TOMO
III |
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UN DUELO
DE ANTAÑO
En septiembre de 1911 un cronista
de "El Ecuatoriano" publicó bajo
seudónimo que los diplomáticos ecuatorianos
en Santiago de Chile debían una vida, en otras
palabras, que en esa urbe había ocurrido un
asesinato. Bastó y sobró esta velada
alusión para que al poco tiempo Francisco H.
de Elizalde y Gómez fuera a visitar al Director
del Ecuatoriano, Cor. Ricardo Cornejo Naranjo y le
pidiera las debidas explicaciones que todo caballero
está obligado a dar cuando ha injuriado a otro.
Cornejo era Coronel retirado del Ejército y
contestó que no podía explicar nada
porque nada había que explicar, que tampoco
podía dar el nombre del escritor porque no
estaba autorizado y que en todo caso, se responsabilizaba
de cualquier reclamo en su calidad de Director. Elizalde
salió sin despedirse mostrándose muy
airado.
Esa tarde Cornejo recibió en su casa a Rafael
Pino y Roca y a Enrique Cueva quienes fueron en calidad
de padrinos de Elizalde para ver si podía llegarse
a un acuerdo, pero Cornejo les pidió que salgan,
porque les iba a mandar a sus padrinos, eligiendo
al Dr. Luis Chacón y a Manuel Defranc.
Los padrinos sesionaron y acordaron un duelo a primera
sangre Elizalde pidió el florete que Cornejo
declinó por su lesión del dedo índice
de la mano derecha, pueshabía perdido la falange
en un accidente en la imprenta y escogió la
pistola. Elizalde se puso nervioso porque Cornejo
era un gran tirador pero ya no podía retroceder.
Se concertó la cita mortal a las 2 de la tarde
en un terreno 800 mts.2 ubicado detrás del
antiguo Jockey. El lance sería a veinte pasos
de distancia, a tiros simultáneos. Corría
el mes de Septiembre de 1911 y los duelos estaban
prohibidos y castigados por el Código Penal.
"El Grito del Pueblo" dio amplia publicidad
al asunto y el lance se hizo público. El Intendente
General de Policía comisionó al comandante
Juan Francisco Morales Cornejo (sobrino de unos de
los duelistas) para que con un piequete proceda a
buscar y los aprese.
Mientras tanto Cornejo se había retrasado localizando
a sus padrinos y juntos fueron en berlina al campo
de honor. En el trayecto encontraron al Dr. León
Becerra y lo hicieron subir para que actúe
de cirujano por si acaso.
Llegados al lugar encontraron a Elizalde muy sonreído,
acompañado de sus padrinos y de su hermano
Rafael. No conozco quien hizo de Director o Presidente
del lance. Entonces los duelistas tomaron sus armas,
cerraron las solapas de sus sacos para evitar el blanco,
se pusieron de espaldas y caminaron los veinte pasos
de ley. Elizalde se ofuscó y disparó
primero, la bala rozó la americana de Cornejo
y hasta le quemó parte del tejido sin ocasionarle
daño. Cornejo tomó su arma y la arrojó
al suelo, increpando a Elizalde por el giro que había
tomado un asunto tan baladí y diciendo a los
presentes que había cumplido como caballero,
pero que como católico no podía hacer
uso de un arma contra un hermano en la fe.
Poco después se despedían las partes
y los duelistas se dieron la mano y un sincero abrazo.
Elizalde fue después, no solamente amigo de
Cornejo, sino su sincero admirador.
Mientras tanto el comandante Morales había
llevado a los policías por terrenos extraviados
para evitar toparse con los duelistas; siendo uno
de ello su tío carnal, no hubiera sido bien
visto que se suspendiera el duelo por intervención
de un pariente, En el camino los policías vieron
a un hijo de Cornejo que iba retrasado y en compañía
de un empleado, ambos armados, y los detuvieron preventivamente,
quitándoles las pistolas; fueron las únicas
víctimas y durmieron esa noche en el cuartel.
"El Grito del Pueblo" informó al
día siguiente del resultado del lance y todo
volvió a la normalidad quedando únicamente
la anécdota.
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