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LA GOBERNACION
DE ROCAPUERTE IMPULSA LA URBE
Saliendo de la Presidencia de la República
Vicente Rocafuerte aceptó la Gobernación
del Guayas en 1839 y dio un gran impulso a Guayaquil,
inaugurando algunas obras públicas de importancia
y trascendencia.
En 1841 concluyó el primer muelle fiscal con
un pequeño ferrocarril y grúa, el primero
que llegó al Ecuador y fue considerado como
símbolo de gran riqueza y adelanto, se conectaba
por rieles con las oficinas de la Aduana de la calle
Pichincha y Clemente Bailen. En la esquina del Malecón
y sobre la torre de la vieja casa consistorial inauguró
un nuevo reloj público. Por su encargo se abrió
la calle 9 de Octubre hacia el oeste, a partir de
la actual Lorenzo de Garaycoa; llamando a este nuevo
trozo con el nombre de "La Trocha" que terminaba
en el manglar; se puso de moda el Estero Salado como
balneario y sitio de distracción de nuestros
lejanos abuelos.
Los numerosos casos de fiebre amarilla que se presentaron
desde Septiembre de 1842 y que convirtieron a la ciudad
en un campo de muerte, restaron empuje a su labor.
HASSAUREK: ENCUENTRA
A GUAYAQUIL MUY CAMBIADA
El escritor norteamericano F. Hassaurek,
que vivió en Ecuador algunos años como
diplomático de la nación del norte,
narró que Guayaquil era una ciudad con luz
de gas y faroles resplandecientes en 1861 y reconoció
que había dos poblaciones en una.
Los ricos vivían a la francesa en casas amplias
y bien ventiladas y con todos los adelantos de la
civilización y los pobres en tugurios muy primitivos,
al igual que el resto de los habitantes del litoral
ecuatoriano, donde la vida no había cambiado
en muchos siglos.
Las tiendas estaban arregladas con gusto y primor,
como si fueran de ciudades de segunda y tercera importancia
de los Estados Unidos, algunas casas y por efecto
de los temblores semejaban edificios en ruinas porque
aparecían ante el visitante, chuecas y curvas,
con amenaza de caer al suelo en cualquier momento,
lo que no ha sucedido nunca afirma Mr. Hassaurek,
para tranquilizar a sus lectores.
Muchas chatas, balandras, canoas y balsas surcan el
río. Existían algunas fábricas
movidas a vapor. Entre ellas el aserrío del
excónsul norteamericano Mateo Palmers Game.
Por la calle se veían burros aguateros y gran
cantidad de vendedores que gritaban sus mercancías
(caramelos, tamales, velas de sebo, helados, etc.).
Un trencito de mano en la Aduana (el de Vicente Rocafuerte)
y un vapor en el Río (el del escudo nacional)
construido en los Estados Unidos, alegraban el paisaje.
El Cuerpo de Bomberos cuenta con una máquina
a vapor hecha en Baltimore. El gas para la iluminación
provenía del carbón natural o hulla
que se importaba de Inglaterra vía Valparaíso.
Hay una fundición de hierro y varias casas
de maderas se han construido en el extranjero y luego
armado en Guayaquil.
Hacia el norte y en Ciudad Vieja estaba el Hospital
Militar, en el centro y en Ciudad Nueva funcionaba
el Comercio. No hay edificios de piedra o ladrillo
ni por curiosidad. Muchos asnos y chivos paseaban
por el centro alimentándose de la hierba que
crecía en las calles y la palmera, reina del
trópico exuberante, se veía en cada
casa, patio o jardín, dando un poético
aspecto; pero no todo era belleza y numerosos gallinazos
se posaban en los techos acechando algún desperdicio
con que alimentarse.
La hamaca era el mueble principal de las residencias
ricas o pobres y no era raro que la gente pasara de
hamaca en hamaca, ya sea que estuvieran de visita
o en las tiendas donde también la había
de todo porte y situación, para descanso de
la clientela. Eso de tener hamacas en las tiendas
debió haber sido realmente folclórico.
Ni siquiera puedo imaginármelo, pero fue así.
EL MARQUES DE MONCLAR
RESEÑA A GUAYAQUIL Y SUS ENCANTOS
Este aristócrata arribó
por 1868 y calculó a Guayaquil en 30.000 habitantes;
bien vale anotar cuanto habíamos crecido desde
el censo de Cucalón que sólo dio un
tercio de esta cifra. Guayaquil ya tenía teatro:
el "Olmedo", plaza de mercado, Iglesia Catedral
y varios otros edificios de importancia. Sus calles
anchas, muelles y vapores atracaban con marea alta,
grandes y bien surtidos almacenes, tiendas y despachos
y un floreciente comercio de cacao, cueros y maderas
de sus inmediatos montes y, en fin, mil y un productos
para vender al exterior y por ello ya era considerada
el centro del comercio nacional y capital económica
del país.
CAMPOS INFORMA EN 1887
AL JEFE POLITICO
El ilustrado Francisco Campos Coello,
Presidente del Concejo Cantonal, presentó un
Informe completo de la urbe en ese año, incluyendo
las principales obras realizadas desde 1820, la nomenclatura
de las calles y un estado general que incluyó
muy curiosos datos y estadísticas. Bien se
puede decir que este informe cerró el ciclo
de descripciones de nuestra urbe en el siglo XIX,
que fue parco en descripciones, pues solo encontramos
ésta de Campos y las que traen los sabios Manuel
Villavicencio y Teodoro Wolf, en sus geografías
del Ecuador, publicadas en 1856 y 1892, respectivamente,
que incluyen dos planos o croquis de la urbe. Las
otras no pueden ser consideradas descripciones sino
simples reseñas de viajeros que estaban de
paso.
Campos ampliaría este trabajo en 1874 y le
daría forma de libro; sin embargo, en esta
primera descripción anota que Guayaquil cuenta
desde 1866 con el Banco del Ecuador, que funcionaba
libremente como entidad emisora de papel moneda. Tiene
varias asociaciones de beneficencia como la Sociedad
Filantrópica, la Sociedad de Artesanos y la
Beneficencia Municipal. Una compañía
telegráfica inaugurada en 1882 y una telefónica
en 1887. En 1885 y 1886 se fundaron tres bancos más:
el Internacional, el Anglo Ecuatoriano y el Territorial
y en fin, se creó la Junta Cantonal de Agua
Potable para abastecer del líquido elemento,
que se tomará de la repunta del Río
Daule en la hora de la alta marea.
La instrucción se daba en el Colegio de San
Vicente y en el Seminario donde -además- se
dictaban cursos de teología. La Junta Universitaria
tenía un Rector y funcionaban las facultades
de Jurisprudencia y Medicina con Decanos y Cuerpos
de profesores independientes.
La Municipalidad gozaba de rentas propias; Campos
explica el presupuesto de este año y trae una
lista de los Presidentes del Concejo, desde Olmedo
el primero en 1820, a raíz de la revolución
del 9 de Octubre de ese año.
En fin, todo cuanto se diga acerca de la bondad de
este informe, es poco, si tomamos en consideración
que ni antes ni después de Campos, otro Presidente
de Concejo o Alcalde de Guayaquil ha hecho obra igual
en cuanto a datos, informaciones y estadística.
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