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DE
COMO EL PERICO SE COMIO AL CORDERO
En 1894 Marieta de Veintemilla, viuda
de Antonio de Lapierre, regresó al Ecuador
procedente de Chile, donde vivía con su tío
Ignacio, en el exilio. Merced a una serie de conecciones
diplomáticas, ella se había podido enterar
de la existencia de telegramas cifrados, cursados
entre el Cónsul ecuatoriano en New York Solórzano
y el Gobernador del Guayas Plácido Caamaño,
sobre una supuesta venta del buque «Esmeraldas»
de propiedad chilena, al Ecuador, aunque en realidad
nuestra Patria se obligaba a su vez a cederlo al Japón.
En otras palabras, el trueque tenía por finalidad
encubrir a Chile en la venta porque se había
declarado neutral en el problema armado de Japón
y China; lo malo del caso es que la-bandera ecuatoriana
iba a ser utilizada desde la isla Chatham en el Archipiélago
de Galápagos hasta las islas del Archipiélago
de las Samoas, donde se arrearía para cambiarla
con la Japonesa.
En pago a nuestra intervención «alguien»,
que no el Ecuador, recibiría el sobreprecio
de la venta que ascendía a 80.000 libras esterlinas.
Chile nos vendía el Esmeraldas en 220.000 libras
y Japón pagaba 300.000. El negociado se realizó
pero fue descubierto porque los telegramas cifrados
fueron entregados por José de Lapierre a Felicísimo
López, que los hizo públicos en el ámbito
internacional, luego que fueran descifrados en la
oficina de José Abel Castillo.
González Suárez intervino y pidió
que este enojoso asunto se ventilara en el plano nacional
para evitar la burla de las naciones civilizadas,
pero el escándalo alcanzaba proporciones y
las gentes recorrían las calles de las ciudades
del país clamando castigo para los negociantes.
El principal sindicado era el Gobernador del Guayas
Dr. Plácido Caamaño contra quien recaían
todas las acusaciones; también estaban implicados
los cónsules Nogera y Solórzano, de
Valparaíso y New York, respectivamente, el
uno por recibir el vapor de las autoridades de Chile
y el otro por guardarse la recompensa de 80.000 libras
esterlinas, que era el sobreprecio de la nave y que
jamás entró en el Tesoro Nacional a
pesar de haberse cancelado el valor de la compra por
parte de la Casa Bancaria FLINT. Caamaño quiso
disculpar su actuación con palabras que no
convencieron a nadie y Lapierre le replicó
con el siguiente verso:
Cuando el asunto anda terco no hay música celestial
contra razón natural
La lora se come al puerco.
Queriendo significar que no había explicación
posible a asunto tan sucio. Poco después la
multitud entró cantando otro de sus versos,
hecho canción con música de mazurka,
en la casa del Gobernador, que minutos antes había
tenido que embarcarse con su familia y partir a Puna,
evitando una muerte segura. Nunca más regresó
al país, falleciendo años después
en Sevilla, solo y abandonado. Con él escaparon
también sus cinco hermanas. Victoria de Diaz
Erazo, Ana de Flores Jijón, Rosa de Noboa Carbo
e Isabel y María que eran solteras.
Convertida está en girones
la bandera tricolor
en que Sancho y sus traidores ultrajaron el honor
II
Y el pueblo entusiasta
de júbilo henchido
consagra rendido y
castiga al traidor
III
En las riberas de Guayaquil
otra bandera se vé lucir (bis)
cual mensajero de un día feliz// (Nota: Se
repite la estrofa dos).
En Guayaquil todos se sabían de memoria unas
coplitas saltonas, igualmente de Lapierre, tituladas:
La Venta de la Bandera, donde se decía que
Solorzano jamás entregó a Caamaño
el sobreprecio o comisión de 80.000 libras
esterlinas, pactado por la venta de la bandera, porque
sabedor de los problemas suscitados en el Ecuador
y temiendo por su propia vida, había fugado
de New York con dirección a Suiza, llevándose
la platita en los bolsillos. Caamaño le mandó
a buscar con un aventurero colombiano pero dicen que
tampoco le vio regresar y se quedó larín-larán
como dice la copla.-
Sin que China oliera la cosa
un blindado buscaba el Japón
cuando supo que Chile vendía
la Esmeralda, que no es mal vapor.
II
Ofrecióle muchísima plata aun,
mas de un millón
pero Chile le dijo: amiguito taran, tan, tan
con bandera no.-
III
Pepe Plácido dijo: Les presto
mi bandera, la del Ecuador
pero dennos ochentamil libras
a Noguera, Solórzano y yo.
IV
FLINT al punto, entregó la platita
aya en New York
y al cogerla Solórzano dijo: taran, tan, tan
a Suiza me voy.
V
Hay guayaba, guayaba, guayaba
hay guayaba de mi corazón
Ya Solórzano tiene ganado
sus 100 años de perdón.
Con este tipo de campaña no hay régimen
que soporte mucho tiempo y en 1894 el presidente -poeta
Luis Cordero, encargó el Poder al Ministro
del Interior Vicente Lucio Salazar. Meses después
se produjo en Guayaquil la revolución del 5
de Junio de 1895 y se llamó a Alfaro, exilado
en centroamérica. Bien se podría afirmar
y sin temor equivocaciones, que la transformación
liberal la realizaron el Dr. Francisco Martínez
Aguirre y José de Lapierre y que desde el Perico
se comieron a Cordero.
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