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SITUACION
DIFICIL PARA UN AUTOR
La noticia se regó por la costa
ecuatoriana porque fue publicada en numerosos diarios
y revistas; pronto se conocieron los pormenores del
caso; era el Obispo de Portoviejo, Monseñor
Pedro Schumacher, quien había iniciado la protesta
escribiendo al Padre Duranti sobre las «funestas
consecuencias» que acarreaba la lectura de la
Historia de González Suárez. Eso envalentonó
al dominico que solicitó al Arzobispo la prohibición
del libro.
Para este tiempo Monseñor Ordóñez
Lazo, protector de González Suárez,
falleció en Quito, sucediéndole el Obispo
de Ibarra doctor Pedro Rafael González Calisto,
nombre bastante débil, quien dejó vacante
esa Diócesis.
Tanto Schumacher como González Calisto eran
enemigos de González Suárez o por lo
menos, no simpatizaban con él. Schumacher lo
había hostilizado años antes en Portoviejo,
con motivo del viaje de estudios realizado por el
historiador en procura de objetos arqueológicos
para componer su Atlas.
González Calisto era muy diferente a su tocayo
González Suárez, ambos pertenecían
a la nobleza de Ecuador y Colombia respectivamente.
Este último era de familias oriundas de San
Sebastián de la Plata, Estado de Tolima, Colombia;
pero el historiador es nacido y criado en la pobreza
y casi de caridad pudo llegar a sacerdote. Sin ser
liberal simpatizó con los cambios económicos
y sociales, declarando en la Oración Fúnebre
que pronuncié en 1875 en la Catedral de Cuenca,
en homenaje a García Moreno, lo siguiente:
«Nunca fui de su partido», lo que fue
tomado como signo de herejía en un religioso,
por lo que una señora de Quito y para vengar
tal «ofensa a la moral cristiana» casi
abofetea a doña Mercedes Suárez de González
a la salida de la catedral y en castigo por ser madre
de tan torpe eclesiástico».
González Calisto, en cambio, era hombre de
grata presencia, bonachón, algo cándido
, de pocas luces y muy apegado al realismo de su familia
materna; se tenía en mucho por ser sobrino
de los Marqueses de Casa Fiel-Pérez Calisto
que adquirieron el título por descender de
gentes fusiladas al defender el gobierno del malvado
y torpe Fernando VII.
ELECCION DEL OBISPO
DE IBARRA
Sin embargo el doctor González
Calisto no era persona que anteponía las pasiones
a la justicia y mucho maduró la solicitud del
Prior dominicano para prohibir el Tomo IV de la Historia
General del Ecuador, sin decidirse a actuar. Mientras
tanto González Suárez escribía
a su amigo el doctor Batallas: «Me ha puesto
este señor -el Arzobispo González Calisto-
en el caso indispensable de elevar una representación
al Congreso o a la Convención para que alcance
del Papa una interpretación del artículo
3 del Concordato, en cuanto a la censura previa para
los Libros que traten de asuntos meramente profanos
y no dudo que Roma resolverá en el mismo sentido
que Pío IX en 1848...»
Para llenar la vacante dejada en Ibarra por González
Calisto, los seis Obispos que componía la Provincia
Eclesiástica de Ecuador elaboraron la siguiente
terna:
1) Dr. Juan de Dios Campuzano, Tesorero de la Curia
de Quito, con 6 votos, ocupó el primer lugar.
2) Dr. Federico González Suárez, Arcediano
de Quito, con 4 votos, ocupó el segundo lugar
y,
3) Dr. Ulpiano Pérez Quiñónez,
profesor de Derecho Canónico y Sagradas Escrituras
del Seminario Mayor de Quito, con 2 votos, ocupó
el tercer lugar.
El 4 de Noviembre de 1893 conoció esa terna
la Junta Ocasional compuesta de 18 miembros, 6 por
cada partido, de entre los tres reconocidos oficialmente
en el país. Conservador, Progresista y Liberal;
que eligieron por 12 votos a González Suárez
contra 6 del doctor Campuzano, a pesar de estar Campuzano
en primer lugar de la terna.
González Suárez obtuvo los votos de
progresistas y liberales. Campuzano sacó los
de los conservadores, que protestaron por la elección
considerándola peligrosa para el futuro de
la iglesia porque González Suárez era
tenido y reputado como «demasiado independiente
...»
SITUACION POLITICA
EN 1893
Los progresistas gobernaban con el
apoyo del Partido Conservador y los Liberales en la
oposición. Eran un movimiento político
fundado por el doctor Antonio Flores Jijón
en 1888 con la ayuda de Plácido Caamaño,
en Guayaquil, que ese año le entregó
el poder.
El doctor Flores hizo un gobierno culto y de amplia
libertad; de temperamento dócil y amable, hablaba
varios idiomas y antes de ocupar la presidencia había
desempeñado diversas funciones diplomáticas
en Europa. García Moreno le reconocía
méritos y hasta llegó a decir, refiriéndose
a la habilidad desplegada para el arreglo de la deuda
inglesa con los tenedores extranjeros de los bonos:
«Este Antonio es más pícaro que
su padre ...» y con eso lo dijo todo. El doctor
Flores era poeta y deportista; fue de los más
entusiastas cultores del ejercicio físico que
ha tenido nuestra patria. Ya de presidente acostumbraba
realizar largas caminatas por la Alameda combinando
el paso y el trote. También solía realizar
flexiones acostado sobre el césped; en una
ocasión y encontrándose el El Ejido
y en estos menesteres, se topó de buenas a
primeras con el cadáver de un señor
Espinosa, muerto de un tiro, en la madrugada, por
Nicolás Rivadeneira, con quien se había
desafiado a duelo de pistola. Morrocotudo susto que
se llevó el buen mandatario!.
En otra ocasión solicitó al Congreso
la rebaja de los diezmos pactados por García
Moreno con el Vaticano; al saberse esto en Roma, León
XIII, tomándose la cabeza entre las manos,
exclamó: «Ya no hay en quien creer; pero
si este hombre vino aquí hace poco y juró
que era católico practicante ...» y en
efecto, lo era, pero anteponía los intereses
ecuatorianos a los demás.
Sin embargo el Progresismo nació condenado
al fracaso como movimiento político por la
fuerza de las circunstancias de la época, ya
que fue formado por intelectuales de buena voluntad
de entre la aristocracia que se preciaban de conocer
Francia y hablar su idioma; ninguno aspiraba a realizar
cambios mayores o a transformar la economía,
por lo que este intento de renovación a base
de elites acabó ante lo que González
Suárez describió en 1895 con las siguientes
palabras: «La oleada radical viene y viene impelida
por el soplo de la cólera divina ...»
Al terminar su período en 1892 el doctor Flores
entregó el poder al doctor Luis Cordero, poeta
cuencano de primer orden que en 1894 no logró
superar la crisis producida por el escandaloso negociado
de la bandera nacional y fue en esa aciaga hora cuando
se efectuó la elección de Obispo de
Ibarra y triunfó González Suárez
contra su inmediato opositor el doctor Campuzano.
PROTESTA DE CAMPUZANO
Poco después el país
entero leía con avidez un curioso folleto aparecido
en Quito y titulado: «Censura de los Actos Administrativos»,
de la ágil pluma del doctor Juan de Dios Campuzano,
que picado por no haber obtenido los votos progresistas
de la Junta Ocasional» criticaba al Presidente
Cordero, acusándole de inepto, lo que precipitó
los acontecimientos y casi enseguida renunció
Cordero.
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