TOMO III
 
 
 TOMO I
TOMO II
TOMO IV
     


..............................................................................................................................................................................................................

BALADA DEL CURUCHUPA
Dicen que el liberalismo triunfó en el Ecuador en 1896 pero no es verdad. Los cuencanos, dale que dale y necios como los que más, siguieron conservadores a pesar de la revolución del 5 de junio.

Prueba de ello es la Balada del Curuchupa, canción que empezó a entonarse después de las dos derrotas que sufrieron en Cuenca, cuando los sobrevivientes de la lucha tuvieron que emprender el duro camino del ostracismo para escapar de la sanción ejemplarizadora que merecían por querer alzarse con el santo y la limosna, desconociendo el gobierno liberal de Alfaro que ya imperaba en la República. Fruto de esta epopeya es la Balada del Curuchupa, que al decir del doctor Wilfrido Loor costó a algunos la pena de 500 palos, porque el General Manuel Antonio Franco, que a la sazón mandaba en la ciudad con el Batallón «Hijos de la Muerte», consideraba que el cantar la balada era un atentado contra el gobierno.

«De Cuenca lejos y en cruda guerra,
héroes sin nombre vieron su fin;
ya los cobija la virgen tierra,
bajo los bosques de ese confín ...(1)

¡Vaya! AI fin ha producido algo bonito el numen cuencano, dizque dijo cierto liberal de capa y espada cuando oyó por primera vez la Balada. ¿Te parece?, preguntó Don Eloy, que estaba cerca.

- Pues claro, mi General. ¿Qué? Acaso no le ha gustado el versito del curuchupa ese (refiriéndose a uno de loe prisioneros conservadores capturados luego de la toma de Cuenca).

(1) Esta composición musical de tipo histórico es un YARAVI compuesto por la Srta. Dalia de la Calle Crespo, pianista, compositora y cantante riobambeña.

- Pudo haber sido mejor pero me parece que así está a punto respondió Alfaro y dirigiéndose al preso que le había espetado la primera estrofa de la Balada, para sacar de las casillas al jefe liberal, le dijo medio socarrón, como siempre hablaba: Óyeme, tú. ¡SÍ! a tí te digo; a ver si cantas el resto, que me ha gustado la estrofita.

¡Ay! que los muertos en lidia santa
tienen sus tumbas sin inscripción...
Nadie a ellos lleva la esquiva planta
ni los visita la religión.

Sobre esas tumbas que nadie ha visto,
tiende el olvido negro capuz,
Y aunque murieron por Patria y Cristo,
Ellos no tienen lisa ni cruz.

¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! Rió de buena gana el Viejo Luchador. Bien vale haber venido a Cuenca sólo por escuchar esto. Sigue cantando hijo del Señor y que la Divina Providencia guíe tus pasos en el futuro, para que no tengan que cantarte las estrofitas últimas. Y acto seguido dirigiéndose al General Plaza, que estaba a pocos metros, le dijo: - Leonidas, mira que aflojen a este curuchupa, para que se vaya con la Balada y todo a cantar sus cuitas a otra parte. Cancioncitas como éstas necesita el Partido Liberal para evitar que haya ilusos que se alcen contra la revolución con el griterío de que somos enemigos de Nuestro Señor.

Todo había comenzado en Cuenca de la siguiente manera ...

LA GUERRA SANTA
En Enero de 1896 había renunciado la Gobernación de Cuenca el doctor Benigno Malo y fue reemplazado por Leonidas Plaza recién llegado de Centroamérica, donde servía a las órdenes del gobierno de Nicaragua; Plaza entró en Cuenca con el prestigio de su lejano tío el santo Obispo de las misiones orientales Manuel Plaza de la Tejera; de la rama familiar de los Rodríguez-Plaza de Guayaquil , a la que también pertenecía el General, puesto que ambos descendían de José Antonio Rodríguez Plaza del Castillo, vecino de Riobamba, con extensas propiedades en Guamote, donde consta la copia de la Probanza de méritos y Servicios de sus antepasados.

En la familia del General existían otros dos sacerdotes: su tío bisabuelo el doctor Mariano Plaza de la Tejera, Canónigo en Cuenca y luego Cura en propiedad de varios pueblos de Manabí y su tío el Vicario Bernardo Plaza Centeno, muerto en 1896, residiendo en Paute. Con esta genealogía el joven liberal entró «suavecito» en la Atenas del Ecuador y hasta fue aclamado por algunos que creyeron ver en él al líder que necesitaban para levantarse contra Alfaro.

-¡Que viva el hijo del Obispo Plaza! ¡Que viva!

A poco , el 15 de Mayo, Plaza renunció la gobernación; era hueso muy duro de roer y no quería malgastar su popularidad aplicando la ley como era necesario. El 23 salió de Cuenca con destino a Guayaquil y ese día Alberto Muñoz Vemaza desde el periódico «El Diablo» de su propiedad, incitó al pueblo a levantarse en armas. Uno de los revoltosos fue el doctor Vicente Alvarado, Cura de la Parroquia de San Blas, que tocó a rebato las campanas de la iglesia, en flagrante violación de su alta misión espiritual. La Ciudad despertó con los numerosos disparos que se escuchaban por doquier. La policía se batió con los revolucionarios conservadores y luego de dura brega el Coronel Gabriel Ullauri sofocó el motín llevándose algunos presos al cuartel; pero la consigna estaba dada y en Gualaceo se formaron varias «columnas» al mando del Coronel Antonio Vega Muñoz, que al grito de «Dios no muere» entraron victoriosos en Azogues, desconociendo el gobierno de Altero y proclamando la dictadura de Vega, a quien confirieron facultades omnímoda.

En el Chimborazo se levantaron en armas Melchor Costales, Pacífico Chiriboga y luego Pedro Lizarzaburu. Alfaro envió algunos soldados de línea al mando del Coronel Moscoso, pero no pudieron llegar a enfrentarse con los coaligados del Azuay y Chimborazo porque en Pangor los detuvo el Coronel Manuel Folleco, conservador recalcitrante v los batió en retirada. Gabriel Ullauri, en Guano, viendo el peligro que para el régimen liberal significaba el dominio conservador de tas provincias centrales, subió hacia Cicalpa a hacerles frente y en Tanquis se encontraron ambos ejércitos, derrotando los azules a los rojos, no sin sufrir pérdidas y tras muchas horas de recio combate, luego de lo cual avanzaron a Riobamba y pidieron la rendición de esa plaza.

De haber tomado a Riobamba era seguro que caía Quito y se habría terminado el dominio liberal; pero la falta de inteligencia de los jefes azuayos hizo que regresaran al sur a asaltar Cuenca, dejando a los riobambeños a medias y a los jefes liberales asombrado de tal error. Entablado el combate en el Azuay entre liberales y guerrilleros: ganaron loe conservadores con graves bajas y entraron en Cuenca. Por el lado liberal se lamentó la pérdida del doctor Luis Malo y cayeron prisioneros los Coroneles José Félix Valdivieso, José Peralta, Belisario Torres y León Valles. El reloj del tiempo marcaba el 5 de Julio de 1896 y Eloy Alfaro tomó el camino de Riobamba, a donde llegó escoltado por Rafael Arellano, Emilio María Terán, Leonidas; Plaza y Julio Andrade. De Guayaquil le mandaron refuerzos a las órdenes del General Francisco Morales. En Boliche encontraron a los enemigos y triunfaron los liberales. Alfaro podía decir que dominaba en la Provincia del Chimborazo; pero no por ello las guerrillas conservadoras dirigidas por Folleco, Donoso y otros, entre los que se contaba el joven Gabriel García del Alcázar, hijo de García Moreno, dejaron de hostilizarlo.

El 11 de Agosto los azules atacaron Pillaro, igual cosa sucedió el mismo día, en Latacunga donde Melchor Costales triunfó en dura lid. Leonidas Plaza contratacó el 15 y ocupó Píllaro que había sido evacuada por Folleco. Pedro Concha Torres le secundó y en brillante acción de armas derrotó a los conservadores en Daldal y completó la labor de Plaza terminando las guerrillas en el centro de la República. Los cabecillas fueron a guardar prisión en el Panóptico de Quito, construido por orden de García Moreno para «todo malandrín que agite la República con asonadas y escandalos».

La toma de Cuenca, último reducto conservador que aun se mantenía, se realizó días después, el 23 de Agosto de 1896, no sin luchar a sangre y fuego porque se combatió con denuedo y tesón en ambos bandos, realizandose proezas de heroísmo al grito de «¡\/iva la Patria!» «¡Viva Dios!» «¡Viva Alfaro!» y «¡Viva Vega¡».

Sobre esas tumbas que nadie ha visto
tiende el olvido negro capuz
Y aunque murieron por Patria y Cristo,
Ellos no tienen losa ni cruz. (2)

Al mismo tenor de la Balada del Curuchupa existen otras composiciones poéticas y musicales de origen nacional como la llamada «Diecinueve de Enero» que llora la prisión y muerte de Alfaro y sus tenientes y los «Lamentos del Guayabo» en donde se enaltece la bravura del Coronel Carlos Concha y sus revolucionarlos esmeraldeños de 1.913.

(2) El original esta en poder del autor Dr. Emiliano Granizo Valencia, músico y poeta riobambeño. Del original hizo una variación el Dr. Daniel León Nájera. En la obra «Morlaquías» del autor cuencano Sr. Astudillo se insinúa que La Balada del Curuchupa fue riobambefía y no cuencana pues la letra escrita por el Dr. Granizo Valencia comienza así: «En Chambo y Quimiag y en dura guerra ...» La partitura para piano se encuentra en Riobamba, es una melodía triste, de poco valor musical y fue compuesta por su autora la señorita de la Calle Crespo, el mismo día en que ocurrieron ambos combates, funestos para las guerrillas conservadoras capitaneadas por el General Pedro Ignacio Lizarzaburu, que perdieron frente a las tropas liberales y gobiernistas de Leonidas Plaza Gutiérrez y Pedro Concha Torres.