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CABALLERO
DE LA POLITICA
Vive en Cuenca a la usanza de los
antiguos hidalgos, sumergido entre libros y recuerdos,
en una acogedora casita, rodeada de un jardín
florido y a las márgenes de uno de los ríos
que pasan por Cuenca de América, mi buen amigo
el Dr. Carlos Cueva Tamariz, patriarca del socialismo
ecuatoriano y uno de los más esclarecidos repúblicos
del país. Y digo que vive porque no vegeta;
a pesar de sus 85 años recién cumplidos
en días pasados, se conserva activo y emprendedor,
útil para sí y los suyos, mantiene su
vieja cátedra de Historia del Derecho, lee
y escribe, su mente está lúcida y recuerda
mucho, casi todo; su conversación es anecdótica,
sabrosa. Poblada de situaciones históricas
que le tocó vivir en lo que va del presente
siglo. En fin, sigue siendo el mismo gran hombre de
siempre. (1).
Abogado y Doctor, como antes se acostumbraba en nuestras
Universidades, ha dedicado su vida entera a la docencia;
primero como profesor de la Escuela Luis Cordero de
Cuenca, después como Director de Estudios del
Azuay, Profesor Universitario y Rector por dos ocasiones,
durante varios períodos, que suman casi un
cuarto de siglo.
Político casi sin desearlo, algo así
como al paso, cuando la Patria lo llamaba o la ocasión
lo requería; por dos ocasiones estuvo a punto
de alcanzar la primera magistratura y en ambas la
rechazó, no la quizo, su excesiva modestia,
su extremada delicadeza, le impidió tomarla.
Para 1938 acababa de concluir una de las poquísimas
dictaduras que dejó algo al país, la
del Gral. Alberto Enríquez Gallo, a quien correspondió
implantar el Código del Trabajo. Entonces se
encargó de la presidencia el Dr. Manuel María
Borrero González, Presidente de la Corte Suprema
y convocó a una Asamblea Nacional Constituyente
con el fin de normalizar la vida institucional del
país.
(1) El Dr. Cueva Tamariz falleció en Cuenca
el 23 de Abril de 1.979.
Reunida la Asamblea, en Quito, desde un primer momento
se formaron tres bloques aparentemente irreconciliables;
el liberal, el socialista y el conservador. Al principio
parecía que tenía mayoría el
primero, pero la defección de algunos de los
miembros, les impidió imponer la reelección
a favor del Dr. Borrero, que cansado de la espera,
un buen día les mandó a botar su renuncia,
para que vean los diputados qué podían
hacer con ella. Provocada la crisis constitucional
por el propio Presidente, quizá con la intención
de que los socialistas plieguen al grupo liberal,
hubo un compás de espera que fue aprovechado
por Miguel Ángel Albornoz para lanzar su propia
candidatura como jefe del bloque liberal. Así
pues, Borrero quedó marginado por sus coidearios.
Mas, Albornoz, tampoco consiguió mayoría
porque algunos socialistas estaban resentidos con
él y presentaron como fórmula transaccional
la candidatura del Dr. Aurelio Mosquera Narváez,
Diputado liberal y rector de la Universidad Central
de Quito; uno de sus promotores fue Cueva Tamariz,
que era profesor universitario y por tal motivo había
tenido oportunidad de tratarlo en varias ocasiones.
Mosquera resultó más hábil que
Albornoz y obtuvo la formación de un bloque
liberal socialista; sin embargo, esa noche, a la hora
de la votación, los diputados liberales albomocistas
no concurrieron a la Cámara y el socialista
Alfredo Pareja Diez-Canseco, habiendo contado los
votos, se percató que los socialistas estaban
en mayoría y propuso a sus coidearios la elección
de Carlos Cueva Tamariz. Por supuesto que Mosquera
había mandado a llamar de urgencia a los suyos,
pero éstos, desde los diferente salones donde
estaban libando, le devolvían los recaditos
y aquí no pasó nada.
Ya desesperaba Mosquera cuando apareció Cueva
Tamariz, que venia algo retrasado desde la pensión
Borja donde se alojaba. Todos lo daban por electo,
pero Cueva agradeció la buena voluntad de sus
coidearios y se excusó aduciendo que horas
antes había dado su palabra de caballero y
no podía faltar a ella. ¡Qué tiempos
aquellos!.
Hecha la votación, sacó dos votos, uno
de los cuales fue el de Alfredo Pareja, que no se
había comprometido por nadie y a quien siempre
repugnó la candidatura de Mosquera y estuvo
en lo cierto, puesto desde los primeros días
de su presidencia – Mosquera Narvaez- se convirtió
en un títere del grupo del Dr. Arroyo del Río
que gobernaba desde Guayaquil; lo que exacerbó
los ánimos de los diputados, que presididos
por el Dr. Francisco Arízaga Luque llegaron
al extremo de reunirse en la antigua Cervecería
Alemana, en las afueras de Quito, con el fin de redactar
la destitución de Mosquera, pero éste
se les adelantó y por medio de su Ministro
de Defensa, Galo Plaza Lasso, los apresó y
envió al Panóptico, donde estuvieron
entre Diciembre de 1938 y Enero de 1939; insólito
acontecimiento de nuestra vida republicana con que
inauguró su carrera política ese gran
demócrata de América que fue Galo Plaza.
Posteriormente Cueva Tamariz estuvo nuevamente a punto
de ser electo Presidente de la República. Esto
ocurrió en Junio de 1966 cuando las llamadas
"Fuerzas Vivas" de Quito, Guayaquil y Cuenca
propusieron sus candidatos para reemplazar a la Junta
Militar de Gobierno que presidía Ramón
Castro Jijón y que estaba por expirar. Por
Quito se lanzó a Plaza Lasso, que no aceptó
por estimar que su nombre no unificaría el
elemento civil del país. En Guayaquil se propuso
a Clemente Yerovi Indaburo y a Joaquín Orrantia
González y en Cuenca a Carlos Cueva Tamariz.
Así las cosas, la mañana en que cayó
la Junta y pactada la entrega de la zona Militar de
Guayaquil con el Cornel. Marco Vinicio González,
don Clemente llamó por teléfono a Cuenca
y pidió hablar personalmente con el Dr. Cueva,
a quien le dijo que no tenía ningún
interés en mantener su candidatura, si es que
Cueva mantenía la suya en Cuenca, de suerte
que estaba dispuesto a transar o a renunciar en favor
de Cueva.
Cueva Tamariz contestó que no lo haga, que
él tampoco tenía ambiciones políticas
ni aspiraba a llegar al poder, puesto que su vida
había sido de servicio y que si había
aceptado la proposición de las "Fuerzas
Vivas" de Cuenca había sido únicamente
por obligación cívica y nada más.
Esa tarde mientras se elegía en Quito a Yerovi,
Cueva anunciaba en Cuenca la caída de la Junta.
Una vez más, había cumplido con su deber.
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