TOMO IV
 
 
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TOMO II
TOMO III
     


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LOS GALLINAZOS EL BESO Y EL SALUDO
Sabido es por todos que desde siempre han existido los horrendos gallinazos en esta parte de América, si hasta parecen el ave emblemática de la nación, pues a pesar que tragan toda clase de porquerías nunca les pasa nada y cada vez están mejor. En los Estados Unidos un científico famoso extrajo del estómago de una gallinazo los jugos gástricos, dizque para ver que contenían y recetar algo parecido a los humanos que sufren de indigestión. Dichos jugos, terminó aceptando el sabio, son tan fuertes, que cualquier carroña por muy pestífera que sea, la disuelve en más corto tiempo del que demora en santiguarse un cura ñato y aquí no pasó nada.

En Quito, hace muchos años, un conocido diputado de provincia pidió que le entregue el Gobierno cien gallinazos para llevárselos a otra parte de la sierra, donde había una peste de langosta. El pobre creía remediar dicho mal con los gallinazos, aves que comen de todo, incluso langostas. En cada jaula quería un gallinazo y una gallinaza, tanto para que no se aburran en el camino cuanto para la propagación de la especie. Si llegaban al final del camino y se aclimataban, empezarían a devorar las langostas, a veinticinco diarias cada uno, con lo cual los cien se comerían 2.500 langostas diarias y 872.000 al año, cifra baja tratándose de una plaga de langostas. Faltaría saber si 25 langostas le caben a un gallinazo en la panza y no lo matan de un torozón.

Si los gallinazos terminaban con dicha plaga, -calculaba el Diputado- el Ecuador tendría una fuente de ingresos y hasta saldría de la deuda externa pues no habría país en el mundo que se resistiera a importar unos cuantos cientos de estas utilísimas aves y entonces comenzaría la cría de ellos en corrales, patios y jardines. Y hasta el intercambio con los Estados Unidos y Europa ¡Pingüe negocio de ciernes!.

Por entonces también se puso de moda el que las mujeres se dieran dos besos en la cara cada vez que se encontraban en la calle, dizque esto les había llegado de Francia donde el besuqueo es cosa antigua y muy común al punto de que nadie se asombra. Por eso es que salió un coplero, que puso en blanco y negro lo siguiente: El Beso //Hay un vicio femenino/ en aquesta capital,/ que de la Francia nos vino/ para aumentar nuestro mal;/ se saludan dos ingenuas/ y en cariñosos excesos/ con sus boquitas risueñas/ se cambian besos por besos.../ — ¡Ay, mi vida! ¿Cómo estás? / Chiz! chis!/ Chas!/ Chas!/ — Ay, muy feliz,/ Chas! Chas!/ Chas! Chis!// Y este vicio estrafalario./ha llegado a extremo tal,/ que en la calle, en el sagrario,/ y en la iglesia Catedral,/ en el centro de la Plaza,/ en el puente, en mercaderes,/ en el teatro y en su casa/ se ensalivan las mujeres./ — ¡Ay, mamita! ¿Dónde vas?/ Chis! Chis'./ Chis! Chas!// ~ A la esquina por barniz./ Enferma doña Bélica,/ de viruela confluente; /la vé el médico y explica/ que el contagio es inminente;/ más Inés entra de paso/ y la esa muy ufana/ dándole uno y otro abrazo/ como si estuviera sana;/ — Ay, que mejorcita estás'./ Chis! Chis!/ Chas! Chas!// ¿Qué ilusión podrá tener/ aquel que mira a su amada, /besando a alguna mujer/ de boca sucia y pintada?/ ¿Qué ilusión podrá abrigar/ por esos labios de rosa,/ cuando los ve profanar/ por una boca asquerosa?// ¡El beso!.... subidos encanto/ para el corazón que adora,/ prodigando tanto y tanto/ pierde el valor que atesora./ Niñas: por deber os toca/ guardarlo siempre con calma/ "Nunca beséis con la boca/ siempre besad con el alma//.

En esos tiempos también salió la mala costumbre de saludarse con la mano, costumbre que llegó procedente de los Estados Unidos, pues antes a nadie se ocurría entregar los cinco dedos, que a veces están sucios y malolientes y en otras ocasiones parecen esponjas por lo sudorosos. Aún más, si la persona amiga que nos encuentra en la calle es de las muy afectuosas, se engancha en un caluroso abrazo y no hay poder humano que lo desabraque. Otros sostienen la mano y la sacuden a gusto, como si se tratara de un antiguo fonógrafo de cuerdas. En fin, que en esto de abrazos, saludos y apretones, cada quien practica el que más le agrada y si uno se resiste a estrechar los cinco, entonces vienen los resentimientos. Acabo de encontrar a fulano — Muy buen sujeto! — Que vá inculto y malcriado dirás ¡Si! Figúrate que me saludó sin dar la mano!- Jesús ¡Qué grosería! Yo sabré desquitarme en otra ocasión y así por el estilo hay que darla y darla en cada encuentro, en cada esquina, en cada cuadra, tantas y tantas veces como uno sea conocido en los contornos. Por eso es que don Pancho Urbina caminaba con las manos para atrás pues temía los contagios de microbios.