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LA
POLEMICA RELIGIOSA
Estas y otras razones esgrimió
González Suárez en defensa de Mora terminando
la pastoral con la siguiente frase, que causó
sensación:
«Es admirable que en los tiempos que alcanzarnos
haya espíritus circundados de tan densas tinieblas,
que ven fantasmas de impiedad donde sólo hay
luz de ciencia pura y tranquila ...»
Pero el Obispo Moreno no se quedó mudo y contestó
con una filípica tremenda, que en la parte
medular dice:
«La defensa de la fe no es causa de escándalo
sino de mérito. Seguiré intransigente
en ella, como muchos otros lo han hecho en el pasado
y por ello han muerto coronados con la gloria del
martirio ...»
Sus diocesanos lo apoyaron y en un comunicado llegaron
a afirmar que:
«Es cierto que Fray Ezequiel Moreno Díaz
no ha escrito historias más o menos verosímiles
que escandalizan a sus piadosos lectores; pero, es
un Obispo sabio y virtuoso que sí entiende
cómo se rige una diócesis ...»
En clara referencia al tomo IV de la Historia General
del Ecuador que González Suárez publicó
en 1894, causando la crítica de algunos porque
contiene capítulos escabrosos de la vida conventual
quiteña de los siglos XVII y XVIII
INTERVIENEN MUCHOS
MAS
Algunos diarios guayaquileños
hicieron causa común con el prelado de Ibarra
y le enviaban invitaciones para visitar el puerto.
«Queremos que usted sea nuestro Obispo, Doctor,
véngase a Guayaquil, que nosotros lo conseguiremos
de Roma.»
Estas y otras frases más indicaban el aprecio
que nuestros mayores tenían en esos momentos
para el doctor González Suárez, quien
no se movió de Ibarra porque otros ecuatorianos
lo atacaban indicando que la Biblia, a pesar de contener
la narración de hechos escandalosos o escabrosos,
los presenta con afán moralista, para que nos
volvamos buenos; lo que no ocurre en la Historia General
del Ecuador, donde los escándalos conventuales
se suceden sólo para conseguir lo contrario;
es decir, que los buenos se tornen malos.
LAS COSAS PASAN A MAYORES
El Encargado de Negocios de la Santa
Sede en Bogotá, señor Sibilla, tomó
parte en la polémica a favor del Obispo Moreno
Díaz, avivando el asunto. González Suárez
elevó una petición a la Sagrada Congregación
de Ritos solicitando que se absolviera en consulta.
La respuesta le llegó favorable; el Tribunal
con fecha 27 de Abril de 1896 resolvió liberar
a los padres de familia del Colegio Bolívar
de Tulcán de todo castigo religioso, ordenando
la reapertura del Colegio y revocó la excomunión
mayor.
Los liberales vivaron al Papa y a Roma por primera
vez desde 1895 y Fray Ezequiel tuvo que viajar a Europa,
en visita «ad limina apostolorum», arribando
al Vaticano el 29 de Agosto. León XIII lo recibió
muy afectuoso en audiencia privada y como el que tiene
padrinos se bautiza y el que no se queda moro, el
Obispo de Pasto lo convenció y obtuvo de él
una «aclaración» , revocando la
absolución de consulta dictada por la Sagrada
Congregación de Ritos.
Vueltas las cosas a su punto inicial el doctor Mora
nuevamente fue condenado a ser removido de su cargo,
a dar publicas satisfacciones al Obispo Caicedo, que
hacía muchos años que había fallecido,
en la persona de su sucesor en la diócesis
Fray Ezequiel Moreno Díaz.
EPILOGO INTERNACIONAL
Los Obispos Schumacher y Massiá,
autodesterrados del Ecuador desde el triunfo del liberalismo,
batieron palmas desde Samaniego y Lima respectivamente,
declarando que «ha vuelto a triunfar la religión».
Alfaro, en Quito gritó contra los fanáticos
y anunció que no volverían a reanudarse
las conversaciones diplomáticas con el Vaticano
hasta tanto no se compusiera este entuerto y el Colegio
Bolívar permanecería cerrado por falta
de alumnos; en cambio, como un acto de desagravio
a Mora, lo nombró ayudante del Observatorio
Astronómico capitalino con mejor sueldo. Poco
después, el 30 de Diciembre de 1901, moría
en Quito tan discutido pedagogo, reconciliado con
la Iglesia, confesado y comulgado.
El doctor Manuel María Pólit, en el
Tomo I de las Obras Pastorales de González
Suárez, que recopiló y publicó
en Quito en 1920, indica que Mora quiso firmar en
trance de muerte una retractación publica de
sus errores; pero no hubo papel ni tinta a mano, por
lo que un clérigo corrió a comprarlos
y cuando regresó ya Mora había volteado
la esquina de la vida.
Así terminó este lío que tanta
polvareda levantara sin vencedores ni vencidos y ahora
veamos un capítulo muy curioso, la enemistad
mortal que hubo entre los Obispos González
Suárez y Schumacher.
LOS SECRETOS DE UN
CURA CONVERSON
Monseñor Pedro Schumacher es
un hombre dinámico y terrible, que gobernó
la Diócesis de Portoviejo con criterio de conquistador
europeo.
En nombre de la religión atropellaba las libertades
individuales de sus diocesanos interviniendo en asuntos
tan nimios como las conversaciones, los chismes y
los corrillos de Portoviejo en el siglo pasado. Ni
la correspondencia se le escapaba porque tenía
montada una maquinaria de espionaje que todo lo investigaba.
González Suárez, siendo simplemente
Canónigo, en 1888 visitó Portoviejo
para estudiar los archivos históricos de la
provincia y colectar datos para la Historia General
que está escribiendo. Se hospedó en
casa del doctor Juan Abad Serrano, sacerdote probo
y honesto, muy culto y de ideas modernas para la época,
que acababa de caer en desgracia ante Schumacher por
esas razones. El Vicario doctor Vicente Loor, que
le tenía inquina a Abad, lo había denunciado
ante el Obispo acusándole de tener tertulias
caseras liberales y secretas, donde se conversaba
«de todo» con algunos sospechosos de la
comisión del delito de «libre pensamiento».
Esto indignó al diocesano que tomó medidas
y ordenó a González Suárez que
se trasladara al Seminario; luego cambió de
opinión y le mandó a decir que fuera
a la casa del doctor Loor, donde no sólo que
no se conversaba en secreto como donde Abad; ni en
público como en el Seminario, sino que además,
no se conversaba nunca y el ambiente era tenso y pesado,
colonial.
Entonces González Suárez sólo
se quedó nueve días más, los
suficientes para visitar el «Cementerio de Hojas»
y sin siquiera decir una misa sencilla ni despedirse
de Schumacher, abandonó Portoviejo cansado
de la insípida charla del hostigoso doctor
Loor, viejo achacoso al que no había forma
de sacarlo del Rosario, porque nada más conocía
en su monótono vivir de aldeano de provincia.
Schumacher no olvidó a González Suárez
ni le perdonó el haber abandonado la ciudad
sin siquiera despedirse y cuando este publicó
en 1894 la Historia General del Ecuador, escribió
para que se formara una comisión de teólogos
y estudiara el libro, a ver si examinándolo
bien descubrían las herejías contra
la doctrina y el dogma.
Muy lamentable todo eso, porque no competía
a teólogos, juzgar sobre la veracidad de un
libro de historia. Mejor hubiera sido que Schumacher
hubiera pedido una reunión de historiadores.
¿No les parece?.
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