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EL FAMOSO
TUERTO CALLE
Escribo este artículo a petición
de un amigo mío al que le gustan las anécdotas
y como cree que yo conozco algunas, vive atosigándome
para que las cuente. De Manuel J. Calle se refiere
que nació una Navidad en casa de Dña.
Teresa Pesantes Vda. de Calle, bastante feúcho
y algo esmirriado y hasta se temió al principio
por su vida, pero los afanes de su madre, que no los
del padre, de apellido Aguilar, que era morlaco, abogado
y doctor y vivía en Gualaceo, le salvaron la
existencia. Años después y ya de hombre
—cuando las alas de la fama le habían
abierto las columnas de los diarios— el tal
doctor Aguilar quiso conocerlo y hasta reconocerlo,
pero Calle reaccionó y dijo: " ¡Ah!
¿Sí? ¿Ahora? ¡Ahora que
yo soy un hombre! ¡Ahora que valgo por mí
mismo! Ahora que ya no necesito de su protección,
peor de su apellido" y todo quedó en nada
porque jamás se unieron ni siquiera para conocerse.
Lo de tuerto se lo pusieron sus compañeros
de escuela más como mote cariñoso que
por otra razón. Calle tenía un párpado
caído, lo tuvo toda su vida, se reía
del apodo y jamás hizo caso de él.
De muchacho pasó a estudiar con los jesuitas
y alguna vez un dómine le informó que
tenía unos pícaros libros condenados
a cárcel perpetua bajo reja de hierro y candado
de combinación porque eran peligrosísimos
y habían transformado a un buen seminarista
en un feroz ateo y masón. Se refería
a Abelardo Moncayo que salió del convento y
se hizo librepensador, llegando incluso a figurar
en el asesinato de García Moreno en 1875.
Esta información despertó la curiosidad
del estudiante Calle y cada vez que pasaba por la
biblioteca se relamía mentalmente al ver dichos
libros, a los que pensaba darles un atracón
en la primera oportunidad que se le presentase. Este
fue el principio de su liberalismo, como lo recordaría
en uno de sus escritos.
Quien le enseñó a escribir bien fue
José Peralta, algo mayorcito que Calle, que
lo tomó como ayudante y escribían en
1888, para sacar "La Libertad", periódico
de oposición lugareña que abrió
numerosas brechas. Por entonces Calle anduvo escondido
del Gobernador que desató una prolongada persecución
en su contra y también estuvo de picos pardos
detrás de una hermosa cuencana, que no aceptó
sus requiebros. De esta primera escaramuza sentimental
salió el argumento de su novela "Carlota",
la única que se le conoce y que publicara años
después. Como novelista Calle fue poca cosa
y "Carlota" nunca vio segundas ediciones.
Posteriormente viajó a Guayaquil perseguido
por algunos comarcanos que no olvidaban fácilmente
las burlas con las cuales los había ridiculizado.
Vino pobre y con una prensa de mano, tipos de madera
y todo ello envuelto en una estera. Venía con
poco si consideramos su valor aparente, pero bajo
esa mirada profunda, hundida, que avisaba un futuro
tuberculoso, se escondía una de las mentalidades
más lúcidas de la República.
De entonces fue la amistad y protección que
le brindó generosamente el periodista Aviles
y luego vino el 5 de Junio y el triunfo del liberalismo.
Calle viajó a Quito, progresó económicamente,
contrajo matrimonio con una mujer joven, rica y bella,
a la que conquistó con su hombría y
talento y pudo escribir todo cuanto quiso; pero junto
a estos triunfos floreció también su
bohemia, no la burda bohemia del borracho cualquiera
sino aquélla que sólo se produce en
los hombres de educación, la bohemia fina y
chispeante, de conversación amena, de intercambio
de ideas y pensamientos elevados.
Una ocasión Calle quedó sin dinero y
mandó a pedirle plata al Presidente Alfaro
para seguir brindando con sus amigos. Alfaro inmediatamente
le mandó el dinero. Estos eran buenos tiempos
cuando ambos congeniaban y Calle servía al
régimen con su pluma. Después se distanciaron
y hasta llegaron a odiarse, pero eso fue después
de la Revolución del General Emilio María
Terán el lo. de Enero de 1906 y entonces Calle
se desquitó de todos con su famoso libro "Hombres
de la Revuelta", donde no quedó títere
con cabeza, porque a los que no acabó dejó
tan mal parados, que sus elogios han sido tomados
como sátiras sangrientas, modelo de burla.
Después de 1912 Calle fue el primer periodista
del país y sus escritos eran esperados y temidos.
Se le obsequió una pluma de oro y se dijo que
con Nicolás Augusto González y José
Antonio Campos formaban la trilogía mayor de
la prensa ecuatoriana. Miguel Valverde ya se había
retirado a su destino consular en Estocolmo. Años
después murió Calle consumido por la
tuberculosis, en señorial pobreza y admirado
por propios y extraños, siendo el mayor periodista
que ha producido el país.
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