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EL CENTRO
MARDEM
En muchas cosas hemos progresado y
en otras vamos para atrás, pues has de saber
curioso lector que en el Guayaquil de los años
30 al 50 funcionó un Centro de Espiritismo,
aceptado por las autoridades y público en general,
que lo frecuentaba y hacía consultas.
Tal Centro funcionaba en una casa de madera que aún
debe existir por la calle Manabí y la que hacía
de Médium era una señora gorda y de
"mirada fuerte" según me han referido
personas que la llegaron a conocer y tratar; tan fuerte,
que la gente bajaba instintivamente la cabeza cuando
se la topaban de improviso.
Bajo tan buenos augurios la dicha médium realizaba
sus sesiones nocturnas con mesa de madera de tres
patas y encolada, para que los clavos no perturben
el fluido y los espíritus se presenten con
toda confianza, como en casa propia.
Las sesiones eran gratuitas o pagadas. A las primeras
iban unos cuantos caballeros y damas habitúes
al lugar, que gustaban de tales prácticas.
A las segundas podía concurrir cualquiera.
En alguna ocasión un caballero preguntón
pidió hablar con el espíritu del General
Eloy Alfaro y dicen que el viejo luchador no tuvo
empacho en conversar largamente sobre el ferrocarril,
dando detalles de gran interés para la historia.
En otra ocasión alguien llegó cuando
se escuchaba una voz aguda y aflautada que hablaba
con gran parsimonia. El recién llegado preguntó
que a qué dama se había convocado y
recibió una sonora cachetada —chirlazo
como dicen los serranos- que lo tumbó al suelo.
Y no era para menos, el que estaba hablando era nada
más ni nada menos que el espíritu del
Gran Mariscal de Ayacucho, General Antonio José
de Sucre, vencedor en Pichincha y libertador nuestro.
¡Caramba, que confusión más embarazosa!.
Una pacata dama dizque llamó al espíritu
de su esposo para preguntarle que cuándo podía
volver a casarse ella y entonces él contestó
que nunca. La muy bobalicona, asustadísima,
volvió a preguntar el porqué de tan
drástica medida y el espíritu le agregó:
¡Porque soy celoso! y no quizo volver a hablar.
Así son algunos espíritus del más
allá, celosos e intransigentes.
En otra ocasión un cándido venido del
campo hizo la consulta en sesión y se regresó
a su tierra, pero a los ocho días estaba de
vuelta, asustadísimo, pidiendo que el corten
a un espíritu burlón que se le había
pegado en la sesión y no le abandonaba las
veinticuatro horas del día, tomándole
el pelo a más y mejor con bromas de toda índole.
Hubo que darle ciertos pases magnéticos y cortarle
el aire con tijera de acero previamente oreada en
noche de luna, que es la mejor que hay para espantar
a los espíritus pegajosos, según saben
los entendidos en estas artes.
PROBLEMA PROFESIONAL
En otra ocasión alguien llamó
al teléfono del Centro Mardem presentándose
como un espíritu burlón que quería
hablar con la médium de turno; para entonces
era tal la clientela que la gorda fundadora había
tenido que turnarse con otras médiums amigas;
así es que puesta una de ellas al teléfono,
el espíritu le gritó desde el otro lado
de la línea: ¡Adivina quién soy!
y como la médium no lo pudo hacer, de la sorpresa
que tenía, el espíritu volvió
a gritar: ¡Farsante, no eres médium!
¡Carajo!
ESPIRITUS LANZADOS
A VISITA
Cuando se enfermaba algún pariente
nunca faltaba quien diera la idea de consultar a un
médico fallecido para ver qué remedios
mandaba. Hechos los pases y cortes magnéticos
para alejar a los espíritus malos y a los burlones
y atraer solamente a los buenos, el consultante era
recibido en sesión y se le decía que
regrese en paz a la casa del enfermo, porque el espíritu
del Dr. tal (alguno famoso) iría esa noche
a visitarlo.
Allí venía lo bueno porque esa noche
nadie dormía esperando la tan sonada visita.
A eso de las doce alguien creía ver una sombra
furtiva, un bulto blanco o sentía un viento
frío y todos se erizaban pensando que la presencia
espiritual del médico se había producido
y entonces venían los gritos, las zafacocas,
las zarabandas, los sipizapes y las histerias, con
sus correspondientes gritos y carreras en la obscuridad
y volcadas de vacenillas que eran de ley al pié
de cada cama y más aún en la del enfermo.
Este, supuestamente, no había sido avisado,
para evitarle el desagrado de ser examinado por un
espíritu, pero al oír los estruendos
y las confusiones, se ponían al día
del secreto. El Guayaquil de esos años era
obscuro y tranquilo y se prestaba a esta clase de
cosas más que el de ahora, que ya nadie cree
en nada.
Con la primera luz se regresaba al Centro a indagar
por los resultados y a veces surgían sorpresas.
En alguna ocasión era una fórmula química,
en otras no habían esperanzas, a veces era
un simple tónico o el nombre de una enfermedad.
Era como el oráculo. ¡Nunca claro ni
completo! Cuando se daban fórmulas había
que recurrir a los boticarios y aquí viene
el cuento una anécdota que como me la contaron
la lanzo, sin comentario alguno.
¿COINCIDENCIA
O PROEZA DEL MAS ALLÁ?
Estaba enfermísimo el Dr. Edmundo
Vera y se moría, así es que unos amigos
suyos fueron a consultar al espíritu del Dr.
Alejo Lascano Bahamonde y éste se presentó
y dictó una fórmula misteriosa que ningún
boticario de la ciudad pudo descifrar, pero el Dr.
Juan Tanca Marengo –que estaba recién
graduado- la tomó para sí y la guardó
en su escritorio; murió el Dr. Vera, fue enterrado
y después de diez años, una noche de
conversación entre los mismos amigos. Tanca
sacó un papelito y lo mostró preguntando
¿Reconocen esta fórmula? Claro, respondieron
todos, es la del Centro Mardem. Bueno, agregó
Tanca, recién me he llegado a enterar lo que
dice. Es la fórmula de la sulfa que acaba de
salir en Alemania; cuando la dieron en el Centro Mardem
ya se había descubierto, pero estaba en experimentación
y era un secreto muy bien guardado. Aquí nadie
la conocía. ¿Proeza del más allá?.
ORISON SWEET MARDEM.- (Hijo de Lewis
Marden y de Marta Cilley). Nación en Toronto,
condado de Grafton, Estado de New Hampshire. Su padre
era un granjero y su madre ama de casa pero murieron
jóvenes. De escasos siete años quedó
huérfano y fue separado de sus hermanas María
y Rosa. Creció en diferentes granjas como muchacho
de servicio doméstico en la dura fe bautista
que nunca abandonó. Aunque durante la edad
adulta cambió la terrible imagen de su padre
que le habían inculcado por una más
dulce y paternal. Un encontró el libro “Solf
Help” de Samuel Smiles le señalo el punto
de conversación de su vida pues le enseñó
que todo era posible conseguir con esfuerzo, paciencia
y dedicación. Desde entonces luchó por
conseguir una educación y tres largos años
de espera finalmente pudo matricularse en la Academia
Colby donde combinó sus estudios con diferentes
trabajos para poder subsistir. De allí en adelante
tuvo numerosos empleos y volvió a estudiar
en la Academia New Hapton acuñando su célebre
frase “Puede quien cree poder”.
En 1.873 ingresó en el Seminario Tecnológico
Andover, fundo un Club Universitario como negocio
y fue contratado por el Rector de la Universidad de
Harvard para dirigir los comedores del Club Memorial
Hall, mientras frecuentaba los salones de la viuda
de Sargent, que vivía en Chenstnut St. Y tenía
un famosos Club Literario, donde Marden conoció
a personalidades del mundo americano de las letras
que le animaron a iniciar la carrera de escritor.
En 1.877 fue Licenciado en Artes y comenzó
estudios de Medicina que abandonó después
para trabajar en hotelería en costas de Rhode
Island donde finalmente adquirió su primer
hotel. Nuevas experiencias hoteleras en Nebraska le
dieron mucho dinero, que sin embargo perdió
en tres años, por las sequías y el incendio
de su hotel Midway en Kearney, donde casi perdió
la vida. Repuesto en parte de dichos reveses rehizo
unos originales que en más de mil cuartillas
habían desaparecido quemados en el incendio
y consiguió un editor para su primer libro,
titulado “Siempre Adelante” (Pushing to
the front) que le dio inmediata fama continental,
fue traducido a diferentes idiomas y hasta se vendió
en Europa. Enseguida lanzó a “Abrirse
paso” (Archtects of Fate) y ambos constituyeron
una epoyeya del éxito pues narraba sus inicios
miserables, sus esfuerzos y logros intelectuales y
comerciales dan consejos para lograr el éxito
en la vida. En 1.897 en Boston el magazine “Success”
que pronto adquirió fama y sirvió para
que los principales escritores de los Estados Unidos
e Inglaterra colaborarán con el. Esta revista
conoció dos épocas, en la segunda salió
como “New Success”. En 1.905, de 55 años
se enamoró de Clara L. Evans, la siguió
cortejándola a Europa y se casaron. El matrimonio
fue feliz, tuvo tres hijos y adquirió una finca
en Long Island, llamada Glen Cove. En sus últimos
años presidió el Club Aldine y sintiéndose
mal de salud en 1.924 viajó con su esposa a
California, para hallar un mejor clima, pero falleció
hospitalizado el Lunes 10 de marzo, tras varias operaciones.
Su nombre ha quedado asociado al éxito y a
la filosofía del éxito de la sociedad
norteamericana pues fue autor de más de cuarenta
libros, muchos de ellos dedicados al redescubrimiento
de la felicidad y Dios. Como se ve, nada tuvo de espiritista
y no nos explicamos el porqué de su nombre
para el Centro que funcionó en Guayaquil. Todos
sus libros salieron con su nombre literato “Doctor
Marden”, aunque nunca se desempeñó
en su profesión médica, pues más
bien fue escritor.
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