TOMO III
 
 
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TOMO II
TOMO IV
     


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TEOCRACIA O DEMONOCRACIA
De todos los escritos de la época ninguno tan virulento como el titulado «Teocracia o Demonocracia» que hace circular desde Colombia el doctor Schumacher. En este opúsculo el prelado alemán indica que existen dos formas de gobierno antagónicas, la una viene de Dios y es la Teocracia, porque el Gobierno está dirigido por Obispos, sacerdotes y elemento católico y conservador, en cambio la otra es obra del demonio y se llama Demonocracia o Liberalismo.

No hay término medio, o Dios o el Diablo. «No se puede servir a dos señores» y en la «Sociedad Civil Cristiana» que Schumacher estableció en Mananbí desde 1884 hasta 1895 puso en práctica este axioma; la democracia liberal fue perseguida aún fuera de los límites provinciales, violándose hasta el secreto de confesión con tal que el gobierno teocrático permaneciera fuerte y activo. Por algo expresó el Presidente Plácido Caamaño lo siguiente: «En Manabí no necesito soldados porque tengo al Obispo», queriendo indicar que el doctor Schumacher, por su celo y diligencia para administrar y gobernar la Provincia, hacía valer su autoridad imponiendo orden por sobre los funcionarios públicos, tan exitosamente, que había acabado con toda oposición.

LA PASTORAL ACLARATORIA AVIVA LOS ANIMOS
El 19 de junio González Suárez, habiendo regresado de Quito, publicó una Pastoral dirigida a los fíeles de su Diócesis en la que defiende el derecho que tiene como Obispo a indicarles lo más conveniente. De esto se aprovecha el Obispo de Pasto, fray Ezequiel Moreno Arias, para comentar a su antojo las opiniones de nuestro compatriota y ridiculizarlo.

Tomemos al acaso el gracioso episodio de los santos capuchinos pintados al óleo en el convento que esta Congregación tiene en Pasto.

SAN LORENZO Y SAN FIDEL
Desde años atrás los capuchinos que regentaban el Colegio «Bolívar» de Tulcán abandonaron el territorio nacional con destino a Pasto llamados por Fray Ezequiel, que quiere mejorar la educación en su Diócesis. González Suárez lo sabe y arremete contra los capuchinos, acusándolos de políticos y revoltosos:

«Locura muy grande es echar mano de la espada para defender el Evangelio»...

Ilustra la frase con el recuento que los santos Capuchinos más queridos en la orden: San Lorenzo de Brindis y San Fidel de Sigmaringe, ambos militares en perenne lucha contra los infieles. En un óleo están pintados los ejércitos austríaco y turco en reñida lid y al medio San Lorenzo de Brindis, con hábito religioso y espada en mano, arrojando fuego por los ojos, ataca a los herejes y los destruye. En el otro aparece San Fidel de Sigmaringe en los cielos, igualmente disgustado, cae sobre los protestantes alemanes que meses antes le han quitado la vida y que ahora luchan contra las fuerzas del Archiduque de Austria en afán de extender la reforma a esas regiones europeas.

Pues bien, Fray Ezequiel se hace fuerte en ambos cuadros y da duro a González Suárez en otro opúsculo titulado: «Con Dios, por la religión y la Patria». El prelado de Ibarra contesta que junto a San Lorenzo y a San Fidel, pintarán en el futuro a los Obispos Doctores Moreno y Schumacher, pero no con espadas, sino con fusiles, porque los tiempos han cambiado.

Schumacher declara que será feliz si muere luchando por la religión; González Suárez contesta con una pregunta:

«¿Será mártir el que muere en guerra a todas luces injusta?»

Respondiéndose a continuación que «la ignorancia es el flagelo más fuerte de los fieles ecuatorianos ».

Por último unos anónimos sujetos imprimen una carta en la que lo acusan de amargado contra la religión, a pesar de ser Obispo, por cuanto desde joven siempre fue causa de escándalo, indicando que el primero ocurrió en 1875 en la Oración Fúnebre de Homenaje a García Moreno, que pronuncia en Cuenca por mandato del Obispo doctor Remigio Estevez de Toral.

NO FUI DE SU PARTIDO
Efectivamente, esa rara intervención pública de González Suárez ocurrió el 21 de Agosto de 1875 cuando toma la palabra y cuenta que: «Un día comparece delante de David un hombre amalecita de raza y le refiere haber dado muerte a Saúl. ¿Cómo, siendo extranjero, te has atrevido a matar al ungido del señor? Dícele el rey y ordena darle muerte ».

Luego prosigue indicando que «Un crimen, debe ser reprobado por todo hombre de conciencia recta. He aquí por qué la muerte sangrienta y atroz con que se ha sacrificado al ilustre presidente- se refiere a García Moreno- llena de horror a todos los ecuatorianos, tanto amigos como adversarios políticos del difunto y dando al olvido todo otro recuerdo, ha condenado la República a la execración, a los autores del crimen».

Aquí se nota una comparación entre el amalecita y Rayo, ambos extranjeros y una leve alabanza al tirano que podría ser tomada como reproche a su desaforada ambición presidencial. Hay dos frases muy significativas. 1) «adversarios políticos» (que los tenía muchos porque la mayoría nacional no pudo jamás disculparle la traición constitucionalista de García Moreno en 1869, cuando derrocó a Javier Espinosa sin motivo alguno), y 2) «Dando al olvido todo otro recuerdo» (clara mención de los malos pasos del sangriento dictador contra sus víctimas: Borja, Maldonado, Viola, los 29 de Jambelí, Ayarza, Ycaza y Wright no han sido olvidados y siguen en la conciencia de un ecuatoriano de la talla intelectual de González Suárez).

El resto de la Oración Fúnebre también es importante y revela la sana crítica del historiador. Dice ... «tuvo defectos notables... no fui de su partido, como es notorio ... cometió faltas políticas pero estamos muy cerca de él para juzgarlo»...

ALGUNAS ANECDOTAS AL RESPECTO
Cuentan que en una ocasión que González Suárez intervino en un certamen filosófico, por ciertos conceptos un poco duro para España, que lanzó despreocupadamente, es reprendido por el superior de la Comunidad de los Jesuitas, que lo hace a instancias de García Moreno, como fiel ejecutor de todos sus gustos. De allí el distanciamiento entre ambos personajes. Poco después González Suárez salió de la orden y solicitó a los Obispos de Ibarra y Quito que lo admitieran en sus Diócesis, sin conseguirlo; pues nada se movía contra la voluntad del presidente.

Solo el doctor Estévez de Toral, en Cuenca, le tendió las manos y lo llamó, salvando la carrera eclesiástica del joven seminarista.

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