TOMO III
 
 
 TOMO I
TOMO II
TOMO IV
     


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EL PARQUE SEMINARIO
Alrededor del Parque Seminario vive Guayaquil su tráfico agitado y caliente de ciudad tropical, pero en su interior todo es calma y pareciera que el paso del tiempo se hubiera detenido en un ambiente Victoriano propio de fines del siglo pasado. He allí el encanto del parque Seminario y por ello numerosas personas lo prefieren y van a sentarse en sus banquitos de hierro forjado, oyendo el lejano ruido de los carros, muy amainado por las altas copas de los ficus, el trino de uno que otro pajarito y el verdor de nuestro paisaje inmediato, ubicado en el centro de Guayaquil.

Pero como no hay dicha perfecta, este sitio de remanso y de recuerdo a veces a sufrido el embate de los malos guayaquileños que no pueden ver con buenos ojos que en nuestra «ciudad fenicia» exista algo con tradición y así pues, en nombre del progreso, lo han comenzado a cambiar. Primero fue un Alcalde que hizo construir un feísimo urinario, moderno, justamente frente al grupo de los jabalíes que es copia de un famoso grupo escultórico sacada de los campos Elíseos de París, bellísima desde todo punto de vista. Luego alguien tomó la pequeña escultura de bronce de La Samaritana y se le llevó a arreglar. Fue necesario que Monserrat Maspons protestara por periódico para que «La Samaritana» regresara a su sitio en la gruta de la Virgen y sobre la pequeña alberca donde antes vivían numerosos pececitos que eran la alegría de la muchacha de los años 40 y 50.

Recuerdo que en el parque Seminario se realizaban bellísimas kermeses organizadas por «El Ajuar del Niño»y por su presidenta Carlota Reimberg de Maume. Me han contado que antes habíanse sucedido las kermeses bailables del «Belén del Huérfano» y de su presidenta. Ana Darquea de Sáenz de Tejada y que entonces se bailaba en la rotonda del parque al son de alguna banda de música de las primeras que hubo por los años 30. No eran menos añoradas las bellísimas retretas que los sábados, domingos y días de fiesta se brindaban por parte de las diferentes bandas de los batallones de la ciudad. Era famosa la del batallón de Artillería que estuvo situado hasta 1886 en 9 de Octubre y Boyacá y que se quemó ese año durante el Incendio Grande. Y así por el estilo podríamos seguiría enumerando los servicios que a Guayaquil y a su pueblo el parque Seminario ha venido prestando en sus 100 años de vida y nos quedaríamos cortos. Recuerdo haber leído de Manuel Gallegos Naranjo que en el parque se hacían los repartos de juguetes y caramelos que el comercio de la ciudad acostumbraba realizar cada 24 de diciembre en honor a la niñez desvalida del puerto. Oportunidad en que se instalaban puestos de comida y bebida para alegrar el paladar de los curiosos y entonces era de ver los ricos pasteles de chancho, que era el plato típico de esa festividad, por lo menos hasta bien entrado el presente siglo, que todo ha cambiado en nuestra urbe.

EL ESTILO DEL PARQUE
Hace muchos años Paulette Everard de Rendón, mujer culta, ilustrada y con alma de artista, me refería con mucha melancolía que cuando ella arribó a Guayaquil en 1936 con su marido Manuel Rendón Seminario, para acompañar a sus suegros que estaban viejos, solos y enfermos. Guayaquil era una ciudad muy hermosa, uniforme, con sus edificios de madera de uno y dos pisos, casi todos nuevos y en buen estado, con avenidas de árboles como la Olmedo y Rocafuerte, con un malecón agraciado y fresco igualmente arborizado, con parques decimonónicos como el Montalvo y el Seminario (en cuyo frente el Dr. Víctor Manuel Rendón Pérez y su esposa María Seminario Marticorena habían levantado un bellísimo edificio de estilo neoclásico que aún subsiste). Sin embargo Paulette anotaba en 1970 que ese Guayaquil había desaparecido por la vetustez de las casas de madera que se habían hecho insalubres e incómodas y feas en su aspecto exterior, así como por la amalgama informe de edificios de cemento armado y otros de construcción mixta que respondían a diferentes estilos arquitectónicos con alturas discímiles, colorines escandalosos y en fin, nos habíamos convertido en un mare magnum de cemento, donde se vive de prisa y mal.

Pocos eran los sitios que por entonces aún conservaban el sabor a lo antiguo y después han seguido disminuyendo. A la histórica Planchada que el Municipio de 1909 al conmemorarse el Centenario del grito del 10 de Agosto mandó a refaccionar, se le ha construido nuevas almenas y hubo Alcalde que le mandó a colocar unas piedras decorativas, laqueadas que brillaban chocantemente con la luz del sol. El parque Montalvo fue «remodelado» y perdió hasta su verja francesa, que era muy hermosa. ¿Adonde habrá ido a parar dicha verja? La base de la estatua de Bolívar y San Martín fue despojada de sus planchas de mármol blanco de Carrara y ahora presenta unos feísimos adoquines de marmolina amarilla, más propios para figurar en un cuarto de baño de algún nuevo rico que en tan histórico sitial. Lo mismo se hizo con las bases de los grupos escultóricos del parque del Centenario y así por el estilo. (1)

Nuestra Municipalidad no ha respetado la estética de Guayaquil ni ha considerado que la pátina se debe conservar porque representa el paso del tiempo, la tradición, la belleza del recuerdo, la remembranza de otras épocas y otros personajes. Y así por el estilo se permitió en 1970 que un audaz pintor quiteño nos metiera un monumento absurdo con fondos de montañas, para recordar la gesta «octubrina» en su primer sesquicentenario. Allí está ese mamarracho para afrenta de Guayaquil y de quienes no protestamos a tiempo contra esa «guayasaminada», una más de la larga lista de audaces logros conque dicho pintor nos ha perjudicado a los guayaquileños. Y si no mírese no más el «Paraninfo Universitario» que era un conjunto armonioso, decorado al gusto y estilo europeo que se ha dado en llamar «neoclásico» y que ahora ostenta un mural que choca y disuena, introducido a la fuerza a base de romper el conjunto, el todo. Excepto el Bolívar que está muy bien logrado, las demás figuras de los paneles valen muy poco.

(1) La administración del Ing. León Febres Cordero repuso el mármol blanco de Carrara.