TOMO III
 
 
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LOPEZ VUELVE A LAS ANDADAS
Ese mes y por el “Diario de Avisos” de Guayaquil, “Diocesano” contestó con numerosos datos y fechas y al final invita a Monseñor Schumacher a leer “La Revista Ilustrada” de New York donde se asegura que “el hombre desciende del mono” - como lo afirmara Charles Darwin- porque en África se ha encontrado un salvaje con medio palmo de rabo y se lo exhibe en un circo de esa ciudad. En verdad esta polémica hoy no llamaría la atención, pero examinada a la luz de esos años, se comprende que fuera tema de actualidad en todos los hogares por ser la primera vez que un seglar rebatía a un Obispo en el Ecuador mohíno soñoliento y aún colonial de fines del pasado siglo.

En agosto López tuvo que cambiar de domicilio porque sus vecinos y amigos de Jipijapa le huían como a reprobo. Va a Chone, lugar más apartado de Manabí y donde rara vez llegaba un periódico. Allí pocos conocen su situación y como no existen muchos intelectuales, a nadie le interesa su polémica con el Obispo de Portoviejo. Sin embargo desde Portoviejo le piden correspondencia para “El Horizonte” de esa ciudad y acepta y se pierde. Veamos como:

LOS CARNICEROS CHONEÑOS
Monseñor Schumacher había prohibido que las ventas de la plaza se hicieran los domingos que son de descanso obligatorio y no de trabajo y jaranas pero los carniceros de Chone seguían abriendo sus puestos de venta y sacrificando reses. Eso era un abuso sin nombres piensa el Padre Teófilo Rubianes, Cura de esa población, y al siguiente domingo y desde el pulpito amonestó a los choneños carnívoros, que no perdonaban ni el domingo en su gula de proteínas, saboreando el rico chivo, la deliciosa vaca y el no menos estupendo lechón. Y como nadie se inmutó y continuaron en el “pecado”, el Cura abandonó Chone, pasó a Portoviejo y dejó al pueblo sin cura, ni para extremaunciones, mucho menos para confesiones, comuniones o bautizos.

Pasaron cuatro domingos y la Iglesia seguía cerrada. El Padre Vicente Loor visitaba Chone pero no iba a la Iglesia sino al convento de las monjas y allí daba misa; regresando por las mismas y bajo pena de excomunión si desobedecía. El Pueblo murmuraba porque el 30 de agosto era la fiesta y ese año no habría ¡Y no hubo! Entonces López se quejó como corresponsal en Chone.

UN NOVEDOSO DECRETO
El 18 de enero de 1890 el Obispo contraatacó a López decretando que solo podrán ser utilizados como textos de enseñanza moral y religiosa en las escuelas eclesiásticas, municipales y fiscales de su Diócesis, los siguientes: 1) Para la primaria: Catecismo Abreviado por Bernard August Thiel, Obispo de Costa R.ca, e Historia Sagrada por Knecht, 2) Para la secundaria: Catecismo de la Doctrina Cristiana igualmente por Thiel y la misma Historia Sagrada de Knecht. Indicando que por ningún motivo debía usarse “Los Derechos del Hombre en Sociedad”, para uso de las Escuelas Primarias, por el doctor Felicísimo López, publicado en 1882 en Guayaquil, “por ser contrario a los principios de la filosofía cristiana y de la enseñanza católica”.

Este última parte es exagerada porque el folleto es ajustado a la verdad, a la razón y a la moral y así fue calificado por importantes conservadores ecuatorianos, antes del Decreto de Schumacher, por supuesto. El doctor Pablo Herrera, Vice Presidente Constitucional de la República, en 1892, se había expresado del folleto: “Preciosísima obrita ...etc”.

BREVES DISQUISICIONES
Si en verdad López aparece como intelectual de valía que no desciende a la diatriba ni al insulto, por otra parte no ceja en contestar a Schumacher y éste, imbuido en el espíritu dominador de esa época, pretende tener la razón en todo, incluso cuando comete errores como el de prohibir el uso de un texto escolar sin importancia, por el solo afán de fastidiar a su autor. Para colmos, dos años de discutir sobre tópicos tan diversos como la teoría de Darwin demostrada por el rabo de un salvaje, etc., hace que los hombres de la provincia se sitúen en dos bandos que se insultan a rabiar. López contesta el Decreto, tildando de “secta” a la religión católica y firmó con el seudónimo de “Juan Zisca”, nombre de un famoso monje bohemio reformista, calificado de hereje por la iglesia en el siglo XVI, utilizando las páginas del No. 627 del “Diario de Avisos” de Guayaquil, del 25 de marzo.

SE INICIA UN FAMOSO PROCESO
El 20 de Junio de 1890 el doctor José Isidro Rodríguez Pareja, abogado porteño, solicitó al Juez Segundo de Letras, el enjuiciamiento criminal del autor de la correspondencia, por asegurar que “estamos en plena teocracia y dar el nombre de Secta a la religión católica, que equivale a confundirla con las religiones falsas, con lo que no solo se excita su desprecio; sino lo que es más, se desconoce uno de sus principales fundamentos: que es única y verdadera”.

El 21 presentó un escrito de defensa el doctor Rafael Guerrero y el 28 el Agente Fiscal doctor Vicente Benitos admitió la acusación al trámite y ordenó al Director del Diario de Avisos que exhibiera el original artículo bajo su estricta responsabilidad.

El 10 de Agosto y desde Chone escribió el doctor López al Director del periódico declarándose autor y único responsable de cuanto pudiera ocurrir. Un mes después, el 12 de septiembre, el doctor Emilio Arévalo presentó un Alegato de Defensa que salió publicado en todos los diarios del país. Ya el asunto se había vuelto nacional y todos lo seguían muy de cerca, corno si fuera una telenovela de actualidad.

El juez de la causa doctor Carlos Coello Salvador, después de muchos incidentes y gran despliegue de publicidad, con fecha 28 de febrero de 1891 absolvió de culpa al indicado, sobreseyendo la causa por falta de pruebas ya que “en puridad” el juicio se seguía por la comisión del delito de herejía, pero no se habían producido verdaderos cargos y los escritos presentados eran de índole política y social, mas no religiosa.

LA EXCOMUNION
Pero meses antes de dictarse esta sentencia, Monseñor Pedro Schumacher, sin esperar el fallo, había aplicado el “remedio” y durante la visita pastoral que realizó a Jipijapa el 3 de noviembre de 1890, le fulminó excomunión mayor al Dr. López, excluyéndole de los sacramentos y de la celebración de la misa y, además, si moría sin haber dado satisfacciones a la Iglesia, sus restos no podrían ser sepultados en sitios sagrados.

El 23 escribió el afectado al Nuncio Apostólico Monseñor José Macchi, con sede en Quito, sin recibir contestación. Muchos periódicos comentaban de diversos modos la medida adoptada y no pocos dejaron oír sus voces de protesta. Al final, el asunto dejó de interesar y el doctor López viajó a Esmeraldas, siempre perseguido por su incansable enemigo. En 1894 fue electo Diputado por esa provincia y lo descalificaron en el Congreso por estar excomulgado; ese incidente adquirió proporciones mayores y unido al de la venta de la bandera nacional precipitó los acontecimientos que terminaron con el régimen progresista del doctor Luis Cordero sucedido en pocas semanas por Vicente Lucio Salazar, por Carlos Matheus y Pacheco y por Arístides Rivadeneira Ponce, último encargado del poder, que huyó de Quito después de la derrota de las fuerzas leales en Gatazo.

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