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TOMO III
     


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CAOS POLITICO EN EL MUNDO CONTEMPORANEO
Conservo en mi biblioteca un libro chico de porte y parvo de páginas, al que quiero mucho.

Escrito en estilo oratorio, fogoso y vivaz, explica las complejidades del mundo en que vivimos con una visión humanista propia de los maestros que todo lo comprenden porque son abanderados de su tiempo. «Aquel que lleva la bandera es el principal soldado aunque no luche».

Su autor es Velasco Ibarra, hombre innegablemente superior, portador del ideal, que habría sido el gran maestro de su patria si los trajines de la política no lo hubieran alejado a otras latitudes, donde fue bien apreciado y su fama llegó hasta Europa. «Pedro Laín Entralgo, profesor y rector de la U. de Madrid y una de las mentalidades más robustas y profundas de España repetía en su aula, una característica escena: Señores alumnos, vais a oír la primera gran lección de sociología en donde se define con claridad asombrosa lo que es esta ciencia, su comprensión y su trascendencia. Funcionaba el aparato y se escuchaba un discurso improvisado por el Dr. Velasco al clausurar el Congreso Ibero-Luso-Americano de filosofía celebrado en Quito en 1954».

La anécdota habla del aprecio y delectación que concitaban sus discursos, aún los improvisados, imperfectos por ser hijos del momento más que del estudio y la meditación. Pero así era él, discutidísimo como político por su carácter tempestuoso e impulsivo, proclive a errores y exageraciones, a la par que reverentemente aceptado como maestro y hombre de libros y estudios. Y fue en este plano, libre de egoísmos y prejuicios, quizá para explicarse a sí mismo el origen de su violenta caída del poder en 1961, que escribió «Caos político en el mundo contemporáneo». Allí analizó el problema de la libertad del hombre, complejo esquema que cada hombre debe resolver a su manera, superando a los cuatro enemigos de la libertad que son: las necesidades económicas, la ignorancia, los vicios y la mentira porque engendran situaciones y relaciones falsas e impiden al ser humano ejercer sus derechos naturales. De esto Velasco obtiene conclusiones políticas que dice sin temor ni rubor. Define a la democracia como un intento más de llegar a la justicia, a la libertad y a la paz, no como un sistema anticomunista o pronorteamericano. Rechaza el falso nacionalismo, vacuo y sucio, de buscar en Atahualpa o Rumiñahui a los forjadores de la nacionalidad ecuatoriana, cuando solo fueron jerarcas máximos de sus comunidades indígenas imperfectas, que atravezaban un período de alta barbarie, pero barbarie al fin, a la llegada de los españoles. Reconoce la importancia de dar a cada quien lo suyo en razón de sus cualidades y necesidades, sistema que preconiza el socialismo. Rechaza la ingerencia militarista por burda y la tacha de inmoral; no puede existir gobierno libre cuando mandan los que detentan la fuerza. Acepta que todo gobernante sincero debe comenzar por comprender, luego servir y al final renunciar, para que otros puedan ejercer iguales derechos.

Da a la historia el carácter de milicia porque la vida se purifica con la lucha. Recomienda el trabajo como fuente de toda posibilidad económica; nada se puede sin dinero, mas el trabajo engendra el capital y el capital la perdición de la moral individual, de donde se desprende que todo capitalista para ser moral debe trabajar.

El que trabaja comprende a los demás y si aún así los explota, genera un diluvio de males y cae en el vicio del lujo, la diversión perversa y la postura desafiante frente a la miseria de los otros.

Comprende que las desigualdades son inevitables pero mientras hayan idealistas que luchen por obtener la justicia social, el mundo seguirá progresando. Da a la iniciativa privada y al provecho individual un valor total, son fuentes generadoras de fuerza que el estado debe apoyar, defender y encauzar en provecho del bien general y mucho más nos dice, que sería largo enumerar, contentándome con finalizar esta pequeña síntesis con un mensaje muy de él: «El hombre es un animal sentimental y ético, religioso y metafísico, que vive buscando la plenitud. Por ello es un ser complejo, de difícilísima conducción entre la libertad y la norma que sujeta, dentro del caos político del mundo contemporáneo».