TOMO III
 
 
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TOMO II
TOMO IV
     


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PLAZA Y EL PALACIO MUNICIPAL
«Marquete» le decían sus amigos y por eso me permito llamarlo así, con ese nombre de confianza que tan bien caía a su carácter serio pero extrovertido y lo he colocado junto al Palacio Municipal que él ayudó a construir, porque estoy seguro de que le hubiera agradado que se le recuerde por ese momento de su vida, Marco Plaza Sotomayor fue el concejal que tomó bajo su responsabilidad el control de la construcción e inauguración del edificio, el más rumboso de nuestra urbe, por algo le dicen Palacio.

Y todo esto me ha venido a la mente después de leer el magnífico libro del Dr. León Vieira titulado «ESTUDIOS ARQUITECTÓNICOS» que comenté hace poco y que trata sobre cuatro edificios de Guayaquil construidos por loe mismos años, cuando recién comenzaba a llegar el cemento en barricas desde las lejanas playas de Francia. Después fundó Pepe Rodríguez Bonín la fábrica San Eduardo y el país ahorró ingentes cantidades de divisas.

El Palacio como todo en este mundo también tiene su historia. En 1921 los Concejales decidieron construir una Casa Municipal en armonía con nuestra tradición de puerto principal de la República. Los trabajos se iniciaron en 1924 pero se suspendieron al año siguiente por falta de fondos ¡Cuando no tratándose de algo nuestro?. En 1927 se reiniciaron las obras por contrato con la Compañía «Fénix» formada por los arquitectos Muccerdini y G.F. Macaferri y todo avanzó con tal rapidez que la inauguración se llevó a cabo en 1929, al cumplirse el Centenario de la batalla de Tarqui. Entonces tomó la palabra el Concejal Plaza Sotomayor, presidía el Concejo Leopoldo Izquieta Pérez y hasta existe una histórica fotografía del acto donde aparecen vestidos de chaquet, porque la entrega se realizó en horas de la mañana.

El Palacio Municipal tiene «la aristocracia de nuestra vida republicana» y una arquitectura independiente más que tradicional, que no responde al molde hispánico implantado en la colonia sino más bien al ideal renacentista que daba primacía al hombre y construía edificios funcionales con altos techados y espacios bien ventilados. Los interiores son florentinos, diseñados entre el manierismo y el grutesco. Ejemplo de ello es el Salón Principal o de Honor, con su sitial alto para la orquesta, su antesala que sirve de entrada y los corredores exteriores de circulación, que también establecen el necesario contacto con la naturaleza del que tanto se habla ahora.

En los exteriores campean lemas en latín, hermosos estucos y unos cóndores vigilantes. Las columnas y sus bases son de hierro y cemento y han soportado el peso de verdaderas multitudes, así como los movimientos del terremoto del 13 de Mayo de 1942 que no le hicieron ni cosquillas. Todo en fin, se planeó en 1921 para ofrecer una idea y visión de monumentalidad en la entonces pequeña urbe que no ha de haber llegado ni a los doscientos mil habitantes. ¡Teníamos Palacio para rato!.

Y tranquilo debió quedar Marquete después del acto de la entrega cuando la Orquesta Blacio apagó su voz con magníficas notas y todos se pusieron de pie, en homenaje y veneración a la memoria de Sucre el vencedor de Tarqui. Después se retiró a la vida privada, honrado con el agradecimiento de sus conciudadanos que no lo olvidaron. Posteriormente fue llamado a ocupar el Ministerio de Obras Publicas en 1932, durante la brevísima presidencia de Alberto Guerrero Martínez y estuvo en Quito por cortos meses. En 1937 fue Gobernador Rotario y combinó estas funciones con sus labores comerciales y agrícolas, en 1938 fue designado coronel de las guardias nacionales y pasaron los años hasta que una noche, mientras espectaba una carrera de botes a motor a bordo de “La Pangora” esta se volcó en aguas del estero salado y Marco cayó al agua y hasta se hubiera salvado, pero en su deseo de ayudar a los demás, muchos de los cuales se estaban ahogando, se hundió varias veces para rescatarlos y parece que sacó a algunos a la superficie y en esta misión se encontraba cuando recibió un fuerte golpe en la cabeza que lo dejó inconsciente. ¡Falleció en mitad de esa noche!.

Lo conocí y traté mucho. De estatura mediana, delgado, nervioso y musculado. Correcto, pulcro y muy compuesto. Hijo de Aparicio Plaza Iglesias que anduvo metido en la campaña de la Restauración allá por 1883 cuando Alfaro tenía su cuartel en Mapasingue y Guayaquil estaba ocupada por las tropas de la dictadura veintemillista. De él existe una hermosa fotografía tomada al día siguiente de la batalla del 9 de Julio de ese año, en la que aparece junto a Vargas Torres fusil en mano, y de Victoria Sotomayor y Swayne.

De Marco se decía que cuando emprendía un proyecto siempre triunfaba, por eso logró formar una sólida fortuna y tanto, que jamás descontaba las letras y pagarés de sus clientes, prefiriendo guardarlos hasta sus vencimientos. No requería de bancos, eran otros tiempos, la ciudad y su comercio eran menores.

Conozco dos retrata suyos. Una caricatura confeccionada por Segundo Espinel donde está igualito, que se conserva en el Club de la Unión, muy estilizada por cierto, para acentuar sus rasgos principales. Allí está con una larga boquilla de cigarrillo como se estilaba por los años 40. En 1961 se trató de colocar su óleo en la Municipalidad, hubo la buena voluntad del Concejo de entonces pero faltó la decisión final. Nuevamente se lo quiso hacer en 1976 y hasta se solicitó a la familia que obsequiara un bellísimo retrato ejecutado por el Maestro Mario Kirby, en el que está igualmente parecidísimo, con el interesante detalle técnico que no agradó a la familia, de tener puesta una elegante corbata con fondo color rojo, detalle que utilizó Kirby para fijar la atención del espectador en la figura central del personaje, puesto que la composición es algo obscura y se ha jugado en ella con luces y sombras. Claro está, Marco jamás gustaba usar corbatas de ese color. Y como dicen que a la tercera va la vencida, confío en que vendrá el día en que la ciudad cuente con su efigie en el Palacio que ayudó a construir.

El Futuro del Edificio
El Dr. Vieira anota en su obra que la Casa Municipal se convertirá en Museo y que es tiempo de que el Concejo piense en planificar la construcción de otro edificio, fuera de los límites urbanos actuales, más funcional y acorde con los tiempos que vivimos. Los nuevos planos de la «Casa del Pueblo» que así llamarán al edificio cuando ocurra su traslado, tienen que ser bellísimos. No podemos quedar detrás de lo que hicieron nuestros mayores. Mientras tanto el Palacio – medio centenario- seguirá su proceso de destrucción. Actualmente se nota que algunos detalles ornamentales se han roto, las aglomeraciones lo ensucian y escaleras y ascensores dan asco, pero se lo ha pintado y restaurado por fuera. ¡Valga lo uno por lo otro! (1).

(1) Fue restaurado totalmente en la alcaldía del Ingeniero León febres Cordero. Nota del autor.