TOMO III
 
 
 TOMO I
TOMO II
TOMO IV
     


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PRIMEROS DIAS DEL
NUEVO REGIMEN
Sin embargo nada es fácil al principio, el Congreso se enteró de la designación de Larrea Alba como Ministro de Gobierno y luego de la entrega de mando. Se agitaron aún más las ambiciones y creció el descontento popular en todo Quito. Nadie quería aceptar un Ministerio por temor a que se cayera el Gobierno; la prensa no tomaba partido, habían muchos intereses en juego y el nuevo régimen se tambaleaba. Fueron cuatro días de zozobra, pero el Viernes ya estaba conformado el gabinete y la situación tendía a la normalidad, ya no se escuchaban los «Abajo Ayora», «Abajo el muñeco militar».....

Larrea Alba designó a Modesto Larrea Jijón, socialista moderado, para la cartera de Relaciones Exteriores; al doctor Andrés F. Córdova Nieto, liberal y diputado de oposición a Ayora en el Congreso, para la de Obras Publicas; al Coronel José Antonio Gómez González, liberal y su antiguo amigo del ejército, para la de Guerra; al doctor Pedro Leopoldo Nuñez, liberal afiliado, para la de Hacienda, por sus múltiples conocimientos en economía; al doctor Angel Modesto Paredes riobambeño y socialista, para la de Educación Pública; reservándose la de Gobierno para sí, porque si hubiera nombrado a alguien en ese cargo, se habría colocado la soga al cuello, creando un peligro en potencia, es decir, a su sucesor legal.

PRINCIPIOS DE OPOSICION
A SU REGIMEN
Las primeras medidas del nuevo Presidente provisional dieron protección policial a la familia Ayora, porque el populacho por varias ocasiones trató de asaltar la casa particular del ex- Presidente. Luego se ocupó de Guayaquil y designó Gobernador al doctor Alfonso Ochoa Ortíz, de reconocida filiación liberal. Reunía a menudo al gabinete y trabajaba de 7 de la mañana hasta la 1 de la mañana del día siguiente y así todos los días. El principal problema del país era al económico; la caja nacional sólo contaba con 60.000 sucres y con millones en deudas por pagar, la convertibilidad del sucre en oro hacía que las reservas nacionales del recientemente creado Banco Central del Ecuador bajaran a diario, sin esperanzas de una posible recuperación. Era preciso poner punto final a tanto desbarajuste; pero, como seguía el congreso en sesiones, Larrea Alba no podía adoptar medidas drásticas, que serían calificadas de inconstitucionales.

Una tarde llamó a su despacho a Enrique Cueva, Gerente del Central y le solicitó consejo. Nada se puede hacer, mi Coronel, fue la respuesta que obtuvo, mientras existan leyes que ordenen a los bancos cambiar sucres por oro, tenga usted la plena seguridad de que las reservas bajarán.Será preciso una Ley del Congreso o un Decreto dictatorial para terminar este agudo problema nacional.

Mientras tanto, en el ejército existía discordia, porque unos oficiales fas pidieron el castigo de los compañeros revoltosos del Batallón «Chimborazo», mientras otros querían su perdón. En fin, ¿Quién los entiende? Los políticos agitaban el avispero porque ya se rumoraban unas prontas elecciones presidenciales y hasta surgieron dos candidatos de gran fortaleza; por los conservadores y con marcado tinte fascista Neptalí Bonifaz Ascázubi, y por los liberales y socialistas Leonardo Sotomayor y Luna y Orejuela, (a) el sapo, por su prominente vientre.

DOS MENSAJES FAMOSOS
A UN CONGRESO SORDO
Larrea Alba redactó un Mensaje al Congreso pidiendo facultades extraordinarias en lo económico para solucionar la crisis fiscal de la República y adjuntó un bien concebido Plan de Acción. Los Diputados respondieron que esas facultades no las podían conceder porque sería el comienzo de una nueva dictadura. Larrea Alba insistió con un segundo mensaje, fuerte y severo en su contenido y quizá hasta un poco precipitado en su forma, porque criticaba la inercia del Congreso para terminar con los problemas nacionales. Esa acusación fue rechazada por los Honorables, que se lanzaron a una franca y abierta oposición al régimen provisional.

Entonces Larrea Alba trató de unificar a las fuerzas armadas y ofreció un banquete en el Círculo Militar informando a los Jefes y Oficiales de la Guarnición sobre la labor que pensaba realizar y a la vez les pidió respaldo para actuar con energía. Al parecer obtuvo éxito porque todos le abrazaron y felicitaron con supuesta sinceridad.

Con este triunfo Larrea Alba, su Ministro de Guerra y el Jefe de Zona de Quito, Coronel Enrique Merchán Ponce, auscultaron criterios para la dictadura, emprendiendo los dos últimos una serie de conversaciones privadas con los militares de mayor graduación de la plaza.

Al mismo tiempo la «Compactación Obrera», grupo político que apoyaba a Bonifaz, inició una labor de resistencia al ejecutivo y ganó adeptos en el ejército; sin embargo, ni Larrea ni sus inmediatos colaboradores se daban cuenta de la situación y cuando ya tenían preparado para el día 14 de Octubre de 1931 un decreto en que asumían la totalidad de los poderes y disolvían al Congreso, a la una de la madrugada se enteraron que el Teniente Coronel Pastor Casares, Jefe de Regimiento «Bolívar» no apoyaría el golpe.

Entonces Larrea Alba conversó con el Coronel Maximiliano Dávila del Batallón «Chimborazo», con el Comandante Bolívar Valdivieso del Batallón «Yaguachi», con los jefes de los batallones «Carchi» y «Constitución » y supo que el «Chimborazo» se solidarizaba con el «Bolívar» y que el «Yaguachi», «Carchi» y «Constitución» apoyaban a su gobierno; tendría pues, que atacar a los dos primeros, si aun deseaba erguirse en dictador del Ecuador. La historia se repetía exactamente a los 52 días de la caída de Ayora.

El 14 de Octubre el Batallón «Carchi» comandado por su jefe el Teniente Coronel Aurelio Baquero González, amaneció tomando posiciones para atacar el cuartel del «Bolívar» que estaba en espera del asalto; mientras tanto los efectivos conservadores de la Compactación Obrera de Bonifaz, que apoyaban al Congreso Nacional, daban vivas al presidente Alfredo Baquerizo Moreno y ocuparon la Plaza de la Independencia amenazando el Palacio de Gobierno. Larrea Alba decidió cortar por lo sano y ordenó al «Carchi» que regresara a su cuartel en el histórico edificio del Real de Lima, a un costado de dicha plaza, lo que se realizó en orden; pero, casi al llegar, la ultima escuadra fue atacada por algunos exaltados, abriéndose un nutrido fuego de fusilería que derribó por tierra a media docena de «compactados».

Eran las diez le la mañana, el «Chimborazo» disparó varios cañonazos al aire y una delegación del Congreso se entrevistó en Palacio con Larrea, sin lograr un acuerdo, por lo que este volvió al cuartel del Carchi, llamó por teléfono a los jefes de los batallones rebeldes y les ofreció formar con ellos un gabinete militar, lo que no fue aceptado. De regreso a Palacio recibió a una comisión presidida por el doctor Roberto del Pozo que a nombre del Partido Liberal Radical ofreció apoyar la dictadura. Lamentablemente ese acto de solidaridad se produjo muy tarde, la situación ya no ofrecía posibilidades a un acuerdo de naturaleza política porque habían militares insurrectos de por medio, a los que era preciso doblegar por la fuerza y Larrea Alba no estaba dispuesto a ello. Así es que, a las 11 de la mañana, llamó al doctor Baquerizo Moreno y por decreto le entregó el poder.

Baquerizo designó al Coronel Carlos Flores Guerra, de los revoltosos, para la cartera de Gobierno y de esta manera se atrajo al elemento disidente y terminó la revolución.

Enseguida Larrea Alba abandonó el Palacio sin importarle un comino los gritos que lanzaba la muchedumbre en la Plaza de La Independencia. Flores Guerra y Baquerizo trataron de detenerlo; Luis Larrea Alba avanzó escoltado por ambos, abriéndose paso a diestras y siniestras, entre hombres amenazantes que pedían su muerte. Iba a paso lento hacia el Pasaje Royal donde tenía su casa; al llegar a la Catedral un hombre quiso matarlo, tomó el fusil de un soldado y rastrilló varias veces sin que se escapara el tiro.

Los del Batallón Carchi salieron en su defensa. En la esquina otro conservador le gritó: «Ladrón, ya no puedes robar más». Larrea se paró y le dijo en voz alta: «Curuchupa, desgraciado, a mi nadie me dice ladrón, Carajo» y lo calló con ese golpe de audacia y hombría. Enseguida, otro hombre vestido de negro, tomó el fusil de un soldado y le apuntó al cuerpo. Larrea sacó su revólver y felizmente el militar logró arrebatar el arma al exaltado. Baquerizo estaba sereno; pero Flores Guerra, que era nervioso y estaba uniformado a igual que Larrea, temblaba por todos y no era para menos, porque la situación se presentaba muy peligrosa por encontrarse cerrado el Pasaje Royal.

Entonces el Coronel Flores pidió a Larrea que se dirigiera a la embajada argentina que quedaba cerca; mas, como el populacho crecía a momentos y una multitud se había situado en la esquina cerrándole el paso todo indicaba que se cometerían excesos. Larrea Alba, para salvar su vida, entró en la primera puerta que halló abierta y Flores Guerra la cerró tras ellos.

Era la casa de Don Carlos Ibarra, que al verlo tan joven y no conociéndole preguntó:

- ¿Es usted el edecán del Coronel Larrea?

- No señor, yo soy el Coronel Larrea. Fue la respuesta.

Por supuesto que la familia Ibarra pasó muy malos ratos; pero como en la noche se reforzó la guardia que el batallón “Carchi” realizaba al pie de la casa nada ocurrió y en altas horas el Coronel Flores condujo a Larrea Alba a la embajada argentina donde permaneció cuatro días.

Baquerizo Moreno obtuvo las facultades extraordinarias del Congreso y logró sobrellevar la situación fiscal que quiso remediar Larrea Alba meses antes y que no pudo por intemperancia de dicho cuerpo legislativo. Habíamos superado una crisis, otras muchas vendrían en los meses siguientes.

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