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MODALIDADES
DEL CARNAVAL
ANTIGUO
Muy pocas personas usan talco, harina
o polvo para embadurnar. La mayor parte se contenta
con agua de colores o colonia. Algunos tienen chisguetes
de lata para dar fuerza al chorro, otros alcanzan
mayores distancias con los cascarones y no pocas señoras
amarran a los balcones unos pesados fardos de tela
y latas vacías que lanzan cerca de la cabeza
del incauto transeúnte, con terrible estruendo.
El caminante siente que el mundo le cae encima y se
asusta, apartándose con rapidez, para oír
las risas que las niñas lanzan festejando el
mal rato y la palidez del rostro del burlado prójimo.
Tampoco es raro que algunos señores de edad
salgan armados para disparar al aire si alguien se
les acerca con agua; pero, ¿cómo disparar
a los balcones, donde asoman tan lindos rostros? Quedan,
pues, mojados y burlados y con la pistola en mano,
sin atreverse a actuar.
En las familias refinadas se juega con mixtura de
papeles de colores que viene desde Francia, aunque
en el momento del asalto es de ver cómo se
lanzan a las piletas de agua del patio, sin asomos
del más ligero escrúpulo, para salir
mojados y bailar en la sala algún vals, mazurca
o polonesa de moda, con piano o violín, según
venga el caso.
Del doctor Antonio Flores Jijón se cuenta que
en 1888 habiendo llegado de Europa para la toma de
posesión del mando presidencial, fue invitado
por la familia Caamaño a un baile de carnaval,
donde lo mojaron sin compasión. El pobre no
atinaba a enojarse; pero sí a sorprenderse
y como era sumamente cortés, agradeció
la deferencia y siguió bailando aunque de vez
en cuando y por costumbre, se empinaba en la punta
de los pies, en señal de cansancio e incomodidad.
Costumbre muy suya cuando hablaba en público
por lo que le decían de apodo «doctor
Tentenpié ».
ANECDOTARIO DEL CARNAVAL
Hacia 1857 y durante la administración
del General Robles nuestro puerto gozó de mayores
garantías para el desenvolvimiento del comercio
y la industria. En todas partes se respiraba el aire
de la libertad. Ese año y por la calle del
Fango (hoy Colón) ocurrió una batalla
campal entre los dominicos, mercedarios y conceptos
que se han unido para atacar a los sanalejeños
y catedráticos; en otras palabras, los dos
barrios de la ciudad, el antiguo y el nuevo -ciudadvieja
y ciudadnueva- en pugna de muchachos. Todavía
no se conocía cascarones de cera, por lo que
solo habían los naturales.
Numerosas señoritas se han preparado para auxiliar
a los combatientes y cuando se terminan las municiones
los bandos atacan a piedra limpia, defendiéndose
en zaguanes y pilares, con numeroso saldo de heridos
y contusos. Tan grave es la gresca que se generaliza
entre los mayores y a las 4 de la tarde del martes
de Carnaval tiene que salir el batallón de
Artillería a dispersarlos a bala.
Días después en un periódico
porteño se publicó la lista de algunos
combatientes. Aquí va para ejemplo: Doctor
Manuel de J. Bravo, Clemente Ballen, Martín
Icaza, Bolívar Villamil, Leonardo Benites,
Andrés Antepara, Juan F. Aguirre, Juan Indaburo,
Nicanor Maques de la Plata, Federico Pérez
de Antepara, Francisco Pacheco, Miguel Arbeláez,
Agustín Oramas, Juan Hidalgo, Juan Férruzola,
Nicanor Subero, Ricardo de Santistevan, Lautaro Camba,
José Sotomayor, Ricardo Neumane, Federico M.
Hidalgo, Tomas García, Belisario González,
Enrique Espinar, Miguel Terranova y muchos más.
EL CARNAVALITO GUARANDEÑO
En donde más se juega el carnaval
es en Guaranda, capital de la Provincia de Bolívar.
Muchas semanas antes ya no existen vidrios en las
ventanas porque los prudentes propietarios de los
balcones los han retirado o cubierto con madera. El
pernil del año era reservado para el Domingo,
así como los famosos cuyes macabeos, «la
chicha rusa» de jugo de yuros, chamburos, chiguacanes
y naranjillas, «la de jora» conocida por
todos en nuestra patria y que se hace con maíz
amarillo o morado, «la chumadora» con
agua de panela, aguardiente y jugo hirviendo de naranjilla
y en general los puros de Guanujo y de Tronador, reputados
sin igual en la zona.
El juego consiste en invadir las casas amigas formando
verdaderas batallas que terminan con el baño
general en la pileta interior. No hay alfombra que
dure en la sala ni pailas que queden en su lugar porque
todo se usa en Carnaval. Casi siempre la guerra comienza
en la escalera, continúa en la sala, dormitorios,
comedor y cocina, donde la maicena, harina, huevos
y frutas reemplazan con éxito al líquido
elemento. Por fin, cuando ya se cansan los invasores,
vienen las copas y no falta un vals, pasillo, san
juanito o pasacalle alusivo a la fecha:
- Mi tatarabuela Alegría Freile de Tinajero
que vivió mas de un siglo, casi 117 años,
era una mujer muy alegre, bromista y tocaba guitarra
y mandolina. De chica había tenido buena voz
y aun de anciana cantaba casi a diario. Mi madre la
llegó a conocer en Quito y la oyó cantar
muchas veces el «Camavalito guarandeño»
que comenzaba así:
Al golpe del carnaval todo el mundo se levanta
Más conociendo la voz del enamorado que canta
Estribillo:
Qué bonito el carnaval
En 1951 el Concejo de Guaranda agasajó al entonces
Presidente de la República Galo Plaza Lasso,
que visitaba esa urbe con su señora y los ministros
de estado; demás está que comente que
el baile fue un sonado éxito social y duró
hasta las seis de la mañana, saliendo todos
mojados pero contentos.
Si el quererte ha sido un crimen
criminal no he sido yo criminal fue tu hermosura Estribillo:
Qué bonito es carnaval
COMIDAS CRIOLLAS Y
SERRANAS
Entre las mejores de nuestra patria
y muy usadas para estas fechas están los «Chiguiles»
envueltos en hojas de maíz, «los tamales»en
hojas de plátano: «la sopa de cugchicara»
o cuero de chancho; «el mote regado» con
queso cuajado; «el picante» de gallina
hecho con vinagre, «Los niños envueltos»
de maduro emborrajados en huevo; «el ají
de cuy» y de queso. Por acá se usan «los
secos de chivo» y res; «el cebiche con
ají peruano» y «los bolones de
verde»
EL CARNAVAL DE HOY
Y aunque parezca mentira, con el devenir
de los tiempos modernos y la facilidad de transportes,
muchas familias viajan a los balnearios y haciendas
dejando vacías las urbes; por eso los tradicionales
festejos han perdido color e importancia pasando a
ser objeto de distracción de las capas más
pobres de la República que no pudiendo darse
el lujo de emigrar, persisten en la costumbre del
juego, con renovados bríos.
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