TOMO IV
 
 
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TOMO II
TOMO III
     


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EL HOMBRE PRIMITIVO Y EL SER CIVILIZADO
El mundo psicológico del hombre primitivo y campesino es diferente al de la ciudad; indios y mestizos vernáculos tienen una visión mágica de la naturaleza con la que se sienten plenamente identificados y participando de ella. Su imaginación está poblada de árboles, animales, lluvias, torrentes y relámpagos y como son "animistas" creen que esto forma un todo homogéneo de espíritus particulares, unos buenos que hay que aprovechar y otros malos que requieren de exvotos para no hacer daño y entonces todo consiste en protegerse con contras y amuletos. La magia está vinculada al campo de muchas formas y por eso en la vida campesina todo es sobrenatural, las respuestas a las inquietudes humanas se dan con fórmulas Simples y directas, el agricultor depende únicamente de la naturaleza y vive esclavizado a lo conveniente y tradicional dada su condición de hombre-tierra, a su identificación con la tierra.

En cambio el ciudadano o burgués que ha escapado de las fuerzas de la naturaleza para construirse un universo elaborado de asfalto y cemento, útil por la gran profusión de objetos y barroco por la inutilidad y belleza de algunos de ellos, se siente liberado del peso de la divina providencia pero tiembla ante la complejidad de las relaciones socioeconómicas creadas con sus congéneres, pues más daño puede recibir de una reforma legal que de un aguacero y en fin de cuentas, su dependencia es con los hombres y no con los animales y plantas.

Así las cosas el mundo marcha hacia un positivismo científico y social donde las estructuras se adentran en la psicología humana para despoblarla de mitos y tradiciones ancestrales. Al hombre devoto ha reemplazado el profesional alejado de las religiones que otrora le sirvieron de escudo y protección, donde había un santo o un espíritu para cada problema en particular; pero aún así i el hombre moderno y ciudadano necesita creer en algo para llenar los vacíos espirituales de su vida, existentes en la cadena genética de su ascendencia desde hace millones de años y no puede desprenderse de este atavismo en dos o tres generaciones como lo quieren los regímenes materialistas del otro lado de la cortina de hierro, más aún, si la cosmovisión indica que el hombre no está solo, que es partícipe en una orden superior que todo lo controla sabiamente y donde constituye una migajita sin ninguna importancia.

Por eso el hombre de la ciudad, a pesar que no necesita de Dios en sus relaciones humanas, lo busca más que el del campo porque se encuentra solo consigo mismo y en la peor de las soledades; pero su búsqueda es más difícil y su esfuerzo por hallarlo aveces no es recompensado.

De allí que la llegada del Papa nos sobresalta a todos por igual. No es que esperemos verlo de cerca o darle la mano como algunos simples piensan hacer, ni que deseamos tocarle el hábito y estar cerca de él, a su lado, para verlo y escucharle mejor. Su visita tiene un sentido más amplio y universal pues nos trae un mensaje para que meditemos en lo que somos y podemos ser, que nuestra utilidad social está en relación directa con el servicio que prestamos a la comunidad y que más importante aún que las cuatro horas que el Papa nos dispensará son los días que le precederán, si es que los sabemos aprovechar.

Bien está el entusiasmo por su venida. Es un prelado político y pastor, circunstancias humanas muy difíciles de encontrar en un Papa, pero más nos debe llamar la atención la dicha de encontrar un cambio a nuestras vidas y un mejoramiento interior. Papas han habido muchos y habrán aún más, que San Malaquías solo hizo su lista hasta el siglo XX, pero nosotros no nos repetiremos jamás; nuestra complejidad de hombre es asombrosa y producto de una cadena genética que puede dar mucho de sí, siempre que tratemos de encontrar los mecanismos de superación. Entonces ¿Qué esperamos para sacar de nuestro interior lo mejor que tenemos oculto? Si cada ecuatoriano hiciera tres buenas obras con motivo de esta visita ¿Cuánto no mejoraría el país? ¿Cuánto la sociedad en que vivimos? Así pues, bienvenido el Papa si su recibimiento nos dará la oportunidad de ser más espirituales; caso contrario, se irá del país y todo quedará igual, practicando los mismos errores del pasado y aceptándolos como normales.