TOMO IV
 
 
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TOMO III
     


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LOS EGLOGICOS EFLUVIOS
La hermosísima comarca cuencana llena de retamas y de ensueños, ha incitado a sus hijos a cantarla en eglógicos efluvios (1) corriente lírica tan natural y humana por venir de quienes han cultivado la tierra y las letras.

Y en Cuenca vivía César Andrade y Cordero, afligido por dolores físicos pero con el alma intacta, alma de caballero y de poeta, escribiendo diariamente en "El Mercurio" bellísimas crónicas de elegancia modernista donde campeaba un idioma metafórico y de sonora exuberancia; mas no se crea que el Maestro solo dedicaba su tiempo al diario vivir, su labor periodística había tenido horas más altas, pues hombres de su cultura no pueden reducir su ámbito a tan poco y por ello fue por más de cuarenta años antena de impresión, faro de luz y guía de opiniones. Hoy voy a relievar otra de sus facetas, su poesía preciosista y melódica vinculada a tierras azuayas y cañaris y a sus gentes sencillas.

"Del Sosegado Afán" //Ir a ver como brotan nupciales, los ciruelos /Y en el huerto beberse la miel de las mañanas; /platicar con barbudos labradores abuelos /Cuando los vientos duermen detrás de las montañas. //Desde el rincón discreto que huele a manzanilla /Ver que la luna entreabre su párpado en la altura /Y cavilar apenas; y en la grata y sencilla /amistad del silencio poblarse de ternura. //Llevar la azul espina de un amor ya distante; /dejar que bogue el alma en la quietud fragante, / I hundirse entre la vaga simpleza de las cosas. //Besar rostros de niños, mirar plácidamente. /Y una tarde dormirse definitivamente /Entre un sollozo de auras y un suspirar de rosas //1948.

(1) Sentimientos dedicados a la vida bucólica y campestre.

Y al igual que nuestra Aurora Estrada que cantara a la Casa en ruinas, Andrade y Cordero escribió "Punto Blanco //Aquel puntito blanco al pié de las laderas /Es la morada en ruinas de mi niñez floridas /Traía en sus ventanas marco de enredaderas /Y en su tibiez profunda yo deshilé mi vida //La brisa, por las tardes, cantando en la espesura. /Rasgaba voces húmedas en la tranquila fronda. Mientras el gran zafiro del sol iba en la hondura /Del celaje soltando su cabellera blonda. //Aquel puntito blanco, nidal de mis amores,/ Ahogándose en los trinos que pueblan la mañana //Hoy, en mi vida yerma, es lo único que brilla. /Y allá se llega mi alma doblando una rodilla /Porque esa es la sonrisa de Dios en la montaña//

En "Soledad" abre el estuche de su corazón y lanza una queja. //Hacia esta soledad —más soledad que nunca—/ A darme compañía vienen los que yo amaba: /Mi madre, cuya voz quedó por siempre trunca./Y el amigo dilecto, y aquella en quien soñaba. //Romero de recuerdos, desandando el camino /nada hallo en esta ronda de la ansiedad nocturna. /Despiadado, levanta sus muros el destino /y a su rincón retorna el alma taciturna//. Duermen los alhelíes del jarrón. Cae la lluvia /Lentamente sus aires balsámicos efluvia /EI jardín que al regazo del agua se ha dormido; //Y cuando ya no queda ni un rumor que se escuche, /El corazón entreabre su recóndito estuche /Donde, vibrando, el Cosmos, deja oír su latido . . . //

“Nostalgia es otro cantar a esa soledad que fue sintiendo el poeta con el paso de los años y que le envolvió como fiel compañera//. Los ciruelos se enferman de blancura en Octubre/ Y sobre ellos se irisan las libélulas de oro; /lentejuelas de cielo trae el río y se cubre /De destellos el árbol y se torna canoro. //Canta el viento en las ramas como entonces. Añoro /Tus secretos encantos que el secreto descubre/ Y con honda nostalgia todavía te adoro /Todavía un enjambre de ilusiones te encubre /Trae el viento ese aroma de violetas, tan tuyo; /EI crepúsculo enciende otra vez su cocuyo/ Y luciérnaga en vuelo, huye el beso que invoco // Por la oscura arboleda tu silueta se esfuma /Y en la tarde de Octubre que agoniza en la bruma /Sólo vagan las sombras del pasado que evoco//.