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ENTRE
APLAUSOS Y QUEJAS
En 1906 el Ecuador intelectual presenció
la aparición en Quito de la revista "Altos
Relieves" dirigida por los jóvenes poetas
Aurelio Falconí y Luis E. Veloz, con versos
rubendarianos y modernistas y en el mismo año
el guayaquileño Miguel E. Neira editó
su poemario "Baladas de la miseria", siguiendo
esa línea. Estos fueron simples atisbos de
las corrientes literarias que se imponían en
Europa y América merced al genial poeta nicaragüense.
Años antes otros ecuatorianos habían
experimentado la influencia de las nuevas formas estéticas
de expresión, entre ellos Miguel Valverde,
Modesto Chávez Franco y Víctor Hugo
Escala, que habían escrito "sonetos raros"
en versos alejandrinos aconsonantados. En 1907 Falconí
volvió sobre el tema en "Policromías",
dio el espaldarazo a la moda, así como a la
generación que estaba aflorando y que después
fue decapitada por la vida.
Borja, Fierro y Noboa Caamaño en Quito, seguidos
por Augusto Arias e Isaac Barrera, Wenceslao Pareja,
Medardo Angel Silva, Miguel E. Neira los dos hermanos
Egas Miranda, Adolfo Simmonds, Adolfo Hidalgo Nevárez,
Manuel Eduardo Castillo, Heleodoro Aviles Minuche,
César Borja Cordero, Falconí Villagómez
y José Joaquín Pino de Ycaza en Guayaquil.
Mientras en Cuenca aún se hacían versos
decimonónicos marianos y pasados de moda o
cositas lindas sobre el lugar natal, tomando flores
de retama, capulicedas y otras minucias de casa adentro.
Solo Enmanuel Vásquez y Ernesto López
escaparon de ese ambiente bucólico, oloroso
a "Fiesta de la Lira", incorporándose
a las nuevas formas aunque tardíamente, con
versos de innegable valor.
Para 1910 circuló en Guayaquil un periodiquito
de pequeño formato, de cuatro columnas y cuatro
planas, editado en los talleres gráficos de
E. Rodenas, cuyo primer número apareció
el 28 de agosto con el absurdo nombre de "El
Guante", inspirándose en la circunstancia
de ser cinco como los dedos de la mano, los jóvenes
fundadores, alguno de los cuales ideó firmar
sus artículos con el nombre especial de los
dedos. Eran éstos: Miguel García Morales,
que figuraba como director. Heleodoro Aviles Minuche
que firmaba Anular. César Borja Cordero que
adoptó el seudónimo de Metacarpo; Miguel
E. Neira que firmaba Indice y José Vicente
Ruiz -colombiano- que se ausentó después
al Sur".
Comenzó El Guante como semanario pero pronto
se convirtió en bisemanario, tuvo imprenta
propia y aseguró una vida independiente, terminando
en diario y aumentando su circulación después
de la matanza de los Alfaro en enero de 1912. Los
lunes hacía literatura en un suplemento que
cobró pronta fama. El Telégrafo se obligó
a seguirle los jueves y entonces se inició
una activa competencia que a la generación
que estaba aflorando, permitió las necesarias
columnas para expresarse libremente sin coacción;
aunque la crítica le dio de palos, la mayor
parte de las veces sin ton ni son.
Entre los más encarnizados detractores del
modernismo literario estaba un intonso quiteño,
el Prof. Alejandro Andrade Coello, propietario de
la cátedra de literatura del colegio Mejía,
que no perdonaba soneto sin crítica. En Guayaquil
el genial Manuel J. Calle acostumbraba de vez en cuando
burlarse despiadadamente de los jóvenes, concitando
en contra de ellos las risitas del grueso público,
siempre propicio a festejar el ridículo.
Y así, entre aplausos y quejas, como diría
un poeta, germinó esa generación de
los años 10 al 20, tan rica en manifestaciones
líricas, que cantó ambientes tomados
de la lejana historia de Europa y deificó lo
bello y lo extraño, amó a los cisnes,
a las hojas de acanto, a las ninfas del bosque, a
princesas rubias y a pajes Abril que morían
de amor a los pies de sus damas; que escapó
hacia paisajes y ambientes ideales, hacia gobelinos
y cítaras y que vistió al idioma de
formas propias aun no superadas; generación
que aspiró a la perfección, a la elegancia
y al misterio, en suma, a la aristocracia y la belleza.
¿Acaso Rubén Darío no acostumbraba
firmar los abanicos de las condesas de España?
¿Y pintores tan excelentes como Teobaldo Constante
y Roura Oxandaberro, pocos años después
no dedicarían muchas horas de esfuerzo a pintar
hermosísimas mariposas de colores en las blancas
medias de seda de esbeltas damas? y no por estas delectaciones
se consideraban rebajados ni empequeñecidos
como artistas y poetas.
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