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LA ROSA BLANCA
//Cultivo una rosa blanca, en junio como en enero, para el amigo sincero, que me da su mano franca. Y para el cruel que me arranca, el corazón conque vivo, cardos ni ortigas cultivo, cultivo una rosa blanca.-//José Martí.

La infancia de Martí fue pobre y triste. Hijo mayor en un hogar de cinco hermanas más. Nació en La Habana el 28 de enero de 1853; fueron sus padres el Sargento español Mariano Martí y Navarro, natural de Valencia y la criolla Leonor Pérez y Cabrera.

El padre algo rudo y mandón, la madre buena y abnegada. Aprendió a montar en un ingenio donde su padre trabajó algunos meses, después regresaron a La Habana a seguir en pobrezas. De once años fue llevado a un colegio de instrucción primaria superior donde recibió la protección del rector Rafael María de Mendive, que pasó a ser su segundo padre. El mejor alumno siempre, se atrajo la buena voluntad de todos y fue becado en la secundaria.

Entonces se vivía en Cuba una lucha por la independencia que contagiaba a los espíritus de un admirable patriotismo del que no escapaba Martí, quién publicó en enero de 1869 un periodiquito llamado “El Diablo Cojuelo”, luego sacaría el semanario “La Patria Libre” y escribió su drama “Abdalá” -héroe mítico que luchaba por la libertad de Nubia- a quien hizo decir: Quien a su patria defender ansía, ni en sangre, ni en obstáculos repara, pero negros nubarrones anunciaban tormenta y poco después cayó preso el Profesor Mendive y en protesta Martí puso a circular un periódico manuscrito titulado “Siboney” que le ocasionó molestias y persecuciones en el Instituto donde estaba estudiando. Días después fue tomado preso y tras un juicio sumario condenáronle a 6 años y medio de presidio . que empezó a cumplir el 4 de abril de 1870 cuando sólo tenía 17 años de edad. En prisión le cortaron el pelo y encadenaron a la cintura con gruesas aldabas que caían por delante hacia la pierna izquierda, en cuya canilla se unía a un fuerte grillo remachado en ella, pero las múltiples gestiones de su padre lo sacaron de tal infierno en octubre de ese año, cambiando su condena por el exilio a la isla de Pinos, donde habitó en casa de su generoso fiador José María Sarda hasta que salió a España.

En Madrid publicó un folleto que causó honda impresión en la península, se llamaba “El presidio político en Cuba” y tuvo tan buena aceptación que hasta el Ministro Martos se hizo eco de él en el Congreso. En 1872 empezó a colaborar en varios periódicos, sobre todo con “El Jurado Federal” que se editaba en Cádiz y sostuvo algunas polémicas por la prensa. Su situación económica empezó a mejorar debido a la protección de su rico amigo Fermín Valdés Domínguez, exiliado como él. En 1873 ambos vivieron los albores de la I República Española pero desencantados de ella se instalaron en Zaragoza donde Martí terminó sus estudios de Derecho en tiempo récord. Afines de 1874 viajaron a París y fueron recibidos por Víctor Hugo, que les pidió que tradujeran al español su obra “Mes Fiís”. En enero de 1875 embarcó Martí para Southampton y de allí siguió a Méjico donde vivía su familia en grave pobreza, allí escribió para la “Revista Universal”, tradujo a Víctor Hugo, enamoró a Rosario de la Peña, dictó conferencias en el “Liceo Hidalgo” y estrenó su obra para teatro “Amor con amor se paga “ en versos muy del gusto de la época, que le atrajo la atención de Carmen Zayas Bazán, bella cubana de familia rica y noble, a quién empezó a cortejar; más la caída del Presidente Lerdo de Tejada lo obligó a salir a Guatemala, empeñando la palabra de matrimonio a su bella paisana.

Bien recibido por el Presidente Barrios que lo empleó de profesor de la Facultad de Letras, Martí ingresó a la sociedad de Cultura “El Porvenir” y a la prensa que le abrió sus puertas por ser autor de “El Presidio Político en Cuba” que circulaba con profusión por América. Entonces conoció a María Cristina García con quien no pudo casarse por su compromiso en Méjico y que moriría al poco tiempo de amor. Para ella escribió su célebre poesía “La Niña de Guatemala”.

Vuelto a Méjico contrajo matrimonio y regresó con su esposa a Guatemala y de allí partieron a Honduras y luego a La Habana en goce de un decreto de amnistía concedido por las autoridades y trabajó en el bufete de su amigo el abogado Nicolás Azcárate a quién había tratado en Madrid y en Méjico, luego en el de Nicolás Viondi y se afilió al partido autonomista que deseaba la independencia de Cuba. Entonces nació su hijo único llamado José y durante una conferencia en el Liceo de Guanabacoa se ganó el odio del Gobernador y Capitán General, que le hizo la guerra hasta deportarlo a Madrid el 24 de septiembre de 1879.

Este segundo destierro le fue muy duro porque viajó sin su esposa; en enero de 1880 estaba en New York y comenzó a trabajar en los semanarios “The Houre” y “The Sun”, mientras tanto se había enamorado de la dueña de la pensión donde vivía llamada Carmen Mantilla y en eso llegó su mujer e hijo, pero las cosas ya no fueron iguales y ella terminaría partiendo a Cuba con la criatura.

Martí entonces viajó a Venezuela, malquistándose con el dictador Guzmán Blanco porque no quiso escribir para él; sin embargo fue amigo de Cecilio Acosta, Arístides Rojas y otros notables de ese país. Desencantado y más pobre que nunca regresó a New York y volvió a unirse con su esposa e hijo para quién había escrito un volumen de poemas titulado “Ismaelillo”. Nuevamente escribiendo y hablando siempre en favor de independencia de Cuba, jalonaba estas jornadas con su empleíto de traductor y secretario en “Lyon y Cía.” Su padre llegó a visitarlo y recibió las quejas de la esposa, que poco después abandonó definitivamente New York llevándose al niño; quedó Martí con Carmen Mantilla y su hijita Angela, que fue desde ese momento su mayor orgullo.

En 1884 empezaron sus conferencias por los Estados Unidos Se dedicó a visitar a los cubanos de Filadelfia, Tampa y Los Cayos arengó a los de New York y pasó por el dolor de perder a su padre, pero en 1887 fue visitado por su madre y empezaron sus contactos con los prohombres de la revolución: Gómez, Maceo, Estrada Palma y sus “Versos sencillos” eran leídos y repetidos en Cuba como sus continuas proclamas, Martí también influyó en el gusto literario americano.