TOMO IV
 
 
 TOMO I
TOMO II
TOMO III
     


..............................................................................................................................................................................................................

EL AGRADECIMIENTO
Antes que cronista Modesto Chávez Franco fue poeta modernista y de los buenos y dicen que la vena no se le agotó nunca, aun que después terminó haciendo historias y contando viejas consejas del pasado de nuestra urbe huancavilca. Hacia 1920 más o menos, empezó a sufrir una molestosa amebiasis con complicaciones hemorroidales, que aunque no graves, en cambio son dolorosas y muy difíciles de tratar. Por consejos de su amigo el Dr. Alfredo Valenzuela que lo medicinaba, se decidió a viajar al vecino balneario de Puna, famoso por la excelencia de sus aguas de pozo con alto contenido de potasa, y como del dicho al hecho hay poco trecho, alistó las maletas y los colchones y tomó una balandra con los miembros de su numerosa familia. Poco después arribaban a una casita de la familia Morla, alquilada para el efecto.

En la casa de al lado estaba de vacaciones su amigo el español don Félix Estébanez, quien al saber de su llegada fue a visitarlo al día siguiente llevándole una bandejita de sabrosísimos chicharrones, recién preparados por su esposa mejicana, que tenía fama de excelente cocinera.

(Esto de regalarse con platillos merece una explicación porque ahora no se estila. Antes, en cambio, se lo veía como expresión de amistad y afecto y hubiera sido de muy mal gusto visitar con las manos vacías).

Por su parte con Modesto, que hacía tiempo estaba a dieta rigurosa de sopitas claras de fideo y queso, arrocito blanco y meloso y una que otra coladita suave o champús, al ver los chicharrones que humeaban, sin acordarse qué le habían prohibido las carnes y mariscos, las grasas y los ajíes, por enconosos, se comió el contenido de la bandejita en menos de lo que demora en persignarse un cura ñato y estaba consumiendo las últimas migajitas cuando su señora apareció en la sala y puso el grito en el cielo como es fácil de imaginar. ¡Temía por la vida de su esposo!.
Pero no pasó nada y luego de varias semanas, que entonces las vacaciones se estilaban prolongaditas, todos regresaron muy contentos y gozando de abundante salud, así como del buen sabor de las chirimoyas, los peces y camarones que entonces habían en Puna.

Don Modesto quiso dejar constancia de estos hechos —en fin de cuentas era cronista por naturaleza— y estampó en una pared de la casa, con su puño y letra, el siguiente verso que tituló: "AGRADECIMIENTO" /Entré a esta casa/ buscando alivio a mi mal/ que era un mal hemorroidal/ que ya pasaba de guasa// con el agua de potasa/ que se bebe en este pozo/ se adquiere salud y gozo/ según dice la epopeya/ pero yo me cago en ella/ en la casa y en el pozo.