TOMO III
 
 
 TOMO I
TOMO II
TOMO IV
     


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MODALIDADES DEL CARNAVAL
ANTIGUO
Muy pocas personas usan talco, harina o polvo para embadurnar. La mayor parte se contenta con agua de colores o colonia. Algunos tienen chisguetes de lata para dar fuerza al chorro, otros alcanzan mayores distancias con los cascarones y no pocas señoras amarran a los balcones unos pesados fardos de tela y latas vacías que lanzan cerca de la cabeza del incauto transeúnte, con terrible estruendo. El caminante siente que el mundo le cae encima y se asusta, apartándose con rapidez, para oír las risas que las niñas lanzan festejando el mal rato y la palidez del rostro del burlado prójimo.

Tampoco es raro que algunos señores de edad salgan armados para disparar al aire si alguien se les acerca con agua; pero, ¿cómo disparar a los balcones, donde asoman tan lindos rostros? Quedan, pues, mojados y burlados y con la pistola en mano, sin atreverse a actuar.

En las familias refinadas se juega con mixtura de papeles de colores que viene desde Francia, aunque en el momento del asalto es de ver cómo se lanzan a las piletas de agua del patio, sin asomos del más ligero escrúpulo, para salir mojados y bailar en la sala algún vals, mazurca o polonesa de moda, con piano o violín, según venga el caso.

Del doctor Antonio Flores Jijón se cuenta que en 1888 habiendo llegado de Europa para la toma de posesión del mando presidencial, fue invitado por la familia Caamaño a un baile de carnaval, donde lo mojaron sin compasión. El pobre no atinaba a enojarse; pero sí a sorprenderse y como era sumamente cortés, agradeció la deferencia y siguió bailando aunque de vez en cuando y por costumbre, se empinaba en la punta de los pies, en señal de cansancio e incomodidad. Costumbre muy suya cuando hablaba en público por lo que le decían de apodo «doctor Tentenpié ».

ANECDOTARIO DEL CARNAVAL
Hacia 1857 y durante la administración del General Robles nuestro puerto gozó de mayores garantías para el desenvolvimiento del comercio y la industria. En todas partes se respiraba el aire de la libertad. Ese año y por la calle del Fango (hoy Colón) ocurrió una batalla campal entre los dominicos, mercedarios y conceptos que se han unido para atacar a los sanalejeños y catedráticos; en otras palabras, los dos barrios de la ciudad, el antiguo y el nuevo -ciudadvieja y ciudadnueva- en pugna de muchachos. Todavía no se conocía cascarones de cera, por lo que solo habían los naturales.

Numerosas señoritas se han preparado para auxiliar a los combatientes y cuando se terminan las municiones los bandos atacan a piedra limpia, defendiéndose en zaguanes y pilares, con numeroso saldo de heridos y contusos. Tan grave es la gresca que se generaliza entre los mayores y a las 4 de la tarde del martes de Carnaval tiene que salir el batallón de Artillería a dispersarlos a bala.

Días después en un periódico porteño se publicó la lista de algunos combatientes. Aquí va para ejemplo: Doctor Manuel de J. Bravo, Clemente Ballen, Martín Icaza, Bolívar Villamil, Leonardo Benites, Andrés Antepara, Juan F. Aguirre, Juan Indaburo, Nicanor Maques de la Plata, Federico Pérez de Antepara, Francisco Pacheco, Miguel Arbeláez, Agustín Oramas, Juan Hidalgo, Juan Férruzola, Nicanor Subero, Ricardo de Santistevan, Lautaro Camba, José Sotomayor, Ricardo Neumane, Federico M. Hidalgo, Tomas García, Belisario González, Enrique Espinar, Miguel Terranova y muchos más.

EL CARNAVALITO GUARANDEÑO
En donde más se juega el carnaval es en Guaranda, capital de la Provincia de Bolívar. Muchas semanas antes ya no existen vidrios en las ventanas porque los prudentes propietarios de los balcones los han retirado o cubierto con madera. El pernil del año era reservado para el Domingo, así como los famosos cuyes macabeos, «la chicha rusa» de jugo de yuros, chamburos, chiguacanes y naranjillas, «la de jora» conocida por todos en nuestra patria y que se hace con maíz amarillo o morado, «la chumadora» con agua de panela, aguardiente y jugo hirviendo de naranjilla y en general los puros de Guanujo y de Tronador, reputados sin igual en la zona.

El juego consiste en invadir las casas amigas formando verdaderas batallas que terminan con el baño general en la pileta interior. No hay alfombra que dure en la sala ni pailas que queden en su lugar porque todo se usa en Carnaval. Casi siempre la guerra comienza en la escalera, continúa en la sala, dormitorios, comedor y cocina, donde la maicena, harina, huevos y frutas reemplazan con éxito al líquido elemento. Por fin, cuando ya se cansan los invasores, vienen las copas y no falta un vals, pasillo, san juanito o pasacalle alusivo a la fecha:

- Mi tatarabuela Alegría Freile de Tinajero que vivió mas de un siglo, casi 117 años, era una mujer muy alegre, bromista y tocaba guitarra y mandolina. De chica había tenido buena voz y aun de anciana cantaba casi a diario. Mi madre la llegó a conocer en Quito y la oyó cantar muchas veces el «Camavalito guarandeño» que comenzaba así:

Al golpe del carnaval todo el mundo se levanta
Más conociendo la voz del enamorado que canta Estribillo:
Qué bonito el carnaval

En 1951 el Concejo de Guaranda agasajó al entonces Presidente de la República Galo Plaza Lasso, que visitaba esa urbe con su señora y los ministros de estado; demás está que comente que el baile fue un sonado éxito social y duró hasta las seis de la mañana, saliendo todos mojados pero contentos.

Si el quererte ha sido un crimen
criminal no he sido yo criminal fue tu hermosura Estribillo:
Qué bonito es carnaval

COMIDAS CRIOLLAS Y SERRANAS
Entre las mejores de nuestra patria y muy usadas para estas fechas están los «Chiguiles» envueltos en hojas de maíz, «los tamales»en hojas de plátano: «la sopa de cugchicara» o cuero de chancho; «el mote regado» con queso cuajado; «el picante» de gallina hecho con vinagre, «Los niños envueltos» de maduro emborrajados en huevo; «el ají de cuy» y de queso. Por acá se usan «los secos de chivo» y res; «el cebiche con ají peruano» y «los bolones de verde»

EL CARNAVAL DE HOY
Y aunque parezca mentira, con el devenir de los tiempos modernos y la facilidad de transportes, muchas familias viajan a los balnearios y haciendas dejando vacías las urbes; por eso los tradicionales festejos han perdido color e importancia pasando a ser objeto de distracción de las capas más pobres de la República que no pudiendo darse el lujo de emigrar, persisten en la costumbre del juego, con renovados bríos.

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