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BALADA
DEL CURUCHUPA
Dicen que el liberalismo triunfó
en el Ecuador en 1896 pero no es verdad. Los cuencanos,
dale que dale y necios como los que más, siguieron
conservadores a pesar de la revolución del
5 de junio.
Prueba de ello es la Balada del Curuchupa, canción
que empezó a entonarse después de las
dos derrotas que sufrieron en Cuenca, cuando los sobrevivientes
de la lucha tuvieron que emprender el duro camino
del ostracismo para escapar de la sanción ejemplarizadora
que merecían por querer alzarse con el santo
y la limosna, desconociendo el gobierno liberal de
Alfaro que ya imperaba en la República. Fruto
de esta epopeya es la Balada del Curuchupa, que al
decir del doctor Wilfrido Loor costó a algunos
la pena de 500 palos, porque el General Manuel Antonio
Franco, que a la sazón mandaba en la ciudad
con el Batallón «Hijos de la Muerte»,
consideraba que el cantar la balada era un atentado
contra el gobierno.
«De Cuenca lejos y en cruda guerra,
héroes sin nombre vieron su fin;
ya los cobija la virgen tierra,
bajo los bosques de ese confín ...(1)
¡Vaya! AI fin ha producido algo bonito el numen
cuencano, dizque dijo cierto liberal de capa y espada
cuando oyó por primera vez la Balada. ¿Te
parece?, preguntó Don Eloy, que estaba cerca.
- Pues claro, mi General. ¿Qué? Acaso
no le ha gustado el versito del curuchupa ese (refiriéndose
a uno de loe prisioneros conservadores capturados
luego de la toma de Cuenca).
(1) Esta composición musical de tipo histórico
es un YARAVI compuesto por la Srta. Dalia de la Calle
Crespo, pianista, compositora y cantante riobambeña.
- Pudo haber sido mejor pero me parece que así
está a punto respondió Alfaro y dirigiéndose
al preso que le había espetado la primera estrofa
de la Balada, para sacar de las casillas al jefe liberal,
le dijo medio socarrón, como siempre hablaba:
Óyeme, tú. ¡SÍ! a tí
te digo; a ver si cantas el resto, que me ha gustado
la estrofita.
¡Ay! que los muertos en lidia santa
tienen sus tumbas sin inscripción...
Nadie a ellos lleva la esquiva planta
ni los visita la religión.
Sobre esas tumbas que nadie ha visto,
tiende el olvido negro capuz,
Y aunque murieron por Patria y Cristo,
Ellos no tienen lisa ni cruz.
¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! Rió de buena
gana el Viejo Luchador. Bien vale haber venido a Cuenca
sólo por escuchar esto. Sigue cantando hijo
del Señor y que la Divina Providencia guíe
tus pasos en el futuro, para que no tengan que cantarte
las estrofitas últimas. Y acto seguido dirigiéndose
al General Plaza, que estaba a pocos metros, le dijo:
- Leonidas, mira que aflojen a este curuchupa, para
que se vaya con la Balada y todo a cantar sus cuitas
a otra parte. Cancioncitas como éstas necesita
el Partido Liberal para evitar que haya ilusos que
se alcen contra la revolución con el griterío
de que somos enemigos de Nuestro Señor.
Todo había comenzado en Cuenca de la siguiente
manera ...
LA GUERRA SANTA
En Enero de 1896 había renunciado
la Gobernación de Cuenca el doctor Benigno
Malo y fue reemplazado por Leonidas Plaza recién
llegado de Centroamérica, donde servía
a las órdenes del gobierno de Nicaragua; Plaza
entró en Cuenca con el prestigio de su lejano
tío el santo Obispo de las misiones orientales
Manuel Plaza de la Tejera; de la rama familiar de
los Rodríguez-Plaza de Guayaquil , a la que
también pertenecía el General, puesto
que ambos descendían de José Antonio
Rodríguez Plaza del Castillo, vecino de Riobamba,
con extensas propiedades en Guamote, donde consta
la copia de la Probanza de méritos y Servicios
de sus antepasados.
En la familia del General existían otros dos
sacerdotes: su tío bisabuelo el doctor Mariano
Plaza de la Tejera, Canónigo en Cuenca y luego
Cura en propiedad de varios pueblos de Manabí
y su tío el Vicario Bernardo Plaza Centeno,
muerto en 1896, residiendo en Paute. Con esta genealogía
el joven liberal entró «suavecito»
en la Atenas del Ecuador y hasta fue aclamado por
algunos que creyeron ver en él al líder
que necesitaban para levantarse contra Alfaro.
-¡Que viva el hijo del Obispo Plaza! ¡Que
viva!
A poco , el 15 de Mayo, Plaza renunció la gobernación;
era hueso muy duro de roer y no quería malgastar
su popularidad aplicando la ley como era necesario.
El 23 salió de Cuenca con destino a Guayaquil
y ese día Alberto Muñoz Vemaza desde
el periódico «El Diablo» de su
propiedad, incitó al pueblo a levantarse en
armas. Uno de los revoltosos fue el doctor Vicente
Alvarado, Cura de la Parroquia de San Blas, que tocó
a rebato las campanas de la iglesia, en flagrante
violación de su alta misión espiritual.
La Ciudad despertó con los numerosos disparos
que se escuchaban por doquier. La policía se
batió con los revolucionarios conservadores
y luego de dura brega el Coronel Gabriel Ullauri sofocó
el motín llevándose algunos presos al
cuartel; pero la consigna estaba dada y en Gualaceo
se formaron varias «columnas» al mando
del Coronel Antonio Vega Muñoz, que al grito
de «Dios no muere» entraron victoriosos
en Azogues, desconociendo el gobierno de Altero y
proclamando la dictadura de Vega, a quien confirieron
facultades omnímoda.
En el Chimborazo se levantaron en armas Melchor Costales,
Pacífico Chiriboga y luego Pedro Lizarzaburu.
Alfaro envió algunos soldados de línea
al mando del Coronel Moscoso, pero no pudieron llegar
a enfrentarse con los coaligados del Azuay y Chimborazo
porque en Pangor los detuvo el Coronel Manuel Folleco,
conservador recalcitrante v los batió en retirada.
Gabriel Ullauri, en Guano, viendo el peligro que para
el régimen liberal significaba el dominio conservador
de tas provincias centrales, subió hacia Cicalpa
a hacerles frente y en Tanquis se encontraron ambos
ejércitos, derrotando los azules a los rojos,
no sin sufrir pérdidas y tras muchas horas
de recio combate, luego de lo cual avanzaron a Riobamba
y pidieron la rendición de esa plaza.
De haber tomado a Riobamba era seguro que caía
Quito y se habría terminado el dominio liberal;
pero la falta de inteligencia de los jefes azuayos
hizo que regresaran al sur a asaltar Cuenca, dejando
a los riobambeños a medias y a los jefes liberales
asombrado de tal error. Entablado el combate en el
Azuay entre liberales y guerrilleros: ganaron loe
conservadores con graves bajas y entraron en Cuenca.
Por el lado liberal se lamentó la pérdida
del doctor Luis Malo y cayeron prisioneros los Coroneles
José Félix Valdivieso, José Peralta,
Belisario Torres y León Valles. El reloj del
tiempo marcaba el 5 de Julio de 1896 y Eloy Alfaro
tomó el camino de Riobamba, a donde llegó
escoltado por Rafael Arellano, Emilio María
Terán, Leonidas; Plaza y Julio Andrade. De
Guayaquil le mandaron refuerzos a las órdenes
del General Francisco Morales. En Boliche encontraron
a los enemigos y triunfaron los liberales. Alfaro
podía decir que dominaba en la Provincia del
Chimborazo; pero no por ello las guerrillas conservadoras
dirigidas por Folleco, Donoso y otros, entre los que
se contaba el joven Gabriel García del Alcázar,
hijo de García Moreno, dejaron de hostilizarlo.
El 11 de Agosto los azules atacaron Pillaro, igual
cosa sucedió el mismo día, en Latacunga
donde Melchor Costales triunfó en dura lid.
Leonidas Plaza contratacó el 15 y ocupó
Píllaro que había sido evacuada por
Folleco. Pedro Concha Torres le secundó y en
brillante acción de armas derrotó a
los conservadores en Daldal y completó la labor
de Plaza terminando las guerrillas en el centro de
la República. Los cabecillas fueron a guardar
prisión en el Panóptico de Quito, construido
por orden de García Moreno para «todo
malandrín que agite la República con
asonadas y escandalos».
La toma de Cuenca, último reducto conservador
que aun se mantenía, se realizó días
después, el 23 de Agosto de 1896, no sin luchar
a sangre y fuego porque se combatió con denuedo
y tesón en ambos bandos, realizandose proezas
de heroísmo al grito de «¡\/iva
la Patria!» «¡Viva Dios!»
«¡Viva Alfaro!» y «¡Viva
Vega¡».
Sobre esas tumbas que nadie ha visto
tiende el olvido negro capuz
Y aunque murieron por Patria y Cristo,
Ellos no tienen losa ni cruz. (2)
Al mismo tenor de la Balada del Curuchupa existen
otras composiciones poéticas y musicales de
origen nacional como la llamada «Diecinueve
de Enero» que llora la prisión y muerte
de Alfaro y sus tenientes y los «Lamentos del
Guayabo» en donde se enaltece la bravura del
Coronel Carlos Concha y sus revolucionarlos esmeraldeños
de 1.913.
(2) El original esta en poder del autor Dr. Emiliano
Granizo Valencia, músico y poeta riobambeño.
Del original hizo una variación el Dr. Daniel
León Nájera. En la obra «Morlaquías»
del autor cuencano Sr. Astudillo se insinúa
que La Balada del Curuchupa fue riobambefía
y no cuencana pues la letra escrita por el Dr. Granizo
Valencia comienza así: «En Chambo y Quimiag
y en dura guerra ...» La partitura para piano
se encuentra en Riobamba, es una melodía triste,
de poco valor musical y fue compuesta por su autora
la señorita de la Calle Crespo, el mismo día
en que ocurrieron ambos combates, funestos para las
guerrillas conservadoras capitaneadas por el General
Pedro Ignacio Lizarzaburu, que perdieron frente a
las tropas liberales y gobiernistas de Leonidas Plaza
Gutiérrez y Pedro Concha Torres.
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