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PRIMERAS
LETRAS Y ESTUDIOS
En Guayaquil estudió Rendón
con su tía la ilustrada literata y poetisa
Carmen Pérez Antepara, esposa de Manuel Rodríguez
- Coello y Jiménez. En una foto que aun se
conserva consta la siguiente dedicatoria en verso:
A mi hijito Víctor Manuel
en prueba del mucho afecto
que le profesa su «tita ».
Tal cual me encuentras aquí
grabada en este cartón,
te tengo grabado así
hijito de mi corazón.
De esta tía querendona conservará Rendón
un gran aprecio toda su vida y en la obra «Honrando
a quienes me honraron» dice: Tenía nariz
borbónica, era grata a la vista, bajita y casi
regordeta pero muy simpática. Sabía
ganarse la confianza de todos con numerosos chistes
y anécdotas graciosas que contaba a las mil
maravillas. Como mujer fue inmejorable y siempre suspiraba
al recordar la memoria de su amante esposo, muerto
joven. Mi tía Carmen era popular entre sus
muchas amigas, fue maestra de Rita Lecumberri, Angela
Carbo de Maldonado y Mercedes González de Moscoso
y amiga de Dolores Veintimilla de Galindo quien le
dedicó aquel famoso poema que dice así:
... Menos bella que tú Carmela mía ...
También son profesores de Rendón el
doctor Francisco Campos; su tío Fausto E. Rendón,
que ha estudiado odontología en París;
Luciano Jaramillo y monsieur Stanislas Levoyer, que
le enseñó el idioma de Moliere, casi
a la perfección.
En París siguió el bachillerato en el
gran colegio Stanislas de la nobleza de Francia, donde
obtiene diploma en Letras y Ciencias. En 1880 ingresó
a La Sorbona y 9 años después sustentó
su tesis premiada «FIEBRES DE SURMENAGE»
(fiebres por cansancio) aplaudida con sobresaliente
(tres satisfait) y publicada en París.
EL AMOR TOCA A SUS
PUERTAS
En 1889 vino a Guayaquil dando su
palabra de matrimonio a María Seminario Marticorena,
pero aquí se enamoró de María
Morla Parducci y tras un período de indecisión,
regresó a Francia, a cumplir como caballero.
Finalmente en 1891 contrajo matrimonio con María
Seminario Marticorena, de quien nacen Manuel, pintor
de renombre universal, casado con Paulette Everard
Kieffer, autora de «Galápagos, las últimas
islas encantadas», Miguel, hombre de letras
y escritor en París, Teresa, esposa de su primo
hermano José Miguel Seminario de la Cerda,
con dos hijos: Fernando y Mercedes Seminario Rendón
e Isabel y Margarita, monjas católicas.
Doña María fue una esposa singular y
mujer de mucho temple. El 15 de Noviembre de 1922
en Guayaquil y durante los tumultos tomó un
revólver y se disponía a matar a sus
hijas antes de permitir que el populacho dedicado
al saqueo de la ciudad pueda deshonrarlas.
En sus últimos días vivía en
el pensionado del hospital General y dedicó
los dolores, por tener un cáncer avanzado a
los senos, como sacrificio de amor a Dios y mantuvo
en secreto su enfermedad por muchos meses, hasta que
se enteró el personal de enfermeras y la familia
por la fetidez que despedía él tumor.
RENDON CONSUL PRIMERO
Y DESPUES PLENIPOTENCIARIO
La revolución liberal de 1895
le elevó al Consulado General de Ecuador en
París hasta 1901. En 1900 actuó de Comisario
de la Exposición Internacional y Miembro del
Jurado. En 1901 la Asamblea de Notables de Quito le
designó en primer lugar en la terna que elaboraron
para la Presidencia de la República con Leonidas
Plaza y Abelardo Moncayo. Alfaro escogió a
Plaza y se arrepiente después, otra habría
sido nuestra vida republicana si Rendón hubiera
sido elegido.
En 1903 viajó a Madrid como enviado Extraordinario
a la jura de Alfonso XIII y meses después a
sus bodas con Victoria Eugenia de Battemberg. Desde
ese año y hasta 1914 fue Ministro Plenipotenciario
en Misión especial ante el Rey de España,
defendiendo con dinero y persona los derechos nacionales
en el Laudo Arbitral con el Perú, conjuntamente
con Honorato Vásquez.
Francia le nombró Caballero de la Legión
de Honor y España le otorgó el Gran
Cordón de la Orden de Isabel La Católica.
Por esos días publicó «Cuentos
del Delfín de las Peñas», obra
llena de sabor y colorido, y «Lorenzo Cilda»,
novela traducida a 15 idiomas.
En 1920 fue llamado por el Presidente ecuatoriano
Doctor José Luis Tamayo para ocupar la cartera
de Relaciones Exteriores, que no aceptó por
enfermedad. Su arribo a Guayaquil fue grandioso; una
comisión compuesta por literatos y lo más
representativo del puerto le dio la bienvenida en
el barco que le trajo después de 29 años
de ausencia. En tal oportunidad se cruzaron conceptuosas
frases y Rendón popularizó su vena costumbrista
al terminar diciendo:
«He venido a Guayaquil, a comer perejil y a
vestirme de dril».
Que muchos criticaron por ignorancia, sacando sus
enemigos políticos otra frase, alusiva a su
persona, que dice:
De Daule los mangos,
de Samborondón los aguacates
y de Víctor Manuel Rendón
los disparates...
GRAN SEÑOR DE
NUESTRA SOCIEDAD
En 1925 regresó a Europa y
radicó en Niza hasta 1932 en que volvió
definitivamente, tomando una suite del entonces primer
lugar guayaquileño. «El Gran Hotel»,
sitio de las más aristocráticas reuniones
de sociedad pues diariamente se tomaba el té
a las cinco, donde sólo se hablaba en francés
y se reunían los millonarios que allí
habitaban: Clemente Manzano Torres, las Stagg, las
Rodríguez de Rivas, las Acevedo, las Torres
- Caycedo, los Marcos, la baronesa Duroy de Bruignacq,
Rosita de Ycaza Venegas, María Valdés
de Dillón y muchos más en el Hotel donde
se habla bajito por educación europea.
El Rey de España le envió un telegrama
de agradecimiento por la defensa que Rendón
realizó ante el Congreso Nacional, cuando consiguió
que no se cantara en el Himno una estrofa hiriente
a España.
ANTE TODO: UN HOMBRE
BONDADOSO
La más importante faceta de
la vida de este hombre es su versatilidad y dominio
de las ciencias y las artes y su gran corazón.
Es dramaturgo, poeta, médico, novelista y músico,
así como brillante diplomático y conocido
políglota. Conversar con él era una
dicha por sus conocimientos y atenciones que prodiga,
sus grandes ojos azules y pelo blanco, su figura de
patriarca le distinguían entre todos. Siempre
de pantalones blancos con levita de casimir azul a
la moda de Eduardo VII y era sencillo con el pueblo
que lo adoraba.
Cuéntase que en 1925 y estando muy enfermo,
al embarcarse a Niza hizo entrar el automóvil
al portal porque no podía caminar a consecuencia
de un derrame sufrido y un pordiosero que estaba sentado,
se incomodó porque el vehículo subiera
a la vereda; Rendón asoma por la puerta y le
dice: Amigo, disculpe usted, pero es que estoy muy
enfermo ... Recibiendo por respuesta esta significativa
frase:
« Para usted doctor, todo honor ...»
En otra ocasión un sorprendido vecino que lo
visitaba tuvo que ponerse de pie cuando la radio tocó
el himno nacional después de un programa y
corno cierre de la estación, porque el antiguo
diplomático se lo ordenó con suaves
frases y así estuvieron Rendón y el
visitante, varios minutos, en silencio y respetuosos,
oyendo la canción de la Patria.
Las damas y niños que concurrían a su
casa de la calle Clemente Bailen, que aún existe,
eran objeto de sus mejores atenciones. Helados para
el niñito ... Permítame que le ayude
al niñito ... Así era él: Muy
generoso y cortesano. Y pensar que sacrificó
más de un millón de pesetas, de su peculio,
defendiendo nuestra integridad territorial de la voracidad
peruana. ¡Hombre completo, sabía portarse
con el chico y el grande!
OTRAS ANECDOTAS
Siempre recordaba que una noche en
Madrid, supo por sus pesquisas que el primer ministro
español había terminado el borrador
del fallo del laudo arbitral y que favorecía
al Perú; presto se levantó de la cama
y corrió a Palacio donde pidió Audiencia
a la Reina Madre, Doña María Cristina,
que lo recibió a las pocas horas; «Majestad,
mi pueblo no puede ser perjudicado por España»,
dícele, «intervenga con su augusto hijo
y consiga que se haga justicia». Así
se hará, le contestó la anciana reina
y efectivamente el Rey no falló, inhibiéndose
de hacerlo.
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