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TRES
HISTORIAS DE GUERRILLEROS
En 1882 Alfaro abandonó Panamá
y pasó costeando a Esmeraldas en un barquichuelo
sin brújula. Venía a preparar la Revolución
contra Veintemilla.
Desde Francia y con propósitos diversos llegaron
a Guayaquil tres jóvenes estudiantes. Clemente,
Jorge y Carlos Concha Torres. Venían por diversas
rutas dispuestos a fomentar la fortuna familiar, laborando
la tierra y exportando frutos, como la tagua, la orchilla,
el cacao, etc. Acababan de perder al padre y era necesario
trabajar para mantener a los hermanos menores. En
Guayaquil se quedaron Jorge y Carlos residiendo en
la casa familiar. Clemente el mayor, pasó a
las haciendas de Esmeraldas y llegó cuando
todo estaba convulsionado.
Alfaro había establecido en esa Provincia un
gobierno provisorio y a pesar de encontrarse enfermo
y en cama con fiebre palúdica, se daba tiempo
para todo. El 20 de Julio de 1882 lanzó un
manifiesto a la Nación desenmascarando al gobierno
y evitando la población Esmeraldas prosiguió
su marcha hasta Portoviejo, tomó la ciudad
sin resistencia, dejó una guarnición
militar y volvió a Esmeraldas por la vía
de San Mateo.
A las 8 de la mañana del 6 de Agosto realizó
el asalto a San Mateo. Clemente Concha, que hablaba
tan bien el francés como el español
y conocía París como sus haciendas,
estaba con él. Se combatió con violencia
y crueldad, hubo bajas en ambos bandos. Las fuerzas
del gobierno estaban atrincheradas y eran muy difíciles
de derrotar. A las 10 se decidió la acción
contra los revolucionarios que retrocedieron para
escapar. Alfaro sufrió enormes penalidades
pero llegó a Colombia por las selvas de Barbacoas;
su secretario Miguel Valverde sucumbió por
las enfermedades y fue tomado prisionero en la huida.
Lo trasladaron a los calabozos del Cuartel de Artillería
en Guayaquil y allí permaneció hasta
que una madrugada, la del 8 de Noviembre de 1882,
sufrió la visita del dictador ebrio, quien
le ordenó retractarse en público de
todos sus escritos. Como la respuesta fue negativa,
le cacheteó y escupió ordenando 800
palos y se los administraron sin perdonar uno sólo.
¡Demás está que el lector imagine
cómo quedó el pobre periodista después
de tamaña golpiza!.
Pero veamos qué había ocurrido con el
guerrillero de 19 años de edad que había
colaborado en el ataque alfarista.
En la primera carga que fue de caballería,
el valiente Clemente Concha atacó de frente
al enemigo montando un rápido caballo con el
que pensaba "volar" sobre las trincheras;
pero quiso el destino que al acercarse a ellas, una
bala de cañón le atravesara ambas piernas
con esquirlas de metal, tumbándolo al suelo
y dentro de la trinchera enemiga, donde lo recogió
un peón de raza negra llamado Pío Quinto,
que armado de un machete hizo tres violentas entradas
y logró ahuyentar a los soldados gobiernistas.
Fue conducido a la hacienda "Propicia" porque
Esmeraldas seguía ocupada por el gobierno y
no pudo atenderlo ningún facultativo a pesar
de los intensos dolores que sufría y pasaron
dos largos días hasta que el 9 de Agosto fue
trasladado a Esmeraldas, donde residía provisionalmente
el doctor César Borja Lavayen, médico
pero no cirujano, que ordenó la amputación
de ambos miembros inferiores.
No se contaba con instrumentos especiales de cirugía
sino únicamente con un vulgar serrucho de carpintero
de los que todos conocemos. Concha fue acostado en
una camilla de campaña y solicitó un
cigarrillo para fumarlo despacio, en grandes bocanadas,
mientras impávido observaba cómo el
galeno sudando la gota gorda le serruchaba ambas piernas
a la altura de las rodillas. Dos horas duró
la carnicería pero no se escuchó un
solo lamento, ni un quejido siquiera. Los presentes
estaban asombrados de tal despliegue de valor. Luego
de suturar los muñones el herido sufrió
un síncope cardíaco provocado por la
pérdida de sangre durante la intervención
y expiró. Borja Lavayen describió este
episodio en su libro "Flores tardías y
Joyas ajenas" publicado en Quito en 1909.
DESQUITE NO ES VENGANZA
Ocurrido estos lamentables sucesos
con los que la Patria lloró, su hermano Luis
Vargas Torres, rico comerciante esmeraldeño
residente en Guayaquil y copropietario de la acreditada
casa comercial "Avellaneda y Vargas Torres",
abandonó el suelo ecuatoriano y enfiló
la nave de su destino hacia Panamá, donde residía
temporalmente Alfaro, responiendo fuerzas para volver
al ataque. Dejemos que él nos cuente el suceso:
"Durante la segunda quincena de Noviembre (1882)
se presentó el joven Luis Vargas Torres procedente
de Guayaquil y me ofreció sus servicios personales
y ALGUNOS MILES DE PESOS que había traído
para comprar armamento y abrir operaciones sobre Esmeraldas.
Traté de inclinar su ánimo en el sentido
de que uniera sus recursos a los que debían
venir de Quito, pero no logré mi objetivo.
Convencido entonces, que mi apoyo era indispensable
para que la empresa del patriota Vargas Torres no
fracasara en su origen, tuve que tomar parte en la
combinación. Vargas Torres salió de
aquí el 27 de Noviembre de 1882 con el Coronel
Pallares, que acababa de llegar del Carchi y el armamento
que constaba de unos 200 rifles con sus respectivas
municiones fue conducido en un buque de vela por mi
hermano Medardo y los señores José Gabriel
Moncayo, Manuel Ramírez, José Soto y
el Cap. Suárez, que desempeñaba las
funciones de piloto".
El 6 de Enero de 1883 entraba Luis Vargas Torres en
Esmeraldas y se abrían nuevos horizontes al
país. La campaña definitiva contra la
dictadura de Veintimilla había comenzado. Alfaro
fue invitado a venir al Ecuador y a su llegada a Esmeraldas
organizó el gabinete" con las siguientes
personas: En Gobierno Manuel Semblantes; en Hacienda
Federico Proaño y en Guerra Víctor Proaño.
Ese invierno una oleada alfarista avanzó poco
a poco hacia el sur pues Guayaquil era su destino
final. Febrero y Marzo lo ocuparon en tomar Manabí,
ciudad por ciudad, cerro por cerro, siempre adelante.
El 15 de abril entraron en Daule, el 28 pasaron por
Pascuales y el 29 sentaron sus reales en las zonas
bajas de la hacienda Mapasingue. Son 1.200 hombres
armados de fusiles Manglicher, carabinas de repetición
y machete al cinto. Un airoso "jipijapa"
les cubre y protege del inclemente Sol tropical y
la cotona pasea donosa hablando de machismo criollo,
en tanto que los gobiernistas ocupan las alturas del
Santa Ana y el Carmen protegiendo a la ciudad por
el norte, muertos de miedo.
El 9 de Julio se realizó el ataque por dos
puntos:
1) El puente sobre el Estero Salado
2) La llanura de Mapasingue por el lado del Manicomio.
Horas después la vanguardia liberal tomó
los cerros y las trincheras del Salado se rindieron.
Entonces entraron las fuerzas combinadas de los Generales
Alfaro y Sarasti, que acababa de llegar proveniente
de Quito. ¡Desquite no es venganza! Veintemilla
había huido despavorido, salvándose
casi de milagro.
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