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CRONISTAS
VITALICIOS DE GUAYAQUIL
I. CAMILO DESTRUGE
Cuando en 1925 renunció la dirección
de la Biblioteca y Museo Municipal don Camilo Destruge
tenía solamente 62 años de edad pero
se sentía cansado y no sabía a ciencia
cierta el porqué. Entonces solicitó
su jubilación por límite de edad.
Vivía en un departamento alto alquilado en
9 de Octubre y Boyacá, casa de madera de dos
pisos, donde después funcionó una pensión
y el salón el Roxi. Para su época la
casa era de las más rumbosas del puerto, sin
ser nada del otro mundo, tenía amplias ventanas
de chazas y balcones. Don Camilo acostumbraba pasar
la mayor parte del tiempo en su dormitorio, sentado
en una hamaca, leyendo y tomando apuntes. A los lados
existían varios estantes repletos de libros,
la cama matrimonial y un arcón verde donde
guardaba en perfecto orden sus originales y documentos.
Por su incansable manía de estudiar no acostumbraba
salir de noche ni aceptaba de buen grado fiestas ni
convites. Era más bien uraño e introvertido
y corría peligro de padecer como el Quijote,
por el mucho leer, de aquella dolencia que sólo
aqueja a los espíritus más sensibles
que gustan de apartarse de la realidad para vivir
sueños y evocaciones. ¡Nada más!.
Escribía con canutero, tomaba notas a lápiz
y compaginaba documentos. A veces sus hijas le servían
de secretarias, en otras eran los estudiantes quienes
lo ayudaban e importunaban en visitas de consulta,
pero él era un excelente conversador y tenían
para largo.
Tanto trabajar preocupaba a su esposa que en ocasiones
le preguntaba: ¿No estás cansado? en
otras era más directa y le decía: ¡Viejo!
No trabajes tanto; pero él no le hacia caso
y lo seguía haciendo hasta altas horas de la
noche, por eso admira la abundancia de sus libros
pues escribió suficiente material como para
varias vidas.
La Municipalidad lo jubiló con S/. 400 mensuales
y designó "Cronista Emérito de
Guayaquil" expidiendo un honrosísimo acuerdo
que él prefirió recibir en privado.
En 1926 ya no fue a trabajar pero editó "Orígenes
del Cuerpo de Bomberos de Guayaquil" e "Incursiones
Piráticas". En 1927 empezó a ordenar
los papeles para conmemorar el I Centenario de la
Batalla de Tarqui. En 1928 dio a luz "Ecuador-Perú”,
Dos centenarios, Combate de Malpelo. Agresión
a Guayaquil. La Defensa de la Ciudad, Relaciones Históricas"
y aunque no se seguía sintiendo bien se dio
mayor tiempo y empeño para terminar "Tarqui"
como si supiera que iba a morir rápidamente.
Por fin el 21 de Febrero de 1929 culminó su
obra. Hacía mucho calor, sudaba y se había
agotado. Cuatro días después, el 25,
a eso de las 6 de la tarde sintió sed y pidió
un vaso de agua, cuando su señora se lo trajo,
estaba acostado en la hamaca y no podía hablar
ni moverse. Le había comenzado el derrame cerebral.
Llamaron al Dr. Hermán Parker que estaba a
solo dos cuadras pero todo fue en vano. No volvió
a recuperar el conocimiento y falleció a las
3 de la tarde del 26 . La ciudad se conmovió!.
Había fallecido el Cronista Emérito.
La Municipalidad se hizo presente, costeó los
funerales y designó al nuevo Director de la
Biblioteca y Museo, Dr. Modesto Chávez Franco,
para que tomara la palabra en las exequias. La prensa
nacional dijo: "Destruge, con la ciencia, ha
trocado el polvo de los archivos en las reliquias
de sus obras. Ecuador ha perdido al mejor historiador
del centenario", y en la confusión de
esos momentos un familiar tomó los originales
de "Tarqui" y por allí deben estar
porque aún no aparecen.
Destruge no solo fue historiador distinguidísimo,
también hizo poemas de juventud, época
en que se escribe de todo, se hace poesía y
otros achaques literarios. En 1912 dedicó a
su sobrina Laura Sánchez Destruge de Guzmán
un poema satírico titulado ¡Ay, sobrina!.
Su contextura delgada, blanco de rostro, alto de porte,
pulcro en el vestir, pulido en sus acciones, gestos
y ademanes; pelo corto, extremadamente grandes sus
bigotes mostachos, facciones finas y regulares. Hubiera
podido pasar por un dandy pues nada en él era
afectado o plebeyo.
Su estilo siempre fue claro; escribió crónicas,
ensayos y gruesos infolios de historia. Una calle
y un colegio llevan su nombre y de su matrimonio con
doña Mercedes Lucero y Barboteau dejó
una familia de 7 mujeres y 6 hombres pero su apellido
no se ha perpetuado por varonía.
De joven se metió a guerrillero Chapulo y estuvo
en varias batallas, de donde sacó una herida
de bala como correspondía a un filósofo
de la vida, a un sabio investigador de cosas del pasado,
a un hombre superior que estaba por encima del bien
y del mal de las generaciones que le habían
precedido. Su participación en los asuntos
de su tiempo fue mezquina pues ¿qué
se puede esperar de una ciudad donde ha imperado desde
siempre un ligero mal gusto general que todo lo corrompe
y confunde, mezclando lo falso con lo auténtico,
en loca confusión?
II. MODESTO CHAVEZ FRANCO
Cuando falleció don Camilo Destruge
en febrero de 1926 el Dr. Modesto Chávez Franco
ya lo había reemplazado en la Dirección
de la Biblioteca y Museo y también tenía
a su cargo la Revista Municipal, entonces órgano
de gran importancia cultural para la ciudad y hoy
lamentablemente desaparecida. Don Modesto tomó
la palabra a nombre del Cabildo en los funerales y
ocupó su presencia espiritual en las letras
citadinas, pues ya para entonces tenía publicadas
numerosas Crónicas del Guayaquil Antiguo en
periódicos y revistas y su categoría
de hombre de letras más que de historiador
propiamente dicho, era aceptada por la generalidad.
En Chávez se da más la condición
de literato que de historiador, al revés de
Camilo Destruge donde el brillo de la literatura se
encuentra opacada por la riqueza de datos, por el
peso de la disciplina de áridos esfuerzo para
entregar veneros de información perdida, Chávez
fue más fluido, más barroco.
Ese año publicó su novela "Expiación
de su estatua o el secreto de mi triunfo" y cuando
llegó el año 30 del I. Centenario de
la República, intervino en el Concurso abierto
por la Municipalidad y presentó un tomo de
"Crónicas del Guayaquil Antiguo"
que fue premiado con Medalla y Diploma y mereció
el honor de salir en la Imprenta Municipal. Entonces
don José Gabriel Pino, que estaba muy enfermo,
también recopiló sus "Leyendas
y tradiciones de Guayaquil" y más por
compromiso con sus numerosos amigos que le rogaban
su publicación que por deseos de hacerlo, las
dio a la imprenta y compartió los honores del
centenario con Chávez Franco en homérica
disputa. Ambos fueron los cronistas de esa loable
fecha, pero aquí viene lo curioso y fue que
la muerte abatió a Pino a los pocos meses llevándolo
al sepulcro y la vida hizo lo propio con Chávez
Franco, que salió despedido de la Biblioteca
en 1932, cuando una administración de estultos
lo reemplazó con Carlos Matamoros Jara, dignísimo
maestro dauleño, cronista igualmente de la
ciudad por haber escrito esa obra tan valiosa que
es "Las calles de Guayaquil" pero que sin
lugar a dudas, estaba muy por debajo del mérito
de Chávez en cuanto a literato y a historiador.
Si se quería premiar a Matamoros hubiera sido
conveniente crear alguna función honorífica
y por supuesto bien estipendiada, pero eso de que
por premiar al uno castigar al otro no tenía
sentido y así debieron pensar los siguientes
concejales que repusieron a Chávez en la Dirección
en 1934 y aquí no pasó nada.
Poco después y con el dibujante José
Antonio Hidalgo Checa popularizó los motivos
punáes e inició la publicación
de la Biblioteca Guayaquil con "Selección
de Obras de autores ecuatorianos", loable esfuerzo
que continúo por espacio de algunos años
más, pero frente a la desidia del medio, al
final de sus días tuvo el dolor de presenciar
cómo estas publicaciones decrecían y
dejaban de salir.
En 1939 se editaron "Átomos Negros"
o herejías contra el sentido común,
con sus artículos publicados en el Guante bajo
el título de "Síntesis sin tesis"
y que trataban sobre fenómenos ocultistas y
magnéticos, prácticas espiritistas y
otras manifestaciones de la parapsicología
a la cual Chavez Franco era muy dado y tanto, que
de él se cuentan anécdotas verdaderamente
regocijantes, como aquella que habiendo consultado
a una afamada médium sobre la ubicación
de las tumbas de los conquistadores, dicha señora
lo mandó a que suba el cerro del Carmen y hasta
le dio ciertas señas o derroteros que por más
esfuerzos que hizo el Cronista no pudo encontrar.
Por esos tiempos era una manía en nuestros
historiadores subir al cerro, Pino Roca en una de
sus tradiciones habla de la cueva encantada que se
abre y se cierra cada cien años y del pozo
que se traga a las personas; es decir, toda una serie
de leyendas que se repetían sobre nuestro cerro
desde la colonia y que para 1930 todavía existían
vecinos que las conocían y contaban.
En 1936 editó "Reflexiones para los encarcelados"
y comenzó a escribir sobre el Cuerpo de Bomberos
al que se sentía muy unido por el recuerdo
afectuoso de su padre, famoso legionario de otros
tiempos que hasta llegó a comandarlo. Sin embargo
ya avizoraba su cercano fin y puso en orden varias
necrologías que aún permanecen inéditas
con el título de "Desde el andén
o mis hasta luego a quienes tomaron trenes anteriores
al mío". Igual hizo con su "Misceláneas"
con producción teatral y literaria que después
quedó en poder de su hijo Raúl. En 1938
la Asamblea Nacional Constituyente lo declaró
"Ciudadano Ilustre de la Nación",
honor nunca visto en la República y muy merecido;
sin embargo el viejito no cambió por ello sus
costumbres y seguía saliendo a pie de su casa
para su trabajo, saludado por todos, querido por muchos
y no odiado ni envidiado por ninguno, que cuando se
llega a la categoría de maestro venerable se
está por sobre las nimiedades y puerilidades
del diario convivir.
En 1940 dio a luz "Biografías Olvidadas"
y para el 44, después del 28 de Mayo que hubo
una renovación en el ambiente con la subida
de Mendoza Aviles a la presidencia del Concejo Cantonal,
se expidió una Resolución ordenando
la publicación de las Crónicas, que
aparecieron tres años después, en 1947,
en dos gruesos volúmenes.
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