TOMO IV
 
 
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TOMO II
TOMO III
     


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CASAS VIEJAS
¿Quién no ha escuchado que las casas de antes eran más cómodas y espaciosas que las actuales? Y así tenían que ser para solaz y comodidad de sus ocupantes, porque ha de saberse que las casas viejas tenían algo de señorial, algo que ahora se ha perdido con las nuevas formas de vida.

Todas se iniciaban con un amplio zaguán que conducía a una escalera gorda y con descanso, que terminaba en una antesala o salón de recibo también denominado "asistencia", desde allí se repartía la casa dividida por el patio central empedrado y "tenía un pozo y su brocal, rodeado de diamelas, rosas de Castilla, trepadoras madreselvas, mastuerzos, montenegros y perfumadísimas albahacas", plantas que hoy ni se conocen, cultivos que se han ido perdiendo con el paso de los tiempos.

El claustro central también tenía sus adornos, "por sus columnas subían los tallos trepadores del jazmín de perfumadas flores blancas de cinco pétalos, también llamado jazmín del cabo y de España y que embalsamaban el ambiente". A ellos se refería la poetisa Dolores Veintimilla de Galindo cuando escribió "A Carmen, remitiéndole un jazmín del cabo"/. Menos bella que tú, Carmela mía /Vaya esta flor a ornar tu cabellera /Yo mismo la he cogido en la pradera /Y cariñosa mi alma te la envía //Cuando seca y marchita caiga un día /No la arrojes, por Dios, a la ribera /Guárdala cual memoria lisonjera/ de la dulce amistad que nos unía/.

Después de la antesala se podía entrar a la sala o gran salón, que casi siempre permanecía cerrado y se abría solo para las visitas anunciadas con anticipación. Este Salón estaba alumbrado con alguna araña de cristal con velas o briseros también de cristal. En sus paredes colgaban serios y oscuros retratos al óleo de parientes fallecidos, doradas consolas de azogados espejos y el juego de muebles de 24 piezas, casi siempre de estilo francés, dorado o plateado al pan de oro o al pan de plata impreso al fuego. Estos juegos por lo general se componían de dos sillones dobles, dos "tú y yo" una mesa central, cuatro mesitas laterales, un burro pie y 14 sillas individuales. Cabe aclarar que por "burro pie" se conocía a un banquito acolchonado para que las señoras ancianas descansen sus pies; por "tú y yo" a unas delicadas sillas dobles, donde una persona se sentaba para adelante y otra para atrás y de tal suerte podían conversar cerquita la una de la otra.

Estos "tú y yo" hicieron furor desde 1880 y fueron considerados lo mas chic del momento, por confianzudos. Las consolas podían tener espejos con coronaciones y entonces se llamaban Troumeaus. Algunas eran verdaderas obras de arte. Las habían con angelitos tocando desnudos diversos instrumentos musicales. Otras habían de ratoncitos, uvas, ramas y hojas de parra, pero las mejores eran las coronadas o timbradas, que sólo podían ser usadas por las autoridades o personajes muy prominentes.

Toda casa tenía su oratorio donde se velaban los santos protectores y había un altar privilegiado por rescriptum y hasta con la reliquia de algún santo traída de Roma. En el altar se colocaban imágenes talladas y óleos con motivos religiosos, dando preferencia a algún familiar, objeto de especial veneración, por haber pertenecido a la abuela, madre o hermana mayor.

Los 2 de Febrero de cada año, fecha en que la Iglesia celebra a la Virgen de la Purificación o de la Candelaria, se bendecían los cirios que iban a usarse durante el año y nunca faltaban flores en los jarrones del altar, siendo los niños los encargados de cortarlas.

Los dormitorios llamaban cuadras, como si fueran sitios destinados al ganado y todos daban al corredor, que a su vez daba a las toldas o ventanas y era de muy mal gusto tener dormitorio directamente a la calle, iba contra la moral pública.

No había la profusión de servicios higiénicos como hoy existen, con uno solo bastaba entonces, se llamaba excusado y estaba al fondo de la casa, dando al traspatio. Allí cerca estaba la cocina, el horno, la lavandería y los cuartos del servicio, separados de la casa por el pasadillo de la media-agua, que existía para que los olores de la cocina y sobre todo, el humo de la leña o el carbón, no contaminaran las habitaciones ya descritas.

El comedor era igualmente grande y estaba cerca de la media-agua para facilitar la conducción de viandas. Los comedores no daban ni a la calle ni al corredor, sino al claustro y a una "solana" o sitio para tomar el sol, donde sólo caben jaulas con loros y pericos, catarnicas y diostedé y los viejos salían a asolearse, de allí el nombre de solanas.

Y detrás de todo este patio algunas casas tenían el traspatio con su gallinero y hasta con sus vacas y árboles frutales, para deleite de la chiquillada de entonces.

Las buhardillas con sus correspondientes minaretes o torres de vigilancia comenzaron a usarse desde 1880 pero no progresaron y hoy casi ni existen. Allí se acostumbraba colocar hamacas para recibir el fresco de Chanduy como se conocía a la brisa que sopla de la sabana sureste de la ciudad.

Otras casas tenían el cuarto de juegos, tan grande y vacio como un establo, donde se llevaba a los niños a jugar con sus carritos para que no rompan nada o a veces se colocaban los libros y demás recuerdos familiares de los propietarios y entonces pasaban por bibliotecas. Tales eran las casas viejas.