
se creyó el cuento, que todo -era mentira,
y muy feliz contento y a eso de las tres, cuando llegó
el Doctor ... se le abalanzó eufórico
al grito de ¡Felicitaciones, al fin dejaron
de verle la cara de C. confianza extrema que solo
era explicable por el tremendo impacto emocional que
significaba ver a su jefe enaltecido y honrado con
la presidencia del más alto organismo judicial
del Guayas, ¿Y qué creen Uds. que pasó?
El aludido, extrañado por el improntus, preguntó:
¿Por qué jovencito?. Porque lo eligieron,
fue la respuesta.
Y el Ministro, viendo que era el blanco de las miradas
burlescas de los demás empleados de la Corte,
porque el asunto fue en público, se empezó
a poner colorado y gritó a todo pulmón
¡carajo! metiéndose rápidamente
en su oficina, no sin escuchar una carcajada general
que debió haberle dolido en el alma. Desde
entonces el buen Juez pasó a ser conocido en
los corrillos judiciales con el apodo de "Cara
de Carajo" porque ya no le podían ver
la otra, la de C.
Un tremendo Juez bajaba las escaleras del Palacio
y oyó que a sus espaldas alguien le chifleaba
"cueco" y como esto era un agravio, dada
la majestad de sus funciones, que no podía
tolerar, se volteó tímidamente para
observar quien era el atrevido. Así las cosas,
se encontró frente a un sobrino con quien venía
manteniendo ciertas diferencias económicas
motivadas por unas cuentas de herencia. ¿Qué
hacer? se preguntó el viejo, seguir bajando
como si nada o regresarme a reclamar. Mejor bajo las
escaleras y reclamo en la puerta y siguió bajando,
pero entonces oyó y sintió que algo
espeso le había caído en la parte posterior
del elegante saco de casimir que vestía y hasta
le pareció que le chorreaba lentamente. ¿Será
un escupitajo? ¿Qué hacer? Mejor sigo
bajando y ahora más rápidamente. Ya
iba por el primer piso y entonces comprendió
que había caído en una celada, pues
en el descanso de la escalera lo estaba esperando
el resto de su sobrinada, cada uno con una cara más
dura que el otro y hasta parecían dispuestos
a todo, pero como "el hijo del hombre nunca muere
boca abajo", según decir de la filosofía
populachera de nuestro agro, el ilustre abogado exclamó
¿Pago o pego? y los sobrinos quedaron mudos
de sorpresa, entonces aprovechó la indecisión
de ellos y él mismo se respondió ¡Mejor
pago! —¿Cuánto es muchachos queridos?—
y les giró un cheque, que la cosa no era para
tanto y hasta tenía fondos. Esta anécdota
revela que es de inteligente aceptar las realidades
y que no siempre se gana en la vida.
Había fallecido un ilustre jurista y fui a
su entierro, numerosos amigos y compañeros
estaban presentes y como era la costumbre, hice cola
para ver al muerto, poner cara de tristeza y dar el
pésame a los hijos, dos de los cuales eran
abogados. En esas me encontraba cuando un distinguido
abogado se me acercó misteriosamente y me dijo
¡Cámbiate de bolsillo la billetera, que
si no, te la manotea el muerto, con un movimiento
reflejo de los que aún le han de quedar! luego
se acercó a otro colega y tiene que haberle
dicho lo mismo porque éste soltó una
risita que se oyó hasta en las primeras filas.
¿Así eran los entierros!.
Hacia 1961 había un Ministro-Juez que era muy
bajito y ocurrió un conato popular para reclamar
a la Corte no sé qué enjuiciamiento,
así fue como una mañana varias docenas
de universitarios subieron corriendo las escaleras
de la Corte al grito de "Muera el Ministro ..."
y se le metieron al despacho con gestos amenazantes.
El viejo nunca había aparentado machismo, pero
ese día estaba en su día y se levantó
violentamente del sillón, colocado detrás
del escritorio ¡Silencio, mangajos, que están
delante de la Ley! y todos callaron, pero uno de los
de atrás, haciéndose el gracioso contestó
¡Qué se pare, que se pare la Ley! aludiendo
a su pequeña estatura. Entonces todo fue risas
y chácharas pero el viejo no se acoquinó
y gritó ¡La Ley está bien parada!
metió la mano en el cajón y sacó
un revólver. Uno de los que estaban presentes
gritó ¡Corramos que el viejo nos va a
matar! y todo fue un desbandarse de gente que daba
gusto, porque él, inteligentemente y para aumentar
la presión, disparó dos tiros al aire.
Desde entonces le pusieron el sobrenombre de "Culebrita"
porque decían que son las más venenosas.
Por 1959 hubo un conflicto colectivo en el dispensario
del Seguro de la Calle Chile y Colombia. Los internos
declararon la huelga y se tomaron el edificio, cerrando
sus puertas. Las autoridades provinciales amenazaron
con el desalojo y el abogado de los trabajadores Dr.
Carlos Feraud Blum decidió acompañar
a sus clientes en la actitud de hecho. Entonces Eduardo
Carmigniani dirigió el desalojo y ocurrió
un enfrentamiento que fue muy publicitado por los
diarios. A consecuencia de esta acción se reunieron
varios profesores en el estudio del Dr. Jorge Zavala
Baquerizo y reestructuraron el antiguo Colegio de
Abogados que había permanecido inoperante por
muchos años.
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