TOMO III
 
 
 TOMO I
TOMO II
TOMO IV
     


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INCIDENTES ELECTORALES DE 1912
Después del asesinato de Alfaro y sus tenientes, el Presidente del Senado y Encargado del Poder Ejecutivo Doctor Carlos Freile Zaldumbide convocó el 16 de Febrero de 1912 a elecciones presidenciales para los días 28 al 31 de Marzo, apareciendo tres candidatos los Generales Julio Andrade Rodríguez y Leonidas Plaza Gutiérrez, acabados de llegar de Guayaquil con la aureola de la victoria obtenida contra Alfaro y Montero, pero distanciados porque ambos aspiraban a ocupar el solio presidencial y el tercero era el Dr. Carlos Rodolfo Tobar.

Entonces Plaza trató de insurreccionar los cuarteles para tumbar al régimen ayudado por su amigo de siempre el General Juan Francisco Navarro Nájera, Ministro de Guerra y Marina.

Andrade estaba de Ministro de Obras Publicas era el más sereno y no se precipita para conseguir la presidencia. Sabe que en elecciones libres ganará por su simpatía y espera con paciencia; además, cuenta con el apoyo del Encargado del Poder Ejecutivo y sus ministros, doctor Octavio Díaz en Interior; J. Federico Intriago en Hacienda y Doctor Carlos R. Tobar en Relaciones Exteriores, que también figuraba como candidato apoyado por algunos liberales e independientes que lo prefería por ser un elemento civil y de orden.

PRIMEROS ESFUERZOS POR LA
UNIFICACIÓN DEL PARTIDO
En esas circunstancias el Diario «La Paz» hizo un llamado a la ciudadanía liberal y a los candidatos para evitar la división. Algunos combatientes del 95 veían en Tobar a un lobo disfrazado de oveja por ser de los liberales de nuevo cuño y oler más a conservador que a otra cosa, y éste, lejos de amilanarse y con mucho talento diplomático hacía votos por la prosperidad del ideal liberal, aceptaba al igual que Andrade, que fuera la Magna Asamblea del partido la que escogiera al candidato único y solamente faltaba que Plaza diera su consentimiento. El 27 de Febrero se reunían en casa de don Julio M. Páez los siguientes señores: José Luis Román, doctor Abelardo Moncayo, Carlos Morales, José Julián Andrade, Manuel María Guerra, Abelardo Moncayo y Andrade, Manuel de Calisto, Ricardo Félix, Juan Francisco Game y Valarezo, doctor Daniel Román, Luis E. Bueno, Celiano Monge y Alejandro Ceballos y comisionaron a Game y al doctor Román para que al día siguiente concurrieran al domicilio de Plaza a solicitarle el retiro de su candidatura en bien de la unidad. Al día siguiente los comisionados recibieron un enérgico y terminante «No». En la calle se gritaba: «Plaza a bala. Plaza o nadie».

NUEVAS FATIGAS
OCASIONAN OTRO FRACASO
El doctor Tobar había sido maestro del General Andrade en el Colegio y lo conocía de sobra y ante el desplante de Plaza se citaron en casa del doctor Miguel Páez y hablaron francamente sobre la situación.

Andrade renunció a sus pretensiones y aceptó que fuere Tobar el que se enfrente, por su calidad de civil, para frenar el abuso del militarismo, que tantos perjuicios causaba. Andrade era General en servicio activo, pero con su proverbial franqueza reconoció que no era el momento para que un hombre de cuartel subiera al solio presidencial. Así las cosas, transcurren los últimos días de febrero y llegó el fatídico marzo, mes de los «idus» de Julio César, que en esta ocasión se repitieron con iguales trágicos resultados.

CASI LE PEGAN AL
ENCARGADO DEL EJECUTIVO
El lunes 4 con gran insistencia se rumoró en Quito que Plaza había conseguido el apoyo de tres cuarteles y daría la asonada por la noche. El doctor Freile Zaldumbide ordenó el cambio de tres de los jefes del ejército, pero su Ministro de Guerra y Marina, General Juan Francisco Navarro Nájera, en lugar de acatar la orden y cumplirla, la comunicó a Plaza, que de noche concurrió a la casa del Encargado del Poder Ejecutivo y duramente lo increpó.

- Pero, General Plaza, si solo me he propuesto retirar del ejército a tres superiores politiqueros que introducen la indisciplina en las filas militares (musitó don Carlos).

- Pues bien, si persiste en este cambio de jefes, los cuerpos se pronunciarán y no respondo si usted y su gabinete son arrastrados por las mismas calles que lo fueron los Alfaro.

EL ENCARGADO PIDE AUXILIO
AL GENERAL ANDRADE
¡Ay de mí!, piensa para sus adentros el doctor Freile Zaldumbide.

¿A quién recurrir? El panorama se presentaba nublado y el pobre mandatario hizo llamar al General Andrade, que de inmediato llegó con su ayudante y amigo Comandante Luis Alberto Arenas, de nacionalidad chilena y a quien desterrará Plaza a los pocos días por haber sido fiel testigo de esos incidentes, que narrará después, salvándolos para la historia.

- Vea mi General: Hágase cargo de esta cosa, estoy rodeado de terribles presagios. Ustedes entre Generales se entienden ...
- Si usted no me explica, no le entenderé. Dígame: ¿Qué ocurre?

- Algo grave, algo grave; acaba de estar aquí el General Plaza y me haamenazado; me ha amenazado con hacer arrastrar mi cadáver y los de los ministros por las mismas calles por las que trajinaron hace poco a los Alfaro.

- ¿Qué me dice?
- Lo que oye. General.
- Ah, don Carlos, no tenga cuidado, yo me encargo de él ...
- Muchas gracias. Dios lo bendiga. Y volviéndose a Arenas, dijo. ¡Qué bueno es el General Andrade! Siempre lo he dicho, por eso lo tengo de Ministro de Instrucción Pública.

Es la una de la madrugada del martes 5 de marzo de 1912 fatal para Andrade, porque perderá la vida por la noche.

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