TOMO III
 
 
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TOMO IV
     


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FUNERALES Y CARNAVALES
Ni bien iba el muerto por el zaguán y las damas de la casa se recogían a sus dormitorios a descansar el velorio, que en algunos casos podía durar hasta 24 horas, verdadero "rush" que tenían que aguantarse los deudos sin dormir.

Casi siempre los funerales salían a las cuatro de la tarde, eran conducidos a pie y despacio, en señal de duelo. A eso de las cinco y media se llegaba a Juan Pablo Arenas, por donde hoy es el Parque de la Madre, sitio que se tomaba invariablemente para llegar al Cementerio y entre las 6 y 6 y 1/2 regresaban del camposanto con la última luz de la tarde y antes que anochezca pero a veces el funeral se prolongaba y entonces los mosquitos hacían su agosto, de allí surgió la famosa frase "Apuren que el muerto apesta" dicha por algún gracioso, para evitarlos.

De regreso a la casa del duelo, esa noche se dormía a pierna suelta por el cansancio del día, pero a la mañana siguiente todo era agitación. Había que cubrir los espejos y las ventanas con grandes crespones de seda negra, devolver a los amigos las coronas de chaquiras de cristal negro recibidas para la decoración de la capilla ardiente y sin equivocar ninguna para evitar ridículos reclamos y esperar a que llegaran las viandas y platillos de comida, de sal y dulce, que las amistades enviaban de obsequio para aliviar la pena de los deudos y allí venía el chuparse los dedos de antemano, con la ilusión de recibir una gallina a la pepitoria, una pierna de venado horneada, un manjar de coco, unas natillas, el arroz con leche, los huevos hilados, la leche asada, la espumilla, la caspiroleta y algunas delicias aún más complicadas como la Princesa de Angulema, la Carlota Rusa, la Muselina francesa de Chocolate y cognac, los biscochitos nevados, las frutas enconfitadas y rellenas y qué sé yo, cualquier otro secreto culinario de entonces y esto se repetía los ocho primeros días, de lo que se concluye que los deudos regalaban parte de estos manjares o morían reventados y entonces se entraba en otro duelo y nuevos regalos y en un círculo vicioso sin fin.

Las ventanas se dejaban de abrir siquiera por un año y es fama que al producirse la independencia, no faltó una autoridad criolla, pero acérrima partidaria del monarca, que cerró sus toldas por ese tiempo y en señal de dolor político. ¡Valiente bobo!

Las hamacas, que eran muchas, se cubrían de mantas de sedas frías y negras y allí se recibía las visitas de duelo, sobre todo las primeras ocho noches después del entierro, en conversaciones interminables sobre las virtudes del difunto y su última enfermedad. A las diez se despedía la concurrencia y todos a dormir, pero el primero que se iba a su casa, "chivateaba" el duelo y eso era considerado una muestra de mal gusto. ¡Vaya ingenuidad!

Y Ahora hablemos de los carnavales, que antes se jugaban más que ahora. Numerosos caballeros salían en grupos a las calles y viendo chicas hermosas en las ventanas les pedían permiso para subir, esquivando el balde de agua que ellas les tiraban. Una vez dentro, todo era jolgorio y guerra de cascarones de huevos llenados con agua de colonia o con anilinas de colores y luego cerrados con cera caliente. Entonces se iniciaba el baile al son de alguna victrola, pianola o simplemente un piano, que nunca faltaban los artistas del teclado que se prestaban a animar al grupo.

"Pavanas", "Polcas" y "Habaneras". "Rigodones", "Mazurcas" y "Cuadrillas" se disputaban el ambiente y era de ver como giraban las parejas al son de aquellas trasnochadas melodías de la vieja Europa. Por 1870 llegó a Guayaquil el vals y desde 1885 el vals Boston que se bailaba dando vueltas alrededor del salón, con gracia suprema y exquisita elegancia. Por 1920 después de la Gran Guerra nos vino el "One Step", precursor del Charleston y del "Boogie-Boogie" que causaron furor en los años 30 y 40. De Cuba nos llegaron los ritmos tropicales, "la conga", "la rumba", "el Cha cha cha" y "el merengue" y de la Sierra "los yarabiés", "sanjuanitos" y "pasacalles" ignoro de donde habían arribado "pasillos" que se aclimataron en la Costa y hasta nos convertimos en exportadores de ellos.

Mistelas y vinitos se paladeaban sin cesar, lo mismo que el fino cognac o los populares alcoholes puros o aguardientes "Mallorcas" y "Anisado". El ron llegó mucho después de Jamaica, el champagne solo para festividades especiales por su alto costo y escasez y los vinos eran solicitados, pero no estaban al alcance de todos los bolsillos. El "Punch rom" o "Ponche" elaborado con Jugos de frutas y alcohol; el "Rompope" de huevos y puro, "El Cardenal" de agua de cascaras de piña y vino tinto y el popular brindis de "Ratafias" (Licor elaborado en casa a base de alcohol, frutas frescas y plantas aromáticas) así como la chicha de maíz de Jora, la de arroz u horchata y la de piña podían ser presentadas sin ninguna vergüenza y en los cuartos interiores hasta se las agradecía, porque allí era donde se bañaban de agua los miembros de la servidumbre, enlaberintados con dicha celebración. Y todo era permitido de Domingo a Martes, porque al día siguiente nadie faltaba a la misa de imposición de cenizas en las frentes pecadoras, de trasnochadores galanes y de carnavaleras señoritas, que compugidos, reiniciaban la vida normal.