TOMO III
 
 
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TOMO II
TOMO IV
     


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GUAYAQUIL EN EL SIGLO PASADO
Las casas eran con balcones o corredores con toldas de lona que se bajaban a la hora del calor y de la siesta y aunque no existían edificios especialmente llamativos, por lo general todos eran cómodos y espaciosos.

MELLET, OTRO VIAJERO CURIOSO
Mellet arribó hacia 1816 y aclaró que la arquitectura de las iglesias era algo sosa y no revelaba ningún rasgo peculiar que las distinguiera entre sí, aunque mencionó que son de tres pisos y sus maderas muy duras y resistentes. Las calles anchas, bien delineadas y con portales donde los peatones se guarecían del sol y las lluvias. Estos aleros estaban bien tenidos, anota Mellet y se podía caminar por Guayaquil sin ensuciarse los zapatos. Vaya con el francés presumido!.

Tantas son las balsas que hasta cabría opinar que funcionaba otra ciudad al lado de Guayaquil; los balseros nacen, viven y mueren en sus embarcaciones donde cocinan, comen y duermen y algunos, sólo de tarde en tarde, arriman su balsa al Malecón para visitar la urbe, realizando casi toda su vida sobre el río.

ANDRES BALEATO PUBLICA SU MONOGRAFIA EN 1.820
Este curioso autor editó una Monografía en Lima que se reprodujo en Guayaquil hacia 1887 en la Imprenta de La Nación; el trabajo se relacionaba primordialmente con la Provincia de Guayaquil y no con la ciudad, que se divide en tres barrios: Ciudad Nueva, Ciudad Vieja y Astillero, sector actualmente comprendido entre Clemente Ballen y Avenida Olmedo, el Río y la calle Chimborazo.

En la edición original consta publicado un estracto de la propuesta presentada el 23 de Febrero de 1814 por el Dr. Pedro Alcántara Bruno, Diputado de la Provincia de Guayaquil, para que la monarquía erija tres partidos y ascienda varios anexos.

Bruno pidió la creación de los partidos. 1) El de Guayaquil contendría a la ciudad propiamente dicha en cuatro escribanías y a los pueblos de Machala. Pasaje, Naranjal, Puna, Balao, Chongón, Sabana Grande, Samborondón, Yaguachi, Milagro, Ñausa y Taura. 2) El Segundo Partido comprendería la villa de la Purísima Concepción de María con Capital en Baba, con un escribano, y los pueblos de Juana de Oro y Pueblo Viejo; la villa de San Fernando con capital Babahoyo y una escribanía, y los pueblos de Caracol y Pimocha, la Villa de San Pedro Alcántara con capital Palenque, y los pueblos de Nuevo y Viejo San Lorenzo y Balzar, la Villa de San Nicolás, con capital Daule y una escribanía, y el pueblo de Santa Lucía, y 3) El Tercer Partido comprendería la Villa de San Juan con capital Jipijapa y una escribanía, y los pueblos de Canoa, Chone, Tosagua, Puerto Viejo, Pichota, Charapotó, Montecristi, Paján, Punta de Santa Elena, Colonche, Chanduy y Morro.

Los viajeros que visitaron Guayaquil en el pasado siglo se admiraban de tener ante sus ojos una ciudad tan llena de luz y movimiento.

STEVENSON SECRETARIO DEL CONDE RUIZ DE CASTILLA
Stevenson arribó en 1808 y anotó que el Malecón estaba doblemente alumbrado por luces ubicadas en los bajos y altos, procedentes de las tiendas de comercio y bodegas y de los pisos donde vivían sus dueños. Otras tenían tres hileras con entrepisos que se acostumbraban arrendar a solteros o transeúntes.

Ciudad Nueva y Vieja se daban la mano en una poética danza al vaivén de las aguas del río siempre surcado de balsas. Un puente de madera de 800 yardas de longitud que cruzaba varios esteros ponía en contacto a los pobladores de ambos barrios, extendiéndose sobre una sabana que en invierno o con altas mareas se anegaba.

El Malecón era la calle principal de Guayaquil por su comercio e importancia de sus edificios. El Hospital estaba cuidado por los Betlemitas de San Juan de Dios y las iglesias, de madera incorruptible y con techos de tejas, guardaban en sus interiores, preciosas imágenes policromadas y cuadros de santos y vírgenes fabricados en Quito y Cuenca principalmente, aunque también los habían guayaquileños.

Como curiosidades Baleato publica datos estadísticos sobre las exportaciones anuales de Guayaquil, sus precios y cantidades, así como el censo formado de orden del Gobernador Bartolomé Cucalón y Villamayor en 1808, donde consta que el Partido de Guayaquil a esta fecha tenía 13.700 habitantes y los demás, las siguientes cantidades: Puna 600; Machala 820; Santa Elena 8.286 siendo el más populoso después de Guayaquil, Naranjal 400 y Yaguachi 1.568.

BRANDIN; NOS VISITA PERO NO LE AGRADA EL ASEO DE LA URBE
Otro francés llega a Guayaquil en 1824, se trata de Monsieur Brandin quien indicó al paso que las calles adyacentes al Malecón, sobre todo aquellas ubicadas cerca de la Taona (en el barrio del Conchero) apestaban al aceite de ballena con que se alimentan los mecheros de tenue luz por las noches y a otros desperdicios con que el suelo de este sector está casi siempre cubierto.

El resto estaba bien: las calles anchas y las casas fuertes y aireadas. La calle del Comercio estaba a la altura de cualquier capital de Europa y el Malecón, de casi una milla de largo, era grande y cómodo.

D'ORBIGNY: SE ADMIRA DE LAS PEÑAS
Hacia 1836 otro francés visitó Guayaquil y se llenó de admiración al encontrar que en el Barrio de las Peñas, entonces pobre y retrasado, las casas fueren de cañas cortadas por el medio y los techos de hojas de banano silvestre, que al llover inundan los interiores con notable perjuicio a los propietarios, que padecen tan molesto daño.

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