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LA GENERALITA
MARIETTA DE VEINTEMILLA
"Marietta de Veintemilla llegó
a ser una fuerza dominante en la sociedad ecuatoriana"
sobre todo durante la dictadura de su tío Ignacio
(1876-1883) época en que la beatería
imponía a las mujeres vestidos confeccionados
con un pesado tejido negro y que vivieran prácticamente
recluidas en sus casas, sin poder salir a las calles
ni tomar contacto con provechosas e instructivas lecturas.
Quito era una cárcel para el elemento femenino,
que sólo podía mostrarse en las misas
de la madrugada y en visitas a los conventos donde
las monjas enseñaban útiles granjerías:
confección de dulces, licores caseros y comidas
y obras de mano como tejidos, bordados y costuras;
así, anodinamente, transcurría la vida
de nuestras lejanas abuelas; pero Marietta "arremetió
contra esas costumbres y valiéndose del apoyo
que le prestaban unas seis a diez chiquillas de las
mejores familias, hizo campaña en favor de
la construcción de un paseo en la Alameda y
fueron a la inauguración con trajes llamativos
y sombreros de modelos extraños, a dar vueltas
y vueltas por el jardín quiteño"
para que las restantes mujeres aprendieran a ventearse
en el mundo exterior, huyendo de la mojigatería
ambiental.
Esta política revolucionaria y atrevida le
acarreó fuertes críticas y el desdén
de las personas de respeto, que no transigían
con las nuevas y peligrosas costumbres venidas de
París, ciudad comparable por sus vicios y pecados
a la bíblica Babilonia.
Después llegó para ella la mala época
y la revolución de 1.882 que se prolongó
varios meses. Marietta salió a las calles a
arengar a sus soldados, el pueblo la admiraba y la
seguía, pero las fuerzas restauradoras del
norte y sur se unieron y sitiaron Quito, tomándola
tras largo asedio. Entonces Marietta pasó varias
semanas en prisión, de la que solo salió
para marchar al exterior, donde la esperaba su tío
el Dictador y años de pobrezas y de exilios
que aprovechó para escribir sus célebres
"Páginas del Ecuador".
A fines del siglo regresó a Quito y el gobierno
liberal le devolvió su quinta "Tajanar"
cerca de Pomasqui, donde volvió a tocar su
piano de cola: "en él se encierra algo
más que la armonía, guarda silenciosamente
las lágrimas de mi corazón. Es el tesoro
más preciado que adorna mi salón con
lúgubre elegancia; porque es negro, negro como
los pensamientos que inspiran sus acordes; negro como
un inmenso cuervo que se levanta en medio de la estancia
para apagar los leves resplandores que se desprenden
de los objetos de arte ..."
Entonces volvió a brillar en las letras patrias
y fue recibida en la Sociedad Jurídico Literaria
de Quito como socia de honor, colaborando en la Revista
con varios artículos titulados "Disgresiones
Libres" y con una conferencia sobre Psicología
moderna, ciencia casi desconocida en el medio y que
había estudiado en el Perú a base de
lecturas racionalistas. En su tercera Digresión
titulada "Madame Roland", aprovechó
para exponer sus ideas más audaces acerca del
feminismo y volvió a escandalizar a las pacatas
mentalidades de ese tiempo. De la Roland, dice: "Era
un ser extraordinario venido al mundo a probar que
los ideales de la justicia y el bien común
caben dentro del cerebro de una mujer, de igual manera
que en el del hombre, cuando aquella se nutre desde
la infancia con severas doctrinas; y cediendo a los
impulsos de una especial organización, ejercitaba
sus facultades en el campo de la política.
No es esto desconocer los verdaderos destinos de la
mujer en el mundo. Si ella no se dedicase más
que a tareas que repugnan de un modo natural a su
sexo, vendría pronto a convertirse en una calamidad.
No, la mujer no debe apartarse del camino que le señaló
la naturaleza, pero hay que respetar los designios
de esa misma naturaleza cuando diferencia sus obras
al punto de presentarnos a Madame Roland bajo la propia
delicada envoltura de Santa Catalina de Siena. Ni
la santa, ni la heroína pudieron sustraerse
a los dictados de su corazón, formado el uno
para los dulcísimos arrobos del cristianismo,
formado el otro para moverse al arrebatador impulso
de las ideas. ¿Por qué reprochar ciegamente
a la mujer que se siente con el alma bastante enérgica
para afrontar una situación semejante a la
que dominó Madame Roland?".
Como se ha visto por la lectura anterior, Marietta
al hacer el elogio de la Roland, estaba explicando
su propia conducta, ya como mujer de acción
que podía dirigir a los soldados de su tío
con tanto acierto que hasta había sido llamada
"La Generalita"; así también
con ideas altas y elevadas como para escribir un libro
de historia con partes novelescas y en estilo qué
conmovió a la opinión y fue refutado
por el propio Presidente de la República Dr.
Antonio Flores Jijón en 1888.
Luego agrega con un cierto dejo de tristeza: "Tan
noble figura, doloroso es confesarlo, no habría
tenido digno teatro en América", para
finalizar confesando: "Pretendo por la contemplación
de Madame Roland levantar el espíritu del bello
sexo. Es dable a la mujer en cualquier condición
que se halle, trabajar por el fomento de las ideas
provechosas al género humano. Para esto, como
para todo, se demandan la meditación y el estudio,
siendo un axioma que el mayor nivel intelectual alcanzado
por la mujer será siempre en positivo beneficio
de la sociedad a que pertenece".
Estas palabras, impresas en 1.909, trajeron como es
natural suponer una nueva secuela de calamidades para
Marietta, pues la volvieron a colocar en la picota
de la opinión pública, que no reconocía
la igualdad entre los sexos, ni estaba preparada para
aceptar que las mujeres salieran de sus hogares a
intervenir en política. Todavía no se
les había concedido el derecho al voto, ni
eran plenamente capaces para contratar u obligarse;
por el contrario, del padre salían a depender
del marido y si enviudaban, del hijo mayor o de algún
otro pariente que las representara. Incluso era mal
visto que caminaran solas y peor que asistieran sin
compañía a un acto público, a
una representación teatral o a una reunión
privada por muy en confianza que ésta fuera.
Por eso se les decía "Niñas"
aunque fueran viejas, pues su fragilidad se emulaba
con la situación de las recién nacidas.
Tres años después Marietta fallecía
en Quito. En su quinta había vivido rodeada
de misterio, por tener un cuarto negro donde convocaba
a los espíritus en veladas celebradas con provectos
caballeros. El populacho la respetaba y quería,
pero eran tantas las consejas que sobre ella se repetían,
que terminó por alejarse de su propiedad, "donde
el Diablo era convocado" según se aseveraba.
Sólo sus compañeros literatos concurrieron
al entierro y quizá algún pariente lejano
y los viejos partidarios de su tío, que aun
permanecían con vida.
Sobre su tumba se sembraron flores que ha marchitado
el tiempo. pero su recuerdo de heroína y sus
generosos pensamientos, siguen latentes en las letras
patrias y su nombre ilustre en la memoria del pueblo
que no la olvidará jamás.
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