TOMO IV
 
 
 TOMO I
TOMO II
TOMO III
     


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EL CENTRO MARDEM
En muchas cosas hemos progresado y en otras vamos para atrás, pues has de saber curioso lector que en el Guayaquil de los años 30 al 50 funcionó un Centro de Espiritismo, aceptado por las autoridades y público en general, que lo frecuentaba y hacía consultas.

Tal Centro funcionaba en una casa de madera que aún debe existir por la calle Manabí y la que hacía de Médium era una señora gorda y de "mirada fuerte" según me han referido personas que la llegaron a conocer y tratar; tan fuerte, que la gente bajaba instintivamente la cabeza cuando se la topaban de improviso.

Bajo tan buenos augurios la dicha médium realizaba sus sesiones nocturnas con mesa de madera de tres patas y encolada, para que los clavos no perturben el fluido y los espíritus se presenten con toda confianza, como en casa propia.

Las sesiones eran gratuitas o pagadas. A las primeras iban unos cuantos caballeros y damas habitúes al lugar, que gustaban de tales prácticas. A las segundas podía concurrir cualquiera.

En alguna ocasión un caballero preguntón pidió hablar con el espíritu del General Eloy Alfaro y dicen que el viejo luchador no tuvo empacho en conversar largamente sobre el ferrocarril, dando detalles de gran interés para la historia. En otra ocasión alguien llegó cuando se escuchaba una voz aguda y aflautada que hablaba con gran parsimonia. El recién llegado preguntó que a qué dama se había convocado y recibió una sonora cachetada —chirlazo como dicen los serranos- que lo tumbó al suelo. Y no era para menos, el que estaba hablando era nada más ni nada menos que el espíritu del Gran Mariscal de Ayacucho, General Antonio José de Sucre, vencedor en Pichincha y libertador nuestro. ¡Caramba, que confusión más embarazosa!.

Una pacata dama dizque llamó al espíritu de su esposo para preguntarle que cuándo podía volver a casarse ella y entonces él contestó que nunca. La muy bobalicona, asustadísima, volvió a preguntar el porqué de tan drástica medida y el espíritu le agregó: ¡Porque soy celoso! y no quizo volver a hablar. Así son algunos espíritus del más allá, celosos e intransigentes.

En otra ocasión un cándido venido del campo hizo la consulta en sesión y se regresó a su tierra, pero a los ocho días estaba de vuelta, asustadísimo, pidiendo que el corten a un espíritu burlón que se le había pegado en la sesión y no le abandonaba las veinticuatro horas del día, tomándole el pelo a más y mejor con bromas de toda índole. Hubo que darle ciertos pases magnéticos y cortarle el aire con tijera de acero previamente oreada en noche de luna, que es la mejor que hay para espantar a los espíritus pegajosos, según saben los entendidos en estas artes.

PROBLEMA PROFESIONAL
En otra ocasión alguien llamó al teléfono del Centro Mardem presentándose como un espíritu burlón que quería hablar con la médium de turno; para entonces era tal la clientela que la gorda fundadora había tenido que turnarse con otras médiums amigas; así es que puesta una de ellas al teléfono, el espíritu le gritó desde el otro lado de la línea: ¡Adivina quién soy! y como la médium no lo pudo hacer, de la sorpresa que tenía, el espíritu volvió a gritar: ¡Farsante, no eres médium! ¡Carajo!

ESPIRITUS LANZADOS A VISITA
Cuando se enfermaba algún pariente nunca faltaba quien diera la idea de consultar a un médico fallecido para ver qué remedios mandaba. Hechos los pases y cortes magnéticos para alejar a los espíritus malos y a los burlones y atraer solamente a los buenos, el consultante era recibido en sesión y se le decía que regrese en paz a la casa del enfermo, porque el espíritu del Dr. tal (alguno famoso) iría esa noche a visitarlo.

Allí venía lo bueno porque esa noche nadie dormía esperando la tan sonada visita. A eso de las doce alguien creía ver una sombra furtiva, un bulto blanco o sentía un viento frío y todos se erizaban pensando que la presencia espiritual del médico se había producido y entonces venían los gritos, las zafacocas, las zarabandas, los sipizapes y las histerias, con sus correspondientes gritos y carreras en la obscuridad y volcadas de vacenillas que eran de ley al pié de cada cama y más aún en la del enfermo. Este, supuestamente, no había sido avisado, para evitarle el desagrado de ser examinado por un espíritu, pero al oír los estruendos y las confusiones, se ponían al día del secreto. El Guayaquil de esos años era obscuro y tranquilo y se prestaba a esta clase de cosas más que el de ahora, que ya nadie cree en nada.

Con la primera luz se regresaba al Centro a indagar por los resultados y a veces surgían sorpresas. En alguna ocasión era una fórmula química, en otras no habían esperanzas, a veces era un simple tónico o el nombre de una enfermedad. Era como el oráculo. ¡Nunca claro ni completo! Cuando se daban fórmulas había que recurrir a los boticarios y aquí viene el cuento una anécdota que como me la contaron la lanzo, sin comentario alguno.

¿COINCIDENCIA O PROEZA DEL MAS ALLÁ?
Estaba enfermísimo el Dr. Edmundo Vera y se moría, así es que unos amigos suyos fueron a consultar al espíritu del Dr. Alejo Lascano Bahamonde y éste se presentó y dictó una fórmula misteriosa que ningún boticario de la ciudad pudo descifrar, pero el Dr. Juan Tanca Marengo –que estaba recién graduado- la tomó para sí y la guardó en su escritorio; murió el Dr. Vera, fue enterrado y después de diez años, una noche de conversación entre los mismos amigos. Tanca sacó un papelito y lo mostró preguntando ¿Reconocen esta fórmula? Claro, respondieron todos, es la del Centro Mardem. Bueno, agregó Tanca, recién me he llegado a enterar lo que dice. Es la fórmula de la sulfa que acaba de salir en Alemania; cuando la dieron en el Centro Mardem ya se había descubierto, pero estaba en experimentación y era un secreto muy bien guardado. Aquí nadie la conocía. ¿Proeza del más allá?.

ORISON SWEET MARDEM.- (Hijo de Lewis Marden y de Marta Cilley). Nación en Toronto, condado de Grafton, Estado de New Hampshire. Su padre era un granjero y su madre ama de casa pero murieron jóvenes. De escasos siete años quedó huérfano y fue separado de sus hermanas María y Rosa. Creció en diferentes granjas como muchacho de servicio doméstico en la dura fe bautista que nunca abandonó. Aunque durante la edad adulta cambió la terrible imagen de su padre que le habían inculcado por una más dulce y paternal. Un encontró el libro “Solf Help” de Samuel Smiles le señalo el punto de conversación de su vida pues le enseñó que todo era posible conseguir con esfuerzo, paciencia y dedicación. Desde entonces luchó por conseguir una educación y tres largos años de espera finalmente pudo matricularse en la Academia Colby donde combinó sus estudios con diferentes trabajos para poder subsistir. De allí en adelante tuvo numerosos empleos y volvió a estudiar en la Academia New Hapton acuñando su célebre frase “Puede quien cree poder”.

En 1.873 ingresó en el Seminario Tecnológico Andover, fundo un Club Universitario como negocio y fue contratado por el Rector de la Universidad de Harvard para dirigir los comedores del Club Memorial Hall, mientras frecuentaba los salones de la viuda de Sargent, que vivía en Chenstnut St. Y tenía un famosos Club Literario, donde Marden conoció a personalidades del mundo americano de las letras que le animaron a iniciar la carrera de escritor. En 1.877 fue Licenciado en Artes y comenzó estudios de Medicina que abandonó después para trabajar en hotelería en costas de Rhode Island donde finalmente adquirió su primer hotel. Nuevas experiencias hoteleras en Nebraska le dieron mucho dinero, que sin embargo perdió en tres años, por las sequías y el incendio de su hotel Midway en Kearney, donde casi perdió la vida. Repuesto en parte de dichos reveses rehizo unos originales que en más de mil cuartillas habían desaparecido quemados en el incendio y consiguió un editor para su primer libro, titulado “Siempre Adelante” (Pushing to the front) que le dio inmediata fama continental, fue traducido a diferentes idiomas y hasta se vendió en Europa. Enseguida lanzó a “Abrirse paso” (Archtects of Fate) y ambos constituyeron una epoyeya del éxito pues narraba sus inicios miserables, sus esfuerzos y logros intelectuales y comerciales dan consejos para lograr el éxito en la vida. En 1.897 en Boston el magazine “Success” que pronto adquirió fama y sirvió para que los principales escritores de los Estados Unidos e Inglaterra colaborarán con el. Esta revista conoció dos épocas, en la segunda salió como “New Success”. En 1.905, de 55 años se enamoró de Clara L. Evans, la siguió cortejándola a Europa y se casaron. El matrimonio fue feliz, tuvo tres hijos y adquirió una finca en Long Island, llamada Glen Cove. En sus últimos años presidió el Club Aldine y sintiéndose mal de salud en 1.924 viajó con su esposa a California, para hallar un mejor clima, pero falleció hospitalizado el Lunes 10 de marzo, tras varias operaciones. Su nombre ha quedado asociado al éxito y a la filosofía del éxito de la sociedad norteamericana pues fue autor de más de cuarenta libros, muchos de ellos dedicados al redescubrimiento de la felicidad y Dios. Como se ve, nada tuvo de espiritista y no nos explicamos el porqué de su nombre para el Centro que funcionó en Guayaquil. Todos sus libros salieron con su nombre literato “Doctor Marden”, aunque nunca se desempeñó en su profesión médica, pues más bien fue escritor.