TOMO III
 
 
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TOMO II
TOMO IV
     


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TRATADO DE LIMITES MUÑOZ VERNAZA-SUAREZ
Entre los puntos del programa de labores del nuevo mandatario se contemplaba el arreglo de las fronteras con Venezuela y Ecuador y el nuevo Canciller colombiano Marco Fidel Suárez, aprovechó de la buena voluntad de Muñoz Vernaza, para iniciar las gestiones tendientes a este fin, formando una comisión compuesta por él y por los doctores Adolfo Urueta y Antonio José Uribe, que trabajó desde el 4 de Noviembre de 1915, a base de una propuesta del doctor Muñoz Vernaza, por la que el Ecuador retenía el dominio del río Putumayo hasta su desembocadura en el Amazonas, lo que no fue aceptado por Colombia; entonces Muñoz Vernaza, para arreglar, cedió y el 15 de Julio de 1916 suscribió el Tratado de Límites con el canciller Suárez.

De inmediato fue criticado por la prensa ecuatoriana por haber cedido gratuitamente más de 180.000 kilómetros cuadrados a favor de Colombia, sin obtener a cambio ningún convenio de alianza defensiva que nos permitiera repeler con éxito cualquier intento de invasión por el sur.

En Quito la protesta fue grande y numerosos compatriotas escribieron en diferentes diarios de la República contra ese írrito convenio. Los doctores Carlos Carbo Viteri, José Peralta y José Luis Tamayo y los señores Carlos Rendón Pérez y el propio Aguirre Aparicio lo condenaron, indicando que esa cesión gratuita equivalía en territorio a una extensión mayor que la sierra y costa unidas.

Sin embargo el Canciller doctor Rafael H. Elizalde lo defendió, mal aconsejado por la Junta Patriótica Nacional compuesta por el Arzobispo Federico González Suárez y los doctores Luis Felipe Borja Pérez, Carlos R. Tobar Borgoño y Nicolás Clemente Ponce, pensando que todo sacrificio era útil con tal de conseguir una solución pacífica a nuestros problemas con Colombia. (Cuan lejos estaba de imaginar que poco tiempo después, por el tratado secreto Salomón - Lozano, el vecino del norte traicionaría nuestra amistad regalando al Perú esa zona, agravandose aún más el problema.

El doctor Muñoz Vernaza era un conservador, de carácter agrio y fogoso y por su rama materna de origen colombiano; en su pasado tenía una activa militancia política y se le acusaba de haber intervenido directamente en el criminal fusilamiento de Vargas Torres; no era una persona recomendable para arreglar disputas. Su muerta ocurrida en 1941 , le permitió comprender el error cometido en 1916 en Bogotá...

INCIDENTES FRONTERIZOS DE 1916
Y mientras se discutían en Bogotá las cláusulas del Tratado ocurrían una serie de roces armados en la región del río Carchi; el gobierno colombiano designa una comisión compuesta por el doctor Antonio José Restrepo y los señores Antonio Cárdenas Mosquera y Julio Garzón Nieto y el ecuatoriano otra formada por el doctor Nicolás Clemente Ponce y los señores Ignacio Fernández – Salvador y Héctor Dueñas Giler, con el fin de determinar una línea provisoria de «Statu quo», en tanto avanzaban las negociaciones definitivas.

Estas comisiones no la tuvieron oportunidad de trabajar porque el tratado se suscribió casi enseguida en Bogotá y el gobierno ecuatoriano invitó a los delegados a Quito, aceptando los comisionados Restrepo y Cárdenas y excusándose Garzón por ocupaciones personales previamente contraídas.

Nuestro Congreso había ratificado el Tratado y se esperaba que el de Colombia haría lo propio. El Dr. Restrepo, poeta clásico, compuso un himno que tituló: «Sáficos Adonicos» en el que no se sabe que apreciar más, si lo insulso de sus pensamientos o lo horripilante del metro y tuvo la puerilidad de dedicarlo al nuevo presidente ecuatoriano Dr. Baquerizo Moreno, poeta que desempeñaba la Presidencia del Ecuador.

Restrepo llegó al colmo de su pedantería haciendo que un diario capitalino lo publique con dedicatoria y todo; luego lo recitó en el Teatro Edén, en una velada organizada en su honor por la Sociedad Jurídico Literaria de Quito, donde el Dr. Nicolás Clemente Ponce contestó con otros igualmente malos y en versos de «Safo y Alcea», sus maestros en eso de retórica y arte poética. Por supuesto y para no quedarse atrás en tanto disparate. Ponce dedicó los suyos al Presidente colombiano y luego las composiciones fueron recopiladas en un folleto con las fotografías de ambos diplomáticas. Por algo se decía en Quito que el Dr. Nicolás Clemente Ponce tenía el defecto capital de ser pueril, bastante cursi y soberbio, todo en una. Y como para muestra vale un botón, veamos cómo el Dr. Restrepo alcanza vuelo, en su himno, con las siguientes estrofas:

Desde alpha a omega, al continente afana
Solo un designio; la común defensa
la lengua, el credo, la procera estirpe, todo nos une ...

Baquerizo Moreno, cuando contestó la dedicatoria, se apoyó en esta frase de «Todo nos une»y con mucho ingenio escribió:

«Agradézcole el propósito y el recuerdo y ya que todo nos une, unidos queden así, para siempre, su nombre y el mío...

«Todo nos une y nada nos separa»

Por su parte el Dr. Nicolás Clemente Ponce comienza los suyos de la siguiente manera:

Venga al Hunza soberano el cóndor
raudo batiendo las remeras alas
hacia el Pichincha, cuya cumbre mira
cielo de glorias...

Eso de las remeras alas, es una metáfora muy fea y desafortunada, pues nadie puede remar con las alas ni volar usando remos. ¿No les parece?

Y así, entre versos y flores diplomáticas, se nos arrebató el norte patrio desde las orillas del río Putumayo hasta casi las del Napo, perdiéndose algunas poblaciones orientales que siempre habían sido ecuatorianas: Volvíamos pues, después de casi cien años, a la frontera imaginaria que los diplomáticos peruanos y colombianos, a motu propio, nos habían fijado en 1830, en el tratado secreto Pedemonte - Mosquera, celebrado a nuestras espaldas y para causarnos perjuicio. Así marchó la diplomacia del Ecuador al fatídico año de 1941 en que se produjo la peor de las catástrofes: la invasión peruana y su secuela, irrito el tratado de Río de Janeiro.

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