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FUNERALES
Y CARNAVALES
Ni bien iba el muerto por el zaguán
y las damas de la casa se recogían a sus dormitorios
a descansar el velorio, que en algunos casos podía
durar hasta 24 horas, verdadero "rush" que
tenían que aguantarse los deudos sin dormir.
Casi siempre los funerales salían a las cuatro
de la tarde, eran conducidos a pie y despacio, en
señal de duelo. A eso de las cinco y media
se llegaba a Juan Pablo Arenas, por donde hoy es el
Parque de la Madre, sitio que se tomaba invariablemente
para llegar al Cementerio y entre las 6 y 6 y 1/2
regresaban del camposanto con la última luz
de la tarde y antes que anochezca pero a veces el
funeral se prolongaba y entonces los mosquitos hacían
su agosto, de allí surgió la famosa
frase "Apuren que el muerto apesta" dicha
por algún gracioso, para evitarlos.
De regreso a la casa del duelo, esa noche se dormía
a pierna suelta por el cansancio del día, pero
a la mañana siguiente todo era agitación.
Había que cubrir los espejos y las ventanas
con grandes crespones de seda negra, devolver a los
amigos las coronas de chaquiras de cristal negro recibidas
para la decoración de la capilla ardiente y
sin equivocar ninguna para evitar ridículos
reclamos y esperar a que llegaran las viandas y platillos
de comida, de sal y dulce, que las amistades enviaban
de obsequio para aliviar la pena de los deudos y allí
venía el chuparse los dedos de antemano, con
la ilusión de recibir una gallina a la pepitoria,
una pierna de venado horneada, un manjar de coco,
unas natillas, el arroz con leche, los huevos hilados,
la leche asada, la espumilla, la caspiroleta y algunas
delicias aún más complicadas como la
Princesa de Angulema, la Carlota Rusa, la Muselina
francesa de Chocolate y cognac, los biscochitos nevados,
las frutas enconfitadas y rellenas y qué sé
yo, cualquier otro secreto culinario de entonces y
esto se repetía los ocho primeros días,
de lo que se concluye que los deudos regalaban parte
de estos manjares o morían reventados y entonces
se entraba en otro duelo y nuevos regalos y en un
círculo vicioso sin fin.
Las ventanas se dejaban de abrir siquiera por un año
y es fama que al producirse la independencia, no faltó
una autoridad criolla, pero acérrima partidaria
del monarca, que cerró sus toldas por ese tiempo
y en señal de dolor político. ¡Valiente
bobo!
Las hamacas, que eran muchas, se cubrían de
mantas de sedas frías y negras y allí
se recibía las visitas de duelo, sobre todo
las primeras ocho noches después del entierro,
en conversaciones interminables sobre las virtudes
del difunto y su última enfermedad. A las diez
se despedía la concurrencia y todos a dormir,
pero el primero que se iba a su casa, "chivateaba"
el duelo y eso era considerado una muestra de mal
gusto. ¡Vaya ingenuidad!
Y Ahora hablemos de los carnavales, que antes se jugaban
más que ahora. Numerosos caballeros salían
en grupos a las calles y viendo chicas hermosas en
las ventanas les pedían permiso para subir,
esquivando el balde de agua que ellas les tiraban.
Una vez dentro, todo era jolgorio y guerra de cascarones
de huevos llenados con agua de colonia o con anilinas
de colores y luego cerrados con cera caliente. Entonces
se iniciaba el baile al son de alguna victrola, pianola
o simplemente un piano, que nunca faltaban los artistas
del teclado que se prestaban a animar al grupo.
"Pavanas", "Polcas" y "Habaneras".
"Rigodones", "Mazurcas" y "Cuadrillas"
se disputaban el ambiente y era de ver como giraban
las parejas al son de aquellas trasnochadas melodías
de la vieja Europa. Por 1870 llegó a Guayaquil
el vals y desde 1885 el vals Boston que se bailaba
dando vueltas alrededor del salón, con gracia
suprema y exquisita elegancia. Por 1920 después
de la Gran Guerra nos vino el "One Step",
precursor del Charleston y del "Boogie-Boogie"
que causaron furor en los años 30 y 40. De
Cuba nos llegaron los ritmos tropicales, "la
conga", "la rumba", "el Cha cha
cha" y "el merengue" y de la Sierra
"los yarabiés", "sanjuanitos"
y "pasacalles" ignoro de donde habían
arribado "pasillos" que se aclimataron en
la Costa y hasta nos convertimos en exportadores de
ellos.
Mistelas y vinitos se paladeaban sin cesar, lo mismo
que el fino cognac o los populares alcoholes puros
o aguardientes "Mallorcas" y "Anisado".
El ron llegó mucho después de Jamaica,
el champagne solo para festividades especiales por
su alto costo y escasez y los vinos eran solicitados,
pero no estaban al alcance de todos los bolsillos.
El "Punch rom" o "Ponche" elaborado
con Jugos de frutas y alcohol; el "Rompope"
de huevos y puro, "El Cardenal" de agua
de cascaras de piña y vino tinto y el popular
brindis de "Ratafias" (Licor elaborado en
casa a base de alcohol, frutas frescas y plantas aromáticas)
así como la chicha de maíz de Jora,
la de arroz u horchata y la de piña podían
ser presentadas sin ninguna vergüenza y en los
cuartos interiores hasta se las agradecía,
porque allí era donde se bañaban de
agua los miembros de la servidumbre, enlaberintados
con dicha celebración. Y todo era permitido
de Domingo a Martes, porque al día siguiente
nadie faltaba a la misa de imposición de cenizas
en las frentes pecadoras, de trasnochadores galanes
y de carnavaleras señoritas, que compugidos,
reiniciaban la vida normal.
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