TOMO IV
 
 
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TOMO II
TOMO III
     


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EL AMERICAN PARK
Por el año de 1.922 la Municipalidad celebró un contrato con Rodolfo Baquerizo Moreno y le dio en arrendamiento un extenso lote de terreno colindante con la margen derecha del estero Salado frente al Guayaquil Tennis Club. Entonces esa zona era pantanosa y no servia para nada, pero don Rodolfo la hizo cercar de cemento, construyó en su interior algunas edificaciones, instaló puestos de ventas y hasta un enorme auditorium con proscenio y graderías que debió haberle costado una fortuna. Para mejor hacer le puso un nombre muy en boga: AMERICAN PARK que recordaba al famoso parque de la playa de Conney Island cerca de New York.

Y como era emprendedor se puso al habla con Modesto Chávez Franco, Jack the Ripper y otros viejos de la ciudad para que le dieran ideas y así surgieron hermosos programas patrióticos y folklóricos que dieron la tónca de esos momentos.

Rodrigo Chávez González desde 1.926 fue el incansable organizador de la Fiesta del Montuvio donde tantas veces triunfó Miguel Augusto Egas a Hugo Mayo, con hermosas y sentidas poesías post-modernistas. Rosa Borja de Ycaza y María Piedad Castillo de Leví organizaban las fiestas de la raza, crearon la bandera hispanoamericana y trataron de unir a los pueblos del sur de Río Grande. Después vinieron las famosas maratones de baile, donde las parejas se amanecían bailando más de 48 horas hasta caer desfallecidas y eran cientos y miles los curiosos que seguían el ritmo tropical de la orquesta de moda, esperando que esto ocurriera.

Los chicos de entonces morían por ir al American Park donde se podía ver películas mudas de Chaplín en unos aparatitos metálicos que uno mismo manejaba con manivela. También había una redoma metálica con colocaciones y una grúa accionada a mano los tomaba para el auditorio infantil. El juego de Béisbol era otra de las atracciones. De una máquina salía la bola y un jugador con el bate le pegaba fuerte. Otra máquina tenía dos boxeadores que se daban a matar, hasta que uno caía a la suelo rendido.

Los domingos se llenaba el American Park de bañistas que iban a refrescarse en las dos piscinas de agua salada,pura y cristalina porque aún no se contaminaba o en la playa que daba directamente al Estero. Si había marea llena, éxito completo, en caso contrario, no importaba, a bañarse se ha dicho.

La rueda moscovita gigantesca terrorífica atraía a los valientes. El carrusel de caballitos a los pequeños y el de los carritos a los bebés con niñera.

Fuera del American Park estaban los famosos puestos de venta de fritada y chifles, que se consumía al acorde de las ruidosas vitrolas y acompañados de la cerveza especial vendida en botellas verdes y que costaba más que la corriente de botellas cafés. Las cervezas se guardaban en tanques de metal llenos de agua y hielo. Salían heladísimas y eran inmejorables al paladar. Estos puestos de venta subsistieron hasta 1.961 o 62 cuando el American Park no era ni la sobra de lo que había sido antes y tengo entendido que desaparecieron en la administración de Asaad Bucaram, que fue el Alcalde que construyó el actual Parque Guayaquil en 1.967.

Recuerdo que el Dr. Hipólito González Flores, nuestro profesor de Castellano de primer curso en 1.952 tenía un carrito viejo marca Ford, modelo T y con el se trasladaba todas las mañanas al Vicente Rocafuerte, a eso de las 7, lo parqueaba frente a los puestos de venta, para tomar desayuno, que consistía en una gran taza de café con leche y dos panes de agua, con mantequilla cremosa y amarillenta y sus buenas tajadas de queso criollo o cuajada. Con tan apetitoso desayuno, iba a las 7 y 26 al Colegio, dispuesto a tomarnos las conjugaciones de los verbos en sus diversos tiempos y era de ver como exigía y las notas menos que aplicaba a los que no sabíamos ni nos importaba un bledo el presente pluscuamperfecto del verbo nadar, por ejemplo, pero fue castigado como se merecía, con el sabrosos apodo de “Profesor Nota menos” o simplemente “Nota Menos” que fue como yo lo conocí.

Bailes, desfiles, fiestas, kermeses, competencias y diversiones – eso era el American Park – en suma, distracción sana y en familia. Luego se extinguió sin plena ni gloria y ahora solo subsiste en el recuerdo de los jóvenes de 50 años para arriba.