TOMO IV
 
 
 TOMO I
TOMO II
TOMO III
     


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GRANDEZA DE GUAYAQUIL Y QUITO
En agosto de 1534 se fundaron Santiago y San Francisco de Quito, luego conocidas como Guayaquil y Quito, respectivamente; dos ciudades, dos destinos. La primera pasó a la Costa, pues a los españoles les interesaba tener un puerto seguro para el tráfico marítimo y fluvial del país. La segunda permaneció cerrada entre montañas, su destino era ser la capital del país y como la cultura incásica fue andina, también lo fue Quito. Quedaron trazadas ambas rutas, una sería hacia el futuro, a través de la brecha dejada por el río Guayas en la jungla. Otra, la mayestática ciudad del recuerdo, señorial, altiva y capital.

EL DESTINO GUAYAQUILEÑO
Enclavada en la cuenca hidrográfica del más grande río Americano en el Pacifico, siempre fue Puerto Principal y astillero de fama. Desde sus inicios quizo abrir caminos. Hacia el Sur llegó hasta el desierto de la Costa peruana por Balao y Naranjal. Por el Golfo ocupó la isla Puna y controló el comercio con Santa Elena y el Perú. Por el Norte intentó la conquista del país de las Esmeraldas y para ello contó con Andrés Contero y Martin González de Carranza y una naciente clase económica formada por encomenderos vecinos principales. A fines del siglo XVI Contero salió de Guayaquil y después de muchas penurias llegó a las selvas de Quevedo donde fundó la ciudad de Castro, así llamada en honor al Lcdo. Vaca de Castro. Poco después regresó a Guayaquil y dejó encargada la nueva fundación a su yerno el Cap. Martín González de Carranza que encontró merte violenta en una guazabara con los indígenas y para colmos, las autoridades de la Audiencia ordenaron levantar la fundación, con pretexto que estaba "en términos de Quito", y celosas del éxito alcanzado por los primeros guayaquileños. Lástima grande porque si la ciudad de Castro hubiera progresado se habría intentado la colonización de la provincia de Manabí por atrás, por el valle del río Chone, comunicándola con el resto del país. Por algo se ha dicho que la causa del atraso de Manabí es su incomunicación que la mantiene alejada y solitaria, asomada a un mar que sólo le ha brindado su pesca y recién desde este siglo un ligero contacto con el comercio mundial a través del Canal de Panamá.

Fracasado el intento expansionista de Guayaquil por el Norte, la ciudad se contentó con mirar exclusivamente hacia el Sur y se conectó con Paita, Piura y Lima al punto que durante la colonia fue zona de indiscutible influencia peruana. Los jefes de las flotillas de guardacostas del Norte del Perú vivían en Guayaquil y sólo a raíz de 1822, cuando la férrea autoridad de Bolívar nos anexó a Colombia, se rompió este nexo, haciendo que Guayaquil vuelva sus ojos otra vez al Norte, por Babahoyo, que entonces llamaba Bodegas, paso obligado hacia Ventanas, Puebloviejo y Zapotal, por donde penetraba el Camino Real a los Andes.

Ha sido con la República, creada por Flores como ente centralista y absorbente, que Guayaquil inició su vía crucis económico; García Moreno nos quitó la bandera celeste y blanca, nos cercenó la zona de la provincia Los Ríos y dijo que sólo habían dos cabezas buenas en el puerto, la de la mamá de él doña Mercedes Moreno de García, que parece que era muy inteligente y la del plátano. En 1883 los Restauradores se llevaron a la Provincia de El Oro por nimios pretextos y ahora una Junta de Límites que funciona en Quito nos recorta a troche y moche cuanto les viene en gana, en complicidad con el Instituto Geográfico Militar que se presta a todos estos abusos y publica unos mapas mentirosos en donde el Guayas cada vez es menor! Y después nos quejamos de los mapas peruanos!.

Sin embargo tal es nuestra vitalidad zonal que siempre existe algún producto que dá de comer a nuestro pueblo y permite la supervivencia de esta República. Primero fue el cacao, luego la orchilla, la cascarilla, la tagua, el café, la balsa, el arroz, el banano, ahora el camarón. La revolución Juliana de 1925 hizo quebrar al Banco Comercial y Agrícola para que nazca el Central. La dictadura de Castro Jijón quitó las rentas a los municipios formando un mal llamado "Fondo de Participaciones" que por estático es injusto y mantiene a los Concejos en una especie de servidumbre económica del poder ejecutivo. Este sistema se ha perfeccionado, al punto que cuando un concejo es antipático al régimen se le envía los fondos con cuentagotas. La consigna es decapitar a Guayaquil, que sigue creciendo, pero ¿En qué condiciones?.

QUITO DESEA REHACER SU GRANDEZA
Quito creció bajo los españoles por el Norte; Benalcázar llevó sus conquistas hasta la región de los Pastos, Pijaos y demás parcialidades del valle del Cauca, Pasto, Buenaventura, Cali, Buga, Popayán. Quito se constituyó en cabecera de esta región, era sede del gobierno, tenía una sociedad mercantil y universitaria. Formaba a los burócratas, preveía a los curatos y basaba su riqueza en el trabajo manual y colectivo de sus naturales, que mantenía en Obrajes y talleres. Parte del progreso se debía a los Jesuítas, famosos ejecutivos y organizadores, quienes también miraban hacia el Marañón y Amazonas con sus misiones. Quiteños fueron los más destacados colonizadores de los siglos XVI y XVII. De este gloriosísimo esfuerzo nos ha quedado como testimonio una abundante literatura donde lo humano y lo divino corren pareja formando un realismo mágico con el demonio en constante lucha con los hombres. Sin embargo en el siglo XVIII comenzaron a decaer los obrajes por la desleal competencia de las ferias de galeones de Portovelo, Cartagena y Veraguas, el celo misionero terminó y la enseñanza se estancó en culteranas disertaciones y silogismos teológicos, de todo lo cual hay memoria en los diálogos del Dr. Mera con el Dr. Murillo escritos por Espejo. El final llegó en 1767 con la expulsión. Quito sufrió durísimo golpe del que jamás se rehizo, su influencia de ciudad quedó debilitada, y el último favor que recibió de la Orden fue la "Historia del Reino de Quito", monumental obra del Padre Juan de Velasco que ha fundamentado el destino del Ecuador como nación libre.

Para colmo la Independencia acabó con los intelectuales quiteños que fueron asesinados, la unidad geopolítica de Quito se rompió por el Norte y Quito quedó aislada, pero en 1822 Bolívar anexó Quito y el sur, uniendo dos regiones de lazos muy débiles. En 1830 Flores legalizó esta situación y formó la República del Ecuador y desde allí Quito vive junto a Guayaquil en eterna pugna sectorial. En esto Cuenca no ha contado por su ángulo geográfico agudo y escasa productividad.

El futuro deparará sorpresas. Algún día se impondrá el federalismo como sistema de gobierno y vendrán fórmulas de reparto justo y equitativo, que parece la solución más adecuada; sin embargo, cada día las diferencias son mayores, si hasta parecemos dos países distintos,' esto no puede continuar así, la situación explotará en cualquier momento y entonces puede terminar esta unión.