TOMO IV
 
 
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TOMO II
TOMO III
     


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LO FAUSTICO Y LO APOLINEO
Guayaquil y Quito representan dos posiciones antagónicas frente a la vida, distintas y contradictorias. Guayaquil es pasión sin freno y desbordar continuo de vitalidad y fuerza, ciudad que se renueva en hombres y en ideas cada quince años y eso es lo Fáustico, capacidad de realizar grandes acciones y hasta cometer los peores excesos; ha sido la cuna de las libertades patrias, ha producido los más efervescentes valores de nuestras letras y dado al país sus mejores revolucionarios. Quito, por contraste, es meditación y calma, lo Apolíneo, el perfecto equilibrio de las fuerzas de la naturaleza, un modo de ser y de sentir, por ello sus gentes buscan una posición a cualquier otra circunstancia. Sin embargo la historia enseña que lo Faustino mueve al mundo más que lo Apolíneo. Y dentro de este esquema generalizado que estamos ofreciendo, existen notables excepciones. Espejo fue Fáustico por excelencia, basta leer sus cartas a los Curas de Riobamba para conocer de su pasión arrolladora y a veces injusta y Guayaquil ha producido apolíneos como Alfredo Espinoza Tamayo, equilibrado, científico, maduro y la inteligencia mejor organizada del país a principios de este siglo; pero la regla es general y divide a ambas ciudades por su geografía y temperamentos, mar y montañas, espacios abiertos y círculos cerrados y concéntricos, predisponiendo las conductas individuales, las formas de ser y de sentir del grupo.

Fausto es en la literatura universal el símbolo del hombre sabio y del científico y sin embargo tan humano e imperfecto, tan imperfecto, que deseoso de prolongar su juventud y alcanzar la inmortalidad que los dioses le negaron a Prometeo, llegó hasta el crimen, vendió su alma al Diablo y cayó en poder del mal. Fausto es ávido, simpático y apasionado; desde el mundo, rechaza armonizar el pensamiento y la acción, lo quiere todo, incluso el amor de la casta Margarita; por eso los guayaguileños viven belicosamente por lo que estiman más noble y sutil, son capaces de matar y morir y actúan, siempre actúan.

Lo apolíneo en cambio es la unidad, la belleza clásica y fría de las formas marmóreas y sin vida que sin embargo son perfectas. Lo apolíneo atrajo en la antigüedad y formó una civilización tan compleja como la griega, cuyos cánones estéticos aún el hombre moderno no puede superar. Quito es arte y meditación, espiritualidad y sacrificio, ciudad capaz de producir místicas como Mariana y Catalina de Jesús aunque ésta última solamente se formó en Quito.

Podría pensarse que ambos modos de ser se contraponen, pero no es así, porque de la síntesis de ambas surge la historia; síntesis que es lucha y desasoiego, enfrentamiento y pugna y así fue en el pasado y lo es hoy que la Iglesia —sociedad organizada perfectamente desde hace dos mil anos— siente el murmullo interior de un cambio fáustico y terrible ¿Necesario?.

Se trata de la teología de la liberación enunciada por varios teólogos brasileros y tercermundistas que no se habienen a la situación socioeconómica de las clases menesterosas y luchan por obtener cambios a través de la acción pastoral. Dichos teólogos han ido demasiado lejos, presentando un problema que sólo interesa a quienes lo sienten y las posiciones que han adoptado han sido heterodoxas y en muchos casos violentas y fuera de la ley. ¿A dónde vamos? ¿Existe el peligro de una cisma tan grave como el de occidente para el caso que los tercermundistas elijan un nuevo Papa en Brasil, lo que no sería raro; o como en el cisma de oriente donde la teología se interpuso y rompió la unidad con sutilezas interpretativas? No lo sé, pero el peligro existe y es necesario que cedan las partes en beneficio de un frente común que forzosamente deberá ser el anticomunismo, pues está probado que detrás de las cortinas de hierro o de bambú, no hay cabida para el catolicismo ni para ningún otro credo espiritualista o religioso, allí el estado es la suprema manifestación social, la única, con exclusión de cualquier otra.

Lo lamentable de todo esto es que ahora que la Iglesia ecuatoriana está esperanzada en la llegada del Papa, se susciten polémicas y controversias entre sus más connotados miembros. Juan Larrea es el primer civilista del país y hombre de consulta, su ilustre padre logró prepararlo en el Colegio Pío Latinaomericano llamado Academia de Monseñores, no propiamente para Obispo pero sí para erudito e intelectual. Su pensamiento, como se ha dicho, es conocido, pero no por ello menos respetado en razón de la pureza de sus conceptos y alta espiritualidad y es el portavoz de los ortodoxos.

Pepe Gómez es también un hombre superior, místico y hasta asceta, se educó en Chile, en Roma y en la escuela de nuestro recordado Monseñor Beauger que tanto tenía de sabio como de santo y que lamentablemente ya no está entre nosotros. Pepe es un lujo de sacerdote, un venerable cristiano capaz de llegar a cualquier sacrificio por sus hermanos los pobres; todo lo dejó por ellos, desde la novia y una vida de comodidades hasta un brillantísimo futuro como abogado, pero su vocación fue superior y a través de más de 30 años ha demostrado que no claudica en sus ideales, que su sacrificio diario no tiene fin.

¿Podrían este par de primos no tan lejanos por Borja, hacer un alto en sus faenas e intentar un diálogo? ¿Será esto mucho pedir?. Ojalá que el corazón los lleve a un acercamiento y cesen las polémicas, pero para ello la jerarquía debe ceder a los liberacionistas, concretar metas posibles, próximas. En caso contrario, el año 2000 tendremos una iglesia latinoamericana y cismática.