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AL CLARO
SOL DE LOS RECUERDOS
Nació en 1902, al comenzar
el siglo y vivió para poblar de adelfas prohibidas
las verdes zonas de sus sueños, así
como de "nuances" y "poncifs"
decadentistas sus hermosos versos modernistas; y no
cantó ni a las ranas ni a los gatos, ni tampoco
a las arañas, como lo hicieron sus malditos
maestros, los poetas franceses; y no lo hizo, porque
nació fino y aristócrata como Wenceslao
Pareja, el poeta que enmudeció.
José Joaquín Pino de Ycaza solo sirvió
para entonar poesías al embeleso que pasa en
un instante de sutil fragancia; a la galantería
de las rosas rojas de Francia; al arrebato dulce y
gentil, que en las novelas que ilustraba el nuevo
arte, sólo se hallaba, en el amor desesperado
del Paje Abril o en las glicinas de una sala de Benedictina
y va un ejemplo:
LA PROFESA: Blanca, grácil, ambigua melodiosa,/
como un rayo de sol en las vitrinas/penetró
jugueteando a la espaciosa/ y vieja sala de Benedictinas/
La brisa suspiraba en las glicinas/El surtidor hablaba
con la rosa/ a la luz de las albas vespertinas/le
cortaran la cabellera undosa// Ella llegó sonriente
a la celdilla/ y contempló a través
de la rejilla/ el jardín perfumado, misterioso//
y al escuchar las voces de la fuente/ se nubló
su pupila de repente/ con un llanto sutil y vaporoso//.
Y aunque la vida con sus monocordes ritmos grises
y pesados le obligó a cruzar absurdas estancias,
él se mostró altivo y alejado, combinando
la cátedra vicentina con el quehacer periodístico
y el tráfago literario, sobrellevando las jornadas
insípidas y burocráticas con una absurda
bohemia, no por ello menos seductora, que lo incitaba
al viaje, al escapismo, al onirismo fatal de una copa
de ajenjo, de una hoja de acanto, de un hatchis de
la India o de la sonriente amapola que mató
a Baudelaire. Por eso vivió y murió
preso entre los estertores de una vida prestada, mitad
de sueños y mitad de realidades, ejerció
de maestro y poeta, de prosista y pensador y amó
por sobre todas las cosas la cultura de Francia y
el liberalismo del Guayas decimonónico; y el
mundo le pagó mal, fue injusto con él.
Jamás fue llamado a ocupar una función
diplomática que hubiera honrado con su estro
y su presencia, ni se lo convidó al reparto
de los ministerios y a la hora de los triunfos solo
se fijaban en sus defectos!.
Pepe Pino perteneció a una generación
tildada de poetas malditos, los decapitados. La mejor
generación jamás habida en el país,
la más lírica, la más rica en
expresiones estéticas. Diríase la única
completa en lo que va del siglo. Sin embargo sus "Hermes"
fueron segados impúdicamente en las aras absurdas
de un medio municipal y espeso, donde el placismo
rufianesco y bancario hacía libaciones de sangre,
fijaba metas obstrusas, señalaba figuras chinescas
y menguados arquetipos; destruida toda esperanza,
la revolución de Concha en 1913 y la matanza
del 15 de Noviembre de 1922 fueron insurrecciones
justas, acanalladas a bala y cañón hasta
perderse por completo. De ellas no se quizo dejar
ni la sombra de una sombra, según palabras
de Raúl Andrade.
La generación de Pino de Ycaza del año
1918, nació bajo un signo cenital y al mismo
tiempo fatal, fue de cumbres que se transformaron
en cruces del mal. A unos poetas mató el hastío,
a otros el suicidio, a los menos las drogas y no faltaron
los engullidos y tragados por el medio hostil, por
la vida diaria, "dorada mediocritas". Constante
donde nada brilla ni nada sobresale. Por ello Medardo
Ángel Silva, que fue el que más avanzó,
terminó por aceptar el mal Saturniano de sus
hermanos poetas y para escapar de él prefirió
morir. Pino de Ycaza, en cambio sobrevivió
prolongando sus días y hasta terminó
haciendo romances, guiado por su amor a la España
peregrina de 1.939 y murió agostado, de solo
57 años, una madrugada de enero en que no le
respondió su cansado corazón y como
padre que vela por sus hijos nos dejó una obra
diseminada en periódicos, revistas y libros.
"Sándalo" tituló a su poemario.
También publicó Romances de casa adentro,
familiares como el de la Mamita Lola y el del general
Alfaro. Hizo crítica en "Algunos Hermes
del Modernismo". Tiene joyas de prosa histórica
en "Rostros Antiguos y Papeles Viejos".
Relatos hermosos en "Dos mujeres, dos ciudades"
que levantó en su tiempo la polvareda regionalista
de la capital y retratos morales en "Tres constructores
de la República", rápida y certera
visión intimista de Rocafuerte, Montalvo y
Carbo.
Pero falta otra obra que solo Luzbel sabe donde está
guardada y que se estrenó con notable éxito
en el teatro 9 de Octubre de esta ciudad allá
por los años 50 como poema en prosa y tituló
"Al claro sol de los recuerdos". Algún
día aparecerá, estoy seguro, porque
el genio nunca muere; solo que yo requiero que se
me indique el año, el número de páginas
de su libreto y la materia tratada en su argumento.
¡Querrá ese diablo que sí lo sabe,
darme estos datos? Los requiero para una biografía
de quién fue maestro amigo y aún no
la tiene, del popular J. J. Pino de Ycaza, caballero
de sueños, luchador de eternidades.
NUBLADO SOL DE LOS
RECUERDOS
José Guerra Castillo
El Dr. Rodolfo Pérez Pimentel que
escribe ahora sabrosas crónicas donde recuerda
mucho y olvida algunas otras cosas, nos ha traído
a la memoria la obra "Al Claro Sol de los Recuerdos"
que se estrenara en el teatro 9 de Octubre de esta
ciudad de Guayaquil hace más de treinta años,
en 1948.
Cuando el Dr. Pérez Pimentel se refiere a "ese
diablo, Luzbel, sabe", se refería curiosamente
a "P. Penacho", que entonces tenía
otro seudónimo muy español: "Curro
Montes" y que fue calificado de "genio precoz"
pues fue el autor del libreto teatral, el adaptador
de la obra, escenógrafo y figurinista, autor
del guión musical y actor de la misma, en el
papel de "El Mal", ¡No podía
Ser de otra manera! ...
Aparte de que le enviaremos el programa original al
Dr. Pérez con la condición de que nos
retribuya con obras de José Eusebio Molestina
que él tiene y conoce y que a no dudarlo, constituirían
un suceso cómico el adaptarlas para ser representadas
ahora va parte de la historia de "Al Claro Sol
de los Recuerdos".
Yo recuerdo que la madre Carolina que era muy buena
pintora y muy buena persona, deseaba reunir dinero
para construir el anexo del colegio La Inmaculada
que ahora está en la calle 9 de Octubre. Para
levantar fondos, ella dio la idea al maestro Pino
de Ycaza (que nos distinguía con su amable
amistad y que con su característica voz ronquísima
nos deleitaba con su conversación de inagotable
cultura) para tal fin, el literato escribió
una obra extensísima de más de trescientas
páginas imposible de llevar a la escena, pues
se hubiera necesitado un escenario monumental y tres
docenas de artistas, pero como la madre Carolina era
invencible, no me desalentó y nos alimentó
y alojó en un hotel de Guayaquil que era propiedad
de doña Zoila Naranjo de Noboa, madre de Luis
Noboa, y que estaba situado donde ahora se levanta
el Banco Central.
¿Por qué en ese Hotel? Porque nosotros
que habíamos llegado con una Comparsa de flamenco:
Carmen Amaya, éramos ''extranjeros" en
nuestra propia tierra. La madre Carolina nos "encerró"
para que reescribieramos la obra y le diéramos
una forma teatral, que desgraciadamente, no tenía,
a pesar de su enorme mérito literario y poético.
"Al Claro Sol de los Recuerdos" era la vida
de una mujer desde su nacimiento, pasando por todos
los Sacramentos. gran libro se abría en escena
y "dentro" de él se realizaban las
secuencias.
Los personajes principales fueron: La Vida: María
Luisa Grunauer. El bien: Juanita Klaere de Vallejo,
La Poesía: María Isabel Zevallos Rendón:
El Recuerdo: Margot Reyna de Carbo. La Primavera:
María Delia Garcés y Garcés.
"Los quince años": Blanca Malnatti
Parodi; La Novia: Betty Puig de Stagg y El Mal: Curro
Montes.
La obra duró —a pesar de los cortes y
adaptación— dos horas y media y tenía
un prólogo, 3 actos, 12 estampas y un ballet:
"Vals de las Flores: de Tchaikowski. La dirección
escénica corrió a cargo de Paco Villar
que interpretó el rol de "El Padre"
y Elsy Vidal, "La Madre".
El propio J. J. Pino de Ycaza dio lectura al prólogo
y se mostró satisfecho del libreto escrito
por P. PENACHO (Que ni pensaba en "nacer").
Desgraciadamente no poseemos el libreto que quedó
en manos de la madre Carolina y en la niebla de aquel
claro de sol de los recuerdos.
La obra fue estrenada en función de gala la
noche de un cuatro de noviembre del año 1948.
Se reprisó tres ocasiones con gran éxito
y reunió una suma respetable para construir
el colegio que es orgullo de Guayaquil, gracias al
empeño de la madre Carolina, al genio de J.
J. Pino de Ycaza y el afán de éste "Vendedor
de Ilusiones".
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