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CASAS
VIEJAS
¿Quién no ha escuchado
que las casas de antes eran más cómodas
y espaciosas que las actuales? Y así tenían
que ser para solaz y comodidad de sus ocupantes, porque
ha de saberse que las casas viejas tenían algo
de señorial, algo que ahora se ha perdido con
las nuevas formas de vida.
Todas se iniciaban con un amplio zaguán que
conducía a una escalera gorda y con descanso,
que terminaba en una antesala o salón de recibo
también denominado "asistencia",
desde allí se repartía la casa dividida
por el patio central empedrado y "tenía
un pozo y su brocal, rodeado de diamelas, rosas de
Castilla, trepadoras madreselvas, mastuerzos, montenegros
y perfumadísimas albahacas", plantas que
hoy ni se conocen, cultivos que se han ido perdiendo
con el paso de los tiempos.
El claustro central también tenía sus
adornos, "por sus columnas subían los
tallos trepadores del jazmín de perfumadas
flores blancas de cinco pétalos, también
llamado jazmín del cabo y de España
y que embalsamaban el ambiente". A ellos se refería
la poetisa Dolores Veintimilla de Galindo cuando escribió
"A Carmen, remitiéndole un jazmín
del cabo"/. Menos bella que tú, Carmela
mía /Vaya esta flor a ornar tu cabellera /Yo
mismo la he cogido en la pradera /Y cariñosa
mi alma te la envía //Cuando seca y marchita
caiga un día /No la arrojes, por Dios, a la
ribera /Guárdala cual memoria lisonjera/ de
la dulce amistad que nos unía/.
Después de la antesala se podía entrar
a la sala o gran salón, que casi siempre permanecía
cerrado y se abría solo para las visitas anunciadas
con anticipación. Este Salón estaba
alumbrado con alguna araña de cristal con velas
o briseros también de cristal. En sus paredes
colgaban serios y oscuros retratos al óleo
de parientes fallecidos, doradas consolas de azogados
espejos y el juego de muebles de 24 piezas, casi siempre
de estilo francés, dorado o plateado al pan
de oro o al pan de plata impreso al fuego. Estos juegos
por lo general se componían de dos sillones
dobles, dos "tú y yo" una mesa central,
cuatro mesitas laterales, un burro pie y 14 sillas
individuales. Cabe aclarar que por "burro pie"
se conocía a un banquito acolchonado para que
las señoras ancianas descansen sus pies; por
"tú y yo" a unas delicadas sillas
dobles, donde una persona se sentaba para adelante
y otra para atrás y de tal suerte podían
conversar cerquita la una de la otra.
Estos "tú y yo" hicieron furor desde
1880 y fueron considerados lo mas chic del momento,
por confianzudos. Las consolas podían tener
espejos con coronaciones y entonces se llamaban Troumeaus.
Algunas eran verdaderas obras de arte. Las habían
con angelitos tocando desnudos diversos instrumentos
musicales. Otras habían de ratoncitos, uvas,
ramas y hojas de parra, pero las mejores eran las
coronadas o timbradas, que sólo podían
ser usadas por las autoridades o personajes muy prominentes.
Toda casa tenía su oratorio donde se velaban
los santos protectores y había un altar privilegiado
por rescriptum y hasta con la reliquia de algún
santo traída de Roma. En el altar se colocaban
imágenes talladas y óleos con motivos
religiosos, dando preferencia a algún familiar,
objeto de especial veneración, por haber pertenecido
a la abuela, madre o hermana mayor.
Los 2 de Febrero de cada año, fecha en que
la Iglesia celebra a la Virgen de la Purificación
o de la Candelaria, se bendecían los cirios
que iban a usarse durante el año y nunca faltaban
flores en los jarrones del altar, siendo los niños
los encargados de cortarlas.
Los dormitorios llamaban cuadras, como si fueran sitios
destinados al ganado y todos daban al corredor, que
a su vez daba a las toldas o ventanas y era de muy
mal gusto tener dormitorio directamente a la calle,
iba contra la moral pública.
No había la profusión de servicios higiénicos
como hoy existen, con uno solo bastaba entonces, se
llamaba excusado y estaba al fondo de la casa, dando
al traspatio. Allí cerca estaba la cocina,
el horno, la lavandería y los cuartos del servicio,
separados de la casa por el pasadillo de la media-agua,
que existía para que los olores de la cocina
y sobre todo, el humo de la leña o el carbón,
no contaminaran las habitaciones ya descritas.
El comedor era igualmente grande y estaba cerca de
la media-agua para facilitar la conducción
de viandas. Los comedores no daban ni a la calle ni
al corredor, sino al claustro y a una "solana"
o sitio para tomar el sol, donde sólo caben
jaulas con loros y pericos, catarnicas y diostedé
y los viejos salían a asolearse, de allí
el nombre de solanas.
Y detrás de todo este patio algunas casas tenían
el traspatio con su gallinero y hasta con sus vacas
y árboles frutales, para deleite de la chiquillada
de entonces.
Las buhardillas con sus correspondientes minaretes
o torres de vigilancia comenzaron a usarse desde 1880
pero no progresaron y hoy casi ni existen. Allí
se acostumbraba colocar hamacas para recibir el fresco
de Chanduy como se conocía a la brisa que sopla
de la sabana sureste de la ciudad.
Otras casas tenían el cuarto de juegos, tan
grande y vacio como un establo, donde se llevaba a
los niños a jugar con sus carritos para que
no rompan nada o a veces se colocaban los libros y
demás recuerdos familiares de los propietarios
y entonces pasaban por bibliotecas. Tales eran las
casas viejas.
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