..............................................................................................................................................................................................................
|
LA VERRUGA
DE LA MUERTE
Los “Cronistas de Indias”
que escribieron sobre la conquista del imperio de
los Incas” refieren que la cuarta parte del
ejército español de Pizarro murió
a consecuencia de una rara dolencia que comenzando
con fiebres altas, salían las verrugas que
al ser cortadas sangraban profundamente. En los caso
de supervivencia el sujeto quedaba tan débil
que parecía un invalido. (1)
Poco después desembarcó el Capitán
Pedro de Alvarado en las costas manabitas para discutir
la posesión de estas regiones y sus soldados
sufrieron el contagio “de la verruga”
Igualmente numerosas figurillas de barro encontradas
en Esmeraldas nos muestran viejos rostros llenos de
verrugas, deformados por el dolor y los estragos de
la enfermedad que hasta hace un siglo era confundida
con el “mal de Pian”. De allí cabe
sostener que la llamada “Verruga peruana”
fue una enfermedad endémica en la costa sudamericana
desde Colombia hasta Chile.
Durante la Colonia poco o nada se hizo para extirpar
tan temible dolencia a pesar que era un verdadero
azote en estas tierras. Muchos remedios caseros se
ensayaban sin éxito sirviendo únicamente
para desalentar a los amigos y parientes de la víctima.
En 1880 estalló una epidemia de verruga peruana
en la zona norte y central de ese país y el
médico venezolano Dr. Espinel lanzó
la primera teoría acertada sobre su origen
indicando que era etiopatológico. Por esos
días se construía el ferrocarril de
la Oroya, reputado el más difícil del
mundo por estar a 4500 metros de altura hasta donde
se colocaban sus durmientes.
(1) La aparición de las verrugas constituye
la segunda etapa de la infección, que comienza
atacando masivamente a los glóbulos rojos y
provocando una anemia perniciosa tan aguda, que ocasiona
la muerte en el 50% de los pacientes.
Más de 50 ingenieros norteamericanos murieron
de verruga en dos años, salvándose una
proporción igual. Entre los remedios que se
administraban hubo uno de mucho éxito llamado
“método hidroantiverrucante” y
que consistía en administrar lavados de medio
litro de agua de manzanilla cada dos horas día
y noche, al mismo tiempo el enfermo debía tomar
generosos vasos de agua de diversas yerbas cada quince
minutos para que la fiebre bajara. Eso y tres baños
calientes al día fue lo más acertado
para la época contra la mortal verruga.
Fue tan dura la epidemia que la dolencia recibió
un tercer nombre “Mal de Oroya” a más
de los de Mal de Pian y Verruga Peruana.
Poco después se volvió a los remedios
tradicionales a base de calomel que se recetaba durante
la guerra de la independencia (1824 - 1829) cuando
se pensó que la verruga peruana tenía
un origen hídrico, por la incidencia de las
cercanías de los pantanos y lagunas.
Hacia 1842 se había establecido en el norte
peruano y cerca de Lambayeque un destacado médico
lojano, el Doctor Baltazar Carrión Torres,
nacido en 1814 y pobre de solemnidad a pesar de que
por varonía pertenecía a una familia
de mucho dinero. Para graduarse en la Universidad
de Quito tuvo que solicitar la exoneración
de los derechos de examen por que no contaba con el
mínimo requerido para cubrirlos. Y como nadie
es profeta en su tierra hacia 1850 estaba nuestro
compatriota en Lima con casa y consultorio, pero luego
pasó a Huacho donde se unió a María
Rosa García Ungaro.
De esta unión nació en 1857 Carlos Alcides,
que por 1886 estaba de alumno matriculado en la Facultad
de Medicina de la Universidad de San Marcos y con
tal motivo estudiando la “verruga peruana”
con ahínco, para dar con su origen. Ese año
publicó su única obra: “Apuntes
sobre verruga peruana acompañado de nueve historias
clínicas”, presentándose como
un conocedor de la peste a pesar de sus cortos años
y de ser un simple estudiante.
Pero un día aburrido quizá de tan inútil
búsqueda que no producía otros resultados
que los ya conocidos, el joven estudiante obtuvo varias
muestras de sangre de las verrugas de una enferma
en la fase eruptiva que es la del contagio y se hizo
inocular en forma intradérmica en cuatro partes
distintas de sus antebrazos, intentando probar que
la enfermedad se transmite por la sangre y no como
se pensaba entonces, por la inhalación de las
miasmas o vapores pantanosos.
Veinte días de lenta y mortal espera hacen
de Carrión un verdadero mártir de la
medicina americana, él sabe que la enfermedad
demora en gestar y la espera impertérrito.
Al vigésimo primer día empieza a sentir
fiebre, dolor de cabeza y tumefacción en los
miembros; de inmediato se hizo tomas de sangre y procedió
a examinarlas a la luz de su microscopio, encontrando
que corresponden las plaquetas a otras ya estudiadas
de enfermos. Ha probado su teoría: la verruga
se transmite por la sangre mediante contacto directo
de herida a herida o por picadura de algún
insecto. Faltaba únicamente saber cuál
era el agente transmisor.
El experimento prosigue a pesar de los enormes sufrimientos
físicos. Le invade una palidez mortal, el contaje
de sus glóbulos rojos baja a 600.000 por milímetro
cúbico. ¡Casi nada! El 12 de octubre,
día 16 de la enfermedad, pierde el sentido
y deja de escribir su Diario Clínico donde
ha anotado los síntomas con criterio científico,
tres días después fallecía entre
sus compañeros y profesores que lo rodeaban
reverentemente.
Con tal motivo la Comisión Médica enviada
por la Universidad de Harvard al Perú a investigar
la rara fiebre de la Oroya y que había dictaminado
que era diferente a la verruga peruana, rectificó
criterios, acogió la tesis de Carlos Alcides
Carrión y honró su memoria en Estados
Unidos; pero aún faltaba mucho para terminar
con la enfermedad que siguió siendo mortal
en un 68% de los casos.
Recién en 1913 el Dr. Towsend logró
demostrar que el mosquito “Titira” en
Perú es el agente transmisor de la verruga
y con posterioridad se han descubierto y estudiado
otras dos variedades de mosquitos transmisores.
Hacia 1906 el Dr. Barton de Nueva York aisló
el microorganismo causante de la verruga peruana,
siendo aprovechado este descubrimiento por el Doctor
Strong, que lo bautizó con el nombre científico
de “Bartonella Bacilliormis” en honor
a su descubridor.
En 1926 el doctor Hideyo Noguchi, miembro de la Misión
Rockefeller, obtuvo el primer cultivo puro del virus;
pero dos años después en 1928, estos
esfuerzos fueron puestos a prueba cuando el Doctor
Maldonado, del Perú, a base de numerosas observaciones,
encontró que algunas plantas lactecentes de
fácil crecimiento en las zonas verrugosas sirven
de reservorios del virus “Bartonella”
con lo que se complicó el problema.
En esos meses el Doctor José A. Falconí
Villagómez estudiaba en Guayaquil varios casos
de Verruga Peruana en pacientes venidos de Loja. El
profesor Luis A. León, desde Riobamba, observaba
la enfermedad y obtuvo importantes conclusiones y
el profesor José Darío Moral, desde
la Cátedra de Bacteriología en la Facultad
de Medicina de la Universidad de Guayaquil, experimentó
con las tomas de sangre dadas para su comprobación.
Hoy la verruga peruana ya no es temible aunque se
ha extendido en su radio de muerte hasta zonas tan
lejanas como Guatemala, donde se han comprobado algunos
casos en los últimos años, pues se la
combate con éxito a base de antibióticos
de novísima creación; pero aún
es el azote de los pueblos interandinos de Ecuador
y sobre todo del Perú.
|
| |
|