TOMO III
 
 
 TOMO I
TOMO II
TOMO IV
     


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CAIDA DEL PRESIDENTE MARTINEZ MERA
La Constitución de 1929 con sus muchos errores regía en 1933. Cualquier Ministro podía ser interpelado por un diputado y si el Congreso le emitía un voto de desconfianza quedaba cesante en sus funciones. Esa fue la táctica que utilizó el Diputado Velasco Ibarra para desacreditar al régimen. Hubo quienes duraron un solo día porque al llegar a Quito, los recién electos conocían que habían cesado en el desempeño de sus funciones, aún no asumidas porque sobre ellos pesaba el temido voto de desconfianza del Congreso.

Sin embargo Martínez Mera gozaba de la confianza de lo más representativo del país que le apoyaba y de haber proclamado su dictadura disolviendo el Congreso quizás, hubiera terminado su período en 1936; mas, en la noche del 14 de octubre de 1933, sin el apoyo de la Junta Suprema del Partido Libera!, abandonó la capital, siendo reemplazado por el Ministro de Gobierno, doctor Abelardo Montalvo, que se encargó interinamente del Poder y convocó a elecciones presidenciales para el período comprendido entre los años 1934-1938.

PRIMER OFRECIMIENTO DE LA PRESIDENCIA
A FAVOR DE BORRERO
A principios de 1934 se instaló en Quito-la Asamblea Nacional del liberalismo presidida por el doctor Modesto Peñaherrera, que ofreció a Borrero todo su apoyo para postularlo de candidato a la Presidencia de la República en representación del partido de las luces.

- Gracias Maestro, pero no me sacrifique usted». En efecto, siendo los bonifacistas mayoría en el Congreso y habiendo triunfado contra Martínez Mera era improbable una victoria liberal en esos momentos por otra parte el doctor Arroyo del Río ya había lanzado su candidatura sin consentimiento de los delegados y contaba con numerosos partidarios dentro del liberalismo. Había pues, división y la Asamblea se disolvió sin lanzar candidato propio.

Borrero visitó dos días después a Enrique Baquerizo Moreno, Delegado por el Guayas, hospedado en el Hotel Metropolitano.

-¿Cómo es posible que no tengamos los liberales un candidato propio en estas elecciones?

-¡Ya ve usted! El doctor Arroyo se ha lanzado sin consultar al Partido y en estas condiciones no es posible apoyarlo y en las condiciones en que se le ha requerido para que se afilie, ha contestado que ya lo hará oportunamente y hasta hoy día lo cumple.

PERIPECIAS
DE LA PRIMERA DICTADURA VELASQUISTA
Meses después Velasco Ibarra ganó las elecciones por 50.880 votos derrotando al candidato socialista, doctor Carlos Zambrano, porque Arroyo se había retirado, y asumió el poder el 16 de Agosto de 1934. Pasó un año e instalado el Congreso de 1935 fue electo Presidente de la Cámara del Senado el Dr. Carlos Alberto Arroyo del Río, enemigo político del Presidente Velasco Ibarra, con quién se tenía una natural antipatía en razón de que ambos se sabían líderes y aspiraban manejar el país y al partido liberal, entonces mayoritario. Sin embargo todo transcurrió en orden hasta que el 19 de Agosto de 1935, intempestivamente Velasco se declaró dictador y ordenó la prisión de tos miembros del Congreso reunidos desde el 10 de dicho mes.

El día de la dictadura, como a las 9 de la mañana, estaba Borrero despachando un fallo en sus oficinas de la Corte Suprema, cuando de pronto oyó al doctor Segundo Alvarez, abogado del foro capital o, que le gritaba desde la puerta:

-¡Doctor Borrero, el Presidente del Congreso pide asilo! ¡Venga rápido que se lo llevan preso!

Casi en la entrada y como a diez metros antes de llegar a las gradas, Borrero encontró al doctor Arroyo del Río en la más incómoda de las posturas; porque del brazo derecho le tiraban dos pesquisas, queriendo sacarlo a la calle y del izquierdo el alguacil Bustamante y un amanuese de despacho también lo halaban tratando de subirlo al recinto. Por supuesto que el doctor Arroyo igualmente, quería hacerlo; pero, no podía por los pesquisas, ¡el saco desvencijado, crujía ante tantas sacudidas y amenazaba romperse!

-«Insolentes, respeten al Presidente del Congreso», gritó el Ministro Juez Doctor Borrero y bajando las gradas de dos en dos amenazó con sus corpulentas 200 libras a los pesquisas, pero no tuvo ocasión de pelear porque Arroyo quedó libre y subió con él, pasando por varios salones hasta llegar a la biblioteca. Minutos después una muchedumbre pedía su cabeza y tuvo que sentarse entre los Ministros Jueces de la Suprema, tomando «estrados», como en épocas pretéritas solían hacer los personajes importantes cuando probaban nobleza en la Audiencia. Estaba pálido por el esfuerzo realizado y en forma rápida comentó que había salido del Hotel Metropolitano, en la esquina de la Plaza de la Independencia, con dirección a la Joyería de López, cuando unos pesquisas le habían intimidado prisión en nombre de la dictadura y por ser Presidente del recién disuelto Congreso, pero logró zafarse con ayuda de los pasantes de las Notarías, que salieron en su favor y entró a la carrera a la Corte.

Su situación es crítica y Borrero llamó a algunos Embajadores pero nadie respondió. A las once y media llegó el Embajador en Misión Especial enviado por Venezuela para el traslado de los despojos mortales del Mariscal Sucre , que serían sacados del nicho en que reposaban a la bóveda de la Catedral y acompañó al doctor Arroyo al panóptico, para que nadie abusara de su integridad. En la puerta de dicha prisión un hombre extendió el brazo sosteniendo una pistola e intentó disparar, mas el resuelto diplomátivo se la quitó y fue herido en la mano durante el forcejeo. ¡El doctor Arroyo se salvó de una segura muerte casi por milagro!

Minutos antes y estando aún en la Corte, había querido subir a las azoteas del edificio para saltar al vecino, ocupado por la familia León Larrea y solo la gran diferencia de altura entre ambas construcciones logró disuadirle en el ultimo minuto. Hubiera muerto en la caída; -pero estaba decidida a correr el riesgo antes que ir a parar a manos de los esbirros que lo acosaban.

TRIUNFA LA CONSTITUCION
A LA UNA DE LA TARDE
Noventa minutos después de entrar Arroyo al panóptico, el presidente dictador cayó preso en la Casa Presidencial y fue llevado al Cuartel Calderón. A las 4 de la tarde las turbas sacaron en hombros a los congresistas detenidos y entre ellos a los doctores Trujillo y Arroyo del Río -¡0h témpora, Oh mores! - ¿Quién entiende al pueblo?.

Borrero a las 5 p.m. salió a la calle y quiso averiguar noticias, llegó al Hotel Metropolitano y divisa una poblada frente a la casa de Sebastián Calisto, suegro del doctor Trujillo. Allá se encaminó, subió las gradas y divisó al doctor Arroyo que le dijo lo siguiente;

- ¿Qué le parece doctor Borrero? Mi plan resultó matemático.

- ¿Cuál plan? Piensa, para sí el aludido y ambos se saludaron. riendo; Trujillo, por su parte, le llamó y abrazó emocionado ¡De buena se han salvado! El Mayor Rafael Porras dijo a Borrero por lo bajo: -Venga conmigo, tengo orden de conducirlo a una reunión donde requieren su presencia.

NUEVAMENTE LE OFRECEN LA PRESIDENCIA
En el Cuartel de Artillería Bolívar hay 500 jefes, oficiales y sargentos reunidos bajo la dirección del General Ricardo Villacrés, Borrero llegó con el Mayor Porras. Entonces Villacrés le dijo: - El Presidente está preso y el Gabinete ha cesado en sus funciones. Hemos solicitado al doctor Velasco Ibarra que le designe Ministro de Gobierno a usted para encargarlo del Poder Ejecutivo legalmente; pero nos ha contestado que no, porque dizque usted es demagogo. Nos ha cerrado la vía constitucional para superar esta difícil situación.

Ahora bien, de todos maneras el ejército quiere que usted acepte la presidencia, por lo que formalmente le propongo que se encargue del mando con nuestro irrestricto apoyo.

Borrero pensó un momento y respondió:

- Gracias, señores; pero no puedo porque creo que no es lógico que el ejército a las 11 haya gritado Viva la Constitución; a la 1 aprese al Presidente Dictador y a las 7 de la noche diga: Viva la dictadura del doctor Borrero.

- ¿Qué nos aconseja, entonces?

- Encarguen el mando a quien le corresponde. Al actual Presidente del Congreso Nacional doctor Arroyo del Río.

- Nada con el doctor Arroyo fue la respuesta unánime e injusta; Arroyo así pagaba con creces su natural arrogancia que le enajenaba simpatías y partidarios.

- Bueno señores, ruego me disculpen; pero esta es mi opinión y abandonó el salón dejando a todos estupefactos; mas, al poco rato, siguieron su consejo y trataron de que el ministro de Gobierno Antonio Pons renunciara para que pudiera subir Arroyo y al no conseguirlo tuvieron que apoyar al citado Ministro, quién asumió la Presidencia Constitucionalmente; ya por entonces los militares ecuatorianos se habían lanzado contra los políticos, creyéndose con derecho a quitar y poner mandatarios, herencia funesta que pesaba desde la revolución Juliana en 1925, se había agudizado en la «Guerra de los 4 días» en 1932 en Quito y estaba más fuerte que nunca en 1935 con la fallida dictadura Velasquiata. Borrero asumirá la Presidencia de la República con todas las leyes, recién en 1938.

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