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ORIGEN
GEOLOGICO DE SANTA ELENA
La actual península data del
período eoceno superior; las más antiguas
rocas se hallan en la zona sur y suroeste de ella.
Parece que su nacimiento se origina en un levantamiento
de capas submarinas compuestas de foraminíferos
y roca chest, que explica la presencia de petróleo
y gas, tanto entre La Libertad y Santa Elena como
en pleno Golfo de Guayaquil.
Igualmente y con un mismo origen se explica la presencia
de dos volcanes pequeños pero muy activos que
incesantemente arrojan lodo y vapor de azufre. Una
boca está en el actual balneario de San Vicente
y la otra en las cercanías del antiguo Caserío
de San José de Amén, también
conocido como "El Progreso". Hace pocos
años afloraron por Manglaralto otras bocas;
pero prontamente fueron taponadas por los vecinos,
con grandes trozos de sal.
El volcán de San Vicente fue conocido desde
la colonia como centro de salud. En la república
y a expresa solicitud del doctor José Mascote,
el Municipio de Guayaquil construyó en sus
inmediaciones una pequeña casa de madera para
alojamiento de enfermos y en especial de aquellos
que sufrían males en la piel. Poco después
numerosos pacientes de lepra, elefantiasis y sífilis
se confunden con personas reumáticas y diabéticas
con llagas incurables. No faltan tampoco los cancerosos
y aquellos que sufren hongos.
Como se comprenderá, esta reunión acarreaba
mayores peligros que beneficios y poco después
el experimento se desprestigió. Se necesitará
el paso de un siglo para que San. Vicente vuelva a
ponerse de moda. Esto ocurre en la década del
30, con la llegada de los primeros ingenieros norteamericanos
e ingleses especializados en petróleo.
Nuevos descubrimientos han probado que la cultura
Valdivia es de origen amazónico y no transoceánico,
como creyó Emilio Estrada. (Nota del autor).
Los antiguos pozos de brea también fueron explotados
desde la llegada de los españoles. Hacía
1750 pasaron a ser de propiedad de la familia Lavayen
y Santistevan, por herencia materna; luego son heredados
por Josefa Rodríguez de Bejarano y Lavayen,
madre del doctor Vicente Rocafuerte, que los trabaja
exitosamente, estableciendo un activo comercio con
Guayaquil.
Todas las semanas se saca la capa asfáltica
acumulada en la superficie de las lagunas naturales
de lodo por donde se escapa el oro negro y en grandes
pailas se somete al fuego para lograr que espese;
enseguida viene la operación de llenar las
barrica, que a lomo de mula llegan al puerto; su contenido
sirve parad calafate de los casco de los buques que
se arman en el astillero, impermeabilizándoles.
La ilustración europea de Rocafuerte se paga
con el producto de este comercio; tan culto magistrado
devolverá, el favor a la histórica población
de Santa Elena elevándola a Villa y capital
de la región.
HISTORICAS INDUSTRIAS
DE ESA ZONA
La paja toquilla se tejía desde
1730 llevada a Colombia por algún sacerdote
oriundo de Manabí. La orchilla se exportaba
en grandes cantidades a México, para ser utilizada
como tinte vegetal en la industria de los telares.
Con el descubrimiento de los tintes químicos
termina la demanda y hoy casi nadie se acuerda de
aquellos tiempos.
Otro cultivo importante fue el de tagua, especialmente
en Manglaralto y su zona, donde aún se produce
de muy buena calidad. La exportación se destinaba
a Europa y en especial a Francia y Alemania, para
las industrias de botones, peinillas y otros objetos.
El pasto era abundante debido a las continuas garúas
de verano y a los fuertes inviernos, llegando en El
Morro a crecer hasta la altura de la rodilla. Casi
toda la carne que se consumía en Guayaquil
era traída de Santa Elena, salada y lista para
servir. Desde 1893 se ha notado un decrecimiento pluviométrico
constante que va tomando característica»
alarmantes.
La madera también constituyó un importante
filón económico. Aun se aprecian en
Santa Elena algunas antiguas moradas construidas con
maderos de guasango de la región, de gran tamaño
y perfección.
En 1684 los piratas Edward David y William Dampier,
armados de corsos al servicio de Inglaterra en uno
de los puertos de Virginia, atravezaron el Estrecho
de Magallanes y atacaron el puerto de Realejo en Ccntroamcrica,
sin mayor éxito, luego se replegaron a la isla
de la Plata, donde descansaron y se toparon con un
contrabandista ingles de apellido Swam, que les habló
de las riquezas de Guayaquil. Con esta noticia siguieron
a Manta y Santa Elena, que hallaron abandonados, puesto
que sus pobladores había huido a la espesura
de los montes cercanos. En Manta apresaron a un muchacho
y a dos indias viejas que hablaron de refuerzos enviados
desde el Callao, para apresar a los invasores.
Santa Elena era hasta esos años un puerto;
esta anterior situación geográfica ha
sido muy discutida y unos opinan que estuvo situada
en la actual ensenada de Ballenita y otros en la de
Libertad; lo cierto es que hasta que no se encuentre
el documento preciso, que aclare de una vez por todas
el enigma, nada en concreto se puede afirmar sobre
ese antiguo emplazamiento.
La expedición de 1684 contra Guayaquil fracasó
por la presteza con que el vecindario defendió
la plaza y los piratas emprendieron la retirada hacia
Tumaco, para seguir a la India y al África
Oriental, doblando el Cabo de buena Esperanza y regresando
a Inglaterra a los tres años de haber partido.
A raíz de este ataque a Santa Elena, el Corregidor
de Guayaquil, General Domingo de Iturri y Gastelú,
ordenó el traslado tierra adentro, siguiendo
la costumbre establecida en Portoviejo, que años
antes realizó un recorrido igual, situándose
en el Valle de los Reales Tamarindos.
SANTA ELENA EN LA INDEPENDENCIA
La revolución guayaquileña
del 9 de Octubre de 1820 resonó pocos días
después en Santa Elena y las autoridades del
lugar comunicaron su adhesión al Cabildo. El
22 de enero de 1839 Vicente Rocafuerte, Presidente
Constitucional de la República, creó
el Cantón Santa Elena, en la Provincia del
Guayas.
ADELANTOS DE SANTA
ELENA
El progreso llegó lentamente
a la zona. Recién en noviembre de 1917 se inauguró
la Estación radiotelefónica. Años
después se abrió una vía carrozable
con Guayaquil, que en invierno se cerraba y sólo
servía en verano. Hacia 1954 se instaló
las primeras luces del alumbrado de neón y
sólo desde 1921 hasta 1948 existió el
ferrocarril Santa Elena - Guayaquil, que salía
de la actual ciudadela ferroviaria y hacia hasta cuatro
horas de camino como tiempo normal de recorrido. Hoy
ya no existe tan anticuado servicio y numerosos transportes
motorizados hacen el mismo trayecto en la mitad del
tiempo.
NUEVAS PERSPECTIVAS
El Plan de Desarrollo de la Cuenca
del Guayas contempla la inauguración del servicio
de riego y agua potable para la zona de Santa hiena,
que Incrementará la producción nacional
en el 15 o/o con los sembríos de esta región,
actualmente seca y árida.
HOMBRES FAMOSOS DE
SANTA ELENA
Virgilio Drouet, diplomático,
escritor e investigador del pasado histórico
de la zona descuella en Guayaquil por su constante
afán de superación clasista siendo uno
de los fundadores de la Asociación de Empleados.
El doctor Cesáreo Carrera Padrón actuó
varias veces como Senador de la República y
fue prominente miembro del Partido Liberal Radical.
Fue abogado notable y escribía con gran acierto
en "El Guante", José Luis Tamayo
Terán, oriundo de Chanduy, ocupa la Presidencia
Constitucional de la República desde 1920 hasta
1924. Fue abogado y hombre de gran rectitud y honestidad.
Rosendo Gómez Esparza, sobresale por sus esculturas
e imágenes y en especial sus vírgenes
que aún se conservan en Santa Elena, y Guillermo
Ordoñez Goetta, marino de la armada nacional
muerto en servicio, cuyo nombre lleva el Colegio Nacional
de segunda enseñanza de Santa Elena.
NOTICIAS SOBRE EL CANTON
SANTA ELENA
Viniendo de Guayaquil se entra al
cantón Santa Elena por la población
de Progreso, antes conocida con el nombre de San José
de Amén, en terrenos de la Parroquia El Morro.
Parte de esta población se encuentra sobre
una Loma, coronada de papayos y ciruelos, de árboles
frondosos y al lado de varios corrales de ganado.
Su historia es como sigue: El 29 de Agosto de 1741,
Juan de la Rosa y de la Torre, dueño del sitio
de San José de Amén, compareció
ante el Escribano de Guayaquil, Juan Hipólito
de Arnao y probó haber comprado el sitio, al
Rey, por intermedio del Cabildo de Guayaquil, habiendo
intervenido en dicha compra el Corregidor y Juez de
Tierras, General Francisco de Echarri y Javier. Igualmente
dijo que había comprado el sitio para sí
y para su pupilo Eugenio López. Años
después los propietarios Juan de la Rosa y
de la Torre y Martín Gómez de Célis
se unieron y vendieron el total del sitio a Pedro
Pérez Fiarlo, con sus montes y yeguas, en la
cantidad de 500 pesos, quien compró por si
y por Gregorio López de la Flor, que le tenía
entregado 250 pesos para tal fin.
En 1756 López de la Flor, que era de profesión
Licenciado, entró en religión y compareció
ante el Escribano José Ignacio Moreno, de Guayaquil,
para ceder su parte en San José de Amén,
al Común de los indios del Morro.
Aparte de este sitio, existió otro ubicado
al lado, llamado "La Aguada de Amén",
porque siempre tenía mucha agua y era de propiedad
del mismo Juan de la Rosa y de la Torre, que lo había
comprado a Agustín de Ubilla, albacea de un
zambo libre, llamado Juan de la Cruz. En 1714, Juan
Baidal, indio principal del Cacicazgo de Chongón,
movió pleito a de la Cruz, pero lo perdió.
Entonces de la Cruz, fastidiado por estos tropiezos,
vendió su mitad a Gregorio López de
la Flor, que la compró. Este a su vez lo vendió
al Alférez Domingo de Santistevan y donó
la mitad a su ahijado Faustino de la Torre y éste
procedió a venderla a Manuel Ponce de León
y González.
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